La ciudadanía debe estar altamente participativa y comprometida con el proceso constituyente.

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¿Un buen fin de semana?

Las megaelecciones del reciente fin de semana serán comentadas durante mucho tiempo. Como sucede con frecuencia casi todos los sectores se atribuirán la victoria y serán muy pocos los que pongan la cara para reconocer una derrota.

Para el Gobierno, azotado implacablemente por calificaciones muy negativas procedentes de casi todas las empresas de encuestología, los últimos días han constituido un inesperado “veranito de San Juan”. La preocupación electoral, el levantamiento de las medidas restrictivas en muchas comunas del país y sobre todo el liderazgo asumido por la Presidenta del Senado para gestionar y concretar un programa serio de “mínimos comunes” incluso detallando las fuentes de financiamiento indispensables, han logrado que se alimente la esperanza. La ciudadanía ha tomado conciencia de que hasta ahora gran parte de los recursos destinados a solventar el grave deterioro de los ingresos en las familias más expuestas, no han provenido ni de los sectores más acomodados ni del esfuerzo colectivo sino del aporte de las propias víctimas de la crisis vía el retiro de sus fondos previsionales y de cesantía.

En este ambiente preocupante, no han dejado de llamar la atención las aseveraciones del economista Eduardo Engel, académico destacado y fundador hace una década del Centro de Estudios Espacio Público, quien en su habitual columna dominical en el diario El Mercurio ha alertado sobre la creciente manipulación de las cifras estadísticas, factor que por supuesto conduce a errores y equívocos que afectan las decisiones que se adoptan en materia de políticas públicas. Antes de explayarse sobre el tema, Engel recuerda el célebre libro del periodista Darrell Huff cuyo título lo dice todo: “Cómo mentir con estadísticas”.

Pruebas al canto.

  1. Según documento entregado a la prensa por el Gobierno, Chile está en el octavo lugar entre más de cien países en el esfuerzo fiscal destinado a aminorar los efectos de la pandemia, registrando un 12,2% del producto como gasto adicional. Se indica como fuente al FMI. Pero resulta que en el caso de nuestro país, las cifras no proceden del organismo internacional sino de nuestro Ministerio de Hacienda ya que si se trabaja con los datos del FMI el gasto adicional efectivo se reduce al 8,2% y nuestra posición en el ranking cae al puesto número 28.
  2. También se afirma que el país está en el tercer lugar en Sudamérica en cuanto al menor número de víctimas fatales por COVID, pero se oculta el hecho de que en el estudio informado no fueron considerados Argentina, Paraguay y Uruguay, lo que nos haría caer desde ese promisorio puesto 3 al 5 en la medianía de la tabla.
  3. Por su lado, el Ministro de Salud ha negado categóricamente el hecho de que el país haya disminuido la velocidad de vacunación pero, afirma Engel, “es un secreto a voces, que el Gobierno ha tenido problemas para obtener las dosis necesarias”.
  4. El pasado 12 de abril, el ministro declaró que “la vacuna Sinovac es 100% efectiva para evitar que el paciente ingrese a la UTI y fallezca”, en circunstancias que los informes científicos sitúan el rango entre un 55 y un 100%, sin que hasta ahora se logre entender por qué razones el Gobierno, incluido el propio Presidente de la República, optó por una optimista cifra extrema.

Lo apuntado anteriormente merece un enjuiciamiento claro. En quince meses de pandemia ha habido una obsesión evidente por encubrir, tanto en los hechos como en las palabras, los duros datos que muestra la realidad. Cuando la autoridad suprema del Estado anuncia una inminente llegada de “la normalidad” e insiste en que estamos viendo “la luz al final del túnel” sabiendo que continuamos en una situación de alto riesgo, se está formulando un irresponsable llamado al relajamiento social con el creciente incumplimiento de las medidas sanitarias.

Si a lo dicho se agrega la actitud de los tradicionales medios de comunicación social que día tras día nos atiborran con proyecciones infundadas de crecimiento económico (que oscilan entre un 7 y un 13% para el segundo semestre del 2021), es claro que se está engañando a la gente con la siembra de ilusiones. También se destaca que de los 2,2 millones de personas que han perdido sus puestos de trabajo en razón de la pandemia, ya se ha recuperado más de la mitad, simplemente se está plantando un espejismo. Bastaría con preguntar a cualquier habitante simplemente si él percibe esta recuperación de las fuentes laborales, para detectar la realidad.

Como dicta el sentido común, “para verdades, el tiempo”.

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1 Comentario en ¿Un buen fin de semana?

  1. Buen análisis. Hace rato ya que nadie le cree al Gobierno ni a sus estadísticas. Sería bueno ya que dejen de lado la monserga de “volver a la normalidad”, esa normalidad nostálgica de hacer las cosas siempre mal. Felizmente esa “normalidad” jamás regresará. Para algo bueno que sirva la pandemia.

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