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¿Una buena idea…mal implementada?

El pasado miércoles 26 de febrero, quiénes se interesan por “la cosa pública” a lo largo del país fueron sorprendidos al tomar conocimiento de un nuevo documento suscrito por “231 figuras afines a la ex Concertación” de acuerdo al calificativo que les dio “El Mercurio” a los firmantes.

Es tiempo de un acuerdo nacional” se titula el texto de 4 páginas disponible íntegro en diversos medios digitales. El introito es auspicioso, sin duda: “Las fuerzas políticas y sociales democráticas deberían partir de nuestra historia reciente y reflexionar sobre la conveniencia y oportunidad de un acuerdo nacional, pensar la política como un arte de encontrar puntos de entendimiento en pro del bien superior de Chile y su pueblo. Ya hay demasiado odio y desconfianza, es hora de ponerles fin y evitar un lacerante enfrentamiento”.

La iniciativa tiene un contenido positivo en cuanto invita a detener un proceso de polarización que se hace cada vez más evidente, que se incrementa día a día y que está derivando a conductas de hecho que ponen en riesgo hasta la vida de las personas. Todo esto, en un clima creciente de degradación e irrespeto a normas sociales y de convivencia mínimas mientras las elites gobernantes, al parecer agotadas de tanto trabajar, se toman lo que califican como “sus merecidas vacaciones”.

 El texto plantea tres puntos esenciales:

a) Tras recordar que, a pesar  de los progresos económicos, la población ha sido sometida  a cotidianos abusos ya intolerables, apunta a las demandas sociales como “una de las causas esenciales de la crisis que nos aqueja”, indica que deben enfrentarse con urgencia las reformas al sistema de pensiones, el mejoramiento de los salarios y las inaceptables carencias en salud;

b) Luego de condenar todo tipo de violencia, precisa que el inicio del itinerario constituyente (26 de abril) y la propia democracia están en riesgo ante el arbitrio, la barbarie, la anarquía y el poder del más fuerte, se hace imprescindible restablecer el orden público con pleno respeto a los derechos humanos para detener la violencia, la destrucción y el pillaje;

c) Finalmente, llama a un esfuerzo por la recuperación y crecimiento de la economía como forma financiar el gasto social y enfrentar la cesantía, el freno a las inversiones, la quiebra de pequeñas y medianas empresas, el incremento de la deuda pública y la incertidumbre nacional e internacional.

De lo dicho, casi nada puede ser criticado, salvo, por supuesto, en cuanto a la ambigüedad de las propuestas y a la viabilidad de un Acuerdo que necesita la concurrencia de la voluntad de otros actores muchos de los cuales, en los 130 días transcurridos a partir del 18 de octubre, han manifestado su rotunda negativa a todo cambio de fondo que pudiese implicar tocar los intereses y privilegios de las clases dominantes.

Así, el llamado a un eventual “Acuerdo Nacional” formulado por estos dos o tres centenares de “figuras”, es mucho más preocupante por lo que NO SE DICE que por lo que SE DICE.

Por ejemplo, es obvio que es necesario recuperar la Paz Social y restablecer el Orden Público. Pero, resulta incomprensible que no se emplace al Ejecutivo a cumplir sus obligaciones constitucionales y legales en este terreno, las cuales han sido evadidas una y otra vez permitiendo que la Fuerza Pública solo conciba su actuar en el marco de medidas represivas y violatorias de los derechos humanos.

Por otro lado, hablar de un “Programa social relevante y sostenible”, sin que se mencione siquiera la posibilidad de tocar ni por asomo las variables fundamentales en que se afirma un sistema de libertinaje económico abierto al abuso, a la colusión, al lucro incluso en el ejercicio de lo que constituyen derechos fundamentales de las personas (agua, educación, salud, seguridad social), constituye una actitud de ilusionismo político inconcebible.

Nada de lo propuesto constituye un avance hacia una solución de fondo sino un mero maquillaje a un modelito sobrepasado por la injusticia, el abuso y los privilegios. Por consiguiente, los firmantes, al igual que el Gobierno de Sebastián Piñera, solo están proponiendo fórmulas de subsistencia que apacigüen los síntomas pero que mantienen vida una enfermedad que, más temprano que tarde, rebrotará con fuerza.

La inutilidad del esfuerzo redactor es comprobable con la mera lectura de los 231 nombres (al cierre de este texto la cifra se elevaba a los 300) entre los cuales aparecen varias decenas de figuras que cínicamente olvidaron sus sueños y su pasado para integrarse cómodamente al mundo que tanto condenaron. Algunos nombres muy respetables de la nómina (como Squella, Warnken, Fernández, Valdés, Huepe) no son suficientes como para marcar a fuego la senda de un verdadero cambio de rumbo. El Chile real, el Chile de los trabajadores y sus sindicatos, de los pobladores, de los jóvenes, del universo académico, de los colegios profesionales, de los pensionados, el Chile del extenso y azotado mundo rural, de las pequeñas y medianas empresas y de los emprendimientos familiares, por último (pero lo más importante) el Chile de los pueblos originarios, definitivamente NO está en la nómina.

¿Servirá para algo útil tanto trabajo?

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3 Comentarios en ¿Una buena idea…mal implementada?

  1. El tal «acuerdo nacional» no es para tomarlo muy en serio, conociendo el perfil ético de la mayoría de los firmantes (podríamos hacer algunas excepciones, como las mencionadas. Por otro parte, el texto y su redacción es de tenor melifluo y resbaloso, típico en «la política». Seguramente su redacción se encargó a una comisión formada por 3 o 4 persona y firmada por el resto luego de una lectura a la ligera (casi tal como lo hacen con las malas leyes , firmadas sin leerlas),
    Comparto lo expresado en los comentarios de Ana y Hernán.

  2. Muy buen articulo . Claro, preciso y lúcido.
    Claramente los firmantes no han entendido, y queda clara su falta de sintonia con el sentir de quienes viven el abuso cotidiano, casi como si tuvieran que conformarse con agradecer «sobrevivir».
    Pienso además que recurrir a formulas pasadas, sin hacerse cargo de un contexto distinto, resulta a lo menos superficial.
    Algunos de los firmantes honestamente lo creerán o verán asi, pero lamentablemente otros reaccionan desde los privilegios que no quieren perder.
    Gracias !

  3. Me parece un cinismo de marca mayor que quienes originaron el descontento ciudadano, aparezcan en la lista sin ningún pudor como Sergio Bitar creador del CAE que mantiene enduedados a miles de estudiantes universitarios, por pasarle descaradamente platas del estado a los bancos, otros que impúdicamente pasaron a los directorios de AFPs, para cohonestar el abuso con los cotizantes.
    Es lamentable que personajes en serio, respetados por su probidad personal, se hayan dejado embaucar por esta horda de descarados, a quienes nadie les cree, pues sabemos que es más de lo mismo y no la solución que buscamos

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