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Un personaje al trasluz

El pasado 19 de mayo, falleció en Santiago el ex dirigente socialista Carlos Altamirano Orrego.

Nacido el 18 de noviembre de 1922  en el seno de una familia vinculada a la tradicional oligarquía chilena, estudió Derecho en la Universidad de Chile.

Titulado de abogado, ejerció su profesión como abogado de grandes empresas tales como Compañía Manufacturera de Papelas y Cartones (CMPC)  Banco Sud Americano y Compañía Chilena de Electricidad (CHILECTRA).

Ingresó al Partido Socialista y, para las elecciones presidenciales de 1952, formó parte de la fracción de la colectividad que apoyó la candidatura del ex General Carlos Ibáñez del Campo. Al asumir Ibáñez la Presidencia de la República, Altamirano fue designado para  el cargo de Subsecretario de Hacienda.  En 1961, postuló a diputado   por el distrito conformado por los departamentos de Valdivia, La Unión y Río Bueno. Al concluir su período, para las elecciones parlamentarias de 1965, Altamirano postuló a senador por Santiago y fue protagonista de uno de los casos más impensados y paradojales  de la política nacional. El Partido Demócrata Cristiano del triunfante presidente Eduardo Frei Montalva,  obtuvo una arrolladora victoria logrando 82 diputaciones y, en la capital, alcanzó cuatro cargos senatoriales pero como había inscrito solo tres nombres (José Musalem, Rafael Agustín Gumucio y Tomas Reyes) el derrotado Altamirano logró llegar  a la Cámara Alta “por casualidad”.

Tras la asunción de la Presidencia por Salvador Allende en 1970, Altamirano fue elegido Secretario General del Partido Socialista. Desde este cargo, asumió las posiciones más radicalizadas junto al Movimiento de Izquierda Revolucionaria que no formaba parte de la Unidad Popular,  en tanto que el Partido Comunista  procuraba aportar una dosis de sensatez y racionalidad al complejo panorama que vivía el país. Cuando era evidente que sectores de derecha, encabezados por el diario El Mercurio y con ayuda estadounidense preparaban la asonada militar, Altamirano ingenuamente predicaba la vía violenta y revolucionaria y llamaba a crear “uno, dos, tres Vietnams”. Se constituyó, de esta manera, en el principal obstáculo al gobierno de Allende que se vio crecientemente impedido de concretar una salida democrática a la crisis. Altamirano visualizaba el enfrentamiento como un hecho de “inevitabilidad histórica” pero, obnubilado por un ideologismo fanático, creía que era cierto lo que no era sino una ilusión: que cada agrupación integrante de la Unidad Popular contaba con miles de hombres en armas dispuestos a dar la vida por su proyecto político. En los archivos de la Cámara debe aún guardarse el dramático discurso conque el entonces diputado Mariano Ruiz Esquide lo denunció: “El señor Altamirano puede llamar a estudiantes y trabajadores  a crear uno, dos, tres Vietnams inmolando sus vidas, mientras él duerme plácidamente en su hogar”.

El 9 de septiembre de 1973, el senador Altamirano y el diputado Oscar Guillermo Garretón llamaron a los sectores antigolpistas de la Armada a sublevarse en defensa de la institucionalidad democrática. Seudo historiadores han dicho que este discurso fue el hecho que obligó al golpe de Estado. La evidencia en contrario es irrefutable. Desde que Agustín Edwards se autoexilió a los Estados Unidos a fines de 1970 y asumió la Gerencia de Pepsi Co, su trabajo incansable fue en pro del estrangulamiento económico del régimen de Allende y de la solución militar. Los archivos desclasificados dan cuenta de  la operación montada por Nixon, Kissinger y la CIA y que culminó con la llamada telefónica a través de la cual el Almirante Merino durante  la noche entre el 10 y el 11 de septiembre, informó a Edwards que se encontraba en un  restaurante de Barcelona, que “todo” se había puesto en marcha. El golpe fue duro y seco y no hubo tiempo para el ejercicio de la “violencia revolucionaria”.

Altamirano, después de mantenerse en la clandestinidad ayudado por la Stassi, de la República Democrática Alemana, se exilió a ese país. La “realidad” de los “socialismos reales” se constituyó en su mayor decepción. En silencio, dio un vuelco a sus propias convicciones, miró el surgimiento de los renovados socialismos europeos y del eurocomunismo, en libros biográficos, entrevistas y documentos reconoció sus errores y asumió sus responsabilidades y abrió el camino para que otros “compañeros” trabajaran por la construcción de una salida democrática desde la dictadura gremialista-militar.

A esta altura de los tiempos, ni aplausos ni lágrimas. Muchas, muchas víctimas: muertos, torturados y desaparecidos. Un país dominado por un modelo inaceptable pero que también aparece como inamovible.

Una lección: los caminos radicales y violentos nos permiten ir más rápido pero difícilmente hacen posible consolidar alternativas más humanas.

Pero, eso es materia de otro comentario.

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1 Comentario en Un personaje al trasluz

  1. Valioso aporte editorial al repaso de la historia política reciente. Saco una conclusión: las tendencias políticas que no van por el camino del bien común. Ninguna de las que hemos tenido en los gobiernos, en las últimas décadas en Chile, ha atinado con encontrar el camino correcto, con resiliencia, hacia un destino de desarrollo, bienestar y bienvivir. Nos va a costar harto trabajo sacarnos de encima esta obsoleta e insensata “doctrina del Crecimiento”.

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