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VEINTICINCO REGIONES, TIENE MI PATRIA…

Esteban Lobos

Economista.

El miércoles 12 de julio, el H. Senado de la República aprobó el proyecto del Ejecutivo que crea la nueva “Región de Ñuble”. Ya antes lo había hecho la H. Cámara de Diputados. Ahora,  solo falta que se revise la iniciativa por  el tan denigrado Tribunal Constitucional. Será ésta la Región número XVI (así, con números romanos, se ve mejor) y,  en un plazo relativamente breve,  nuestra pensante elite política (tanto de Gobierno como de Oposición, ya que  aquí las diferencias odiosas desaparecen) nos conducirá al paraíso: llegaremos a tener 25 regiones (tal como antaño tuvimos 25 provincias) y los beneficios del desarrollo se esparcirán a lo largo del  territorio nacional. Y todos felices. El Chile real peleándose las migajas. La metrópoli,  muerta de la risa.

“El Mercurio”, en su edición del día 13, señalaba: “A pesar de la lluvia, decenas de chilanejos llegaron a la Plaza de Armas para manifestar su alegría por la escisión de Bío Bío”. La fotografía que acompaña la información es patética: Los manifestantes son cinco, portan banderas similares, ninguno lleva ni impermeable, ni sombrero, ni paraguas.

La creación de nuevas regiones se ha transformado en el símbolo de la ineptitud de una clase política que, a partir de una situación que es innegable, es absolutamente incapaz de construir soluciones imaginativas que aborden los problemas de fondo que reclama el desarrollo del país. No se puede discutir un hecho evidente: Tal como la “región” metropolitana devora crecientemente en su beneficio los recursos públicos, las capitales regionales,  por su peso específico (político, burocrático, de volumen poblacional, de servicios estatales y privados, etc., etc.,),  tienden naturalmente a concentrar en sí mismas los menguados presupuestos de inversión de que disponen.

La solución política es fácil: dar  respuestas aparentes, crear en los habitantes de cada sector la ilusión de que las cosas están cambiando, generar sentimientos y actitudes de chovinismo regional y, como ya es una lamentable costumbre, crear enmarañadas redes en las cuales se entrampan y se diluyen tales recursos. De esta  forma,  la fracción de ellos que específicamente llega a atender los problemas específicos de las comunidades, a duras penas alcanza al 40%.

Ñuble será territorialmente la región más pequeña del país con 13.000 kilómetros cuadrados. Su población superará levemente los 460.000 habitantes de los cuales 165.000 corresponden al sector rural. Diversos estudios han determinado que la inversión  en infraestructura para instalar a los nuevos funcionarios públicos alcanzará a los 19.000 millones de pesos a los que deberían adicionarse más o menos 2.000 millones en mobiliario y vehículos. La prensa ha señalado que la nueva Intendencia, más las tres gobernaciones, más el Gobierno Regional, implicarán un gasto fiscal del orden de los 160.000 millones. Todo ¿para qué? ¿Se ha pensado cuanto podría cambiar la realidad del mundo rural si tamañas sumas se aplicarán directamente a la atención efectiva de sus habitantes y a la solución de sus problemas productivos? La justificación del proyecto es irrisoria (que “mueve a la risa”, según el diccionario) : se afirma con total desparpajo que “Ñuble tiene dinámicas culturales y espaciales” muy distintas a las de   Concepción como si tal hecho constituyese de por sí un factor negativo.

El problema no se limita a lo dicho. La Subsecretaría de Desarrollo Regional (SUBDERE) contrató ya los estudios  para la creación de la región de Aconcagua, haciendo posible  el cumplimiento de una promesa de campaña de Bachelet. El diputado PPD, Marco Antonio Núñez, quien aspira a ascender a senador,  ha señalado: “Tenemos la historia, los recursos y la viabilidad política y económica…” El casi candidato presidencial Alejandro Guillier no se ha quedado atrás: “Es un compromiso… tengo que ver el proyecto…que se den las condiciones: sustentabilidad económica, que sea unidad administrativa, que la población lo quiera y que haya identidad cultural”. También, los técnicos estudian la división de la Región del Maule. El diputado UDI Romilio Gutiérrez ha sido categórico: “Hay grandes desventajas en la asignación de recursos…La creación de una nueva Región le interesa a las provincias de Linares y Cauquenes perjudicadas por Talca y Curicó”. Cada quien trae, por supuesto, su hachita bajo el poncho.

Los “ciudadanos de a pie” debemos preguntarnos: De los miles y miles de millones de pesos que gastan  anualmente el Gobierno Central y el Congreso Nacional,  en estudios de viabilidad y en  asesorías cuyos resultados no se conocen y que, por la calidad de la legislación y de las políticas públicas, no conducen a parte alguna ¿No habrá espacio y medios como para contratar cerebros de verdad (y si es necesario, importarlos) que piensen en el desarrollo justo y equilibrado del territorio mirando a un horizonte de largo plazo y no a las próximas elecciones ni a los pequeños intereses de personajes, grupos y partidos?

Es evidente que el desarrollo armónico del país pasa por la promoción del “desarrollo local”. La comuna, lugar de encuentro de la sociedad, articulada por Municipios competentes, tecnificados, dotados de recursos, con capacidad real de asociatividad, con voluntad de articular las demandas de sus vecinos y de darles respuestas, constituye el punto de partida  de un Chile que quiere abandonar la demagogia y transitar hacia nuevos niveles de desarrollo humano.

Si como nación no tenemos la fuerza necesaria para detener este verdadero fraude regionalizador, terminaremos cantando, en parodia de la conocida tonada: “Veinticinco regiones, tiene mi patria, y amanecen cincuenta por la mañana….”.

Pregunta: La provincia de Arauco es una de zonas más pobres y rezagadas del país ¿Qué tal si la transformamos en Región?

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2 Comentarios en VEINTICINCO REGIONES, TIENE MI PATRIA…

  1. También, como Antonio, coincido plenamente. La solución, medio en broma medio en serio, estaría en dejar a Santiago aislado y, a la inversa del
    esquema de picadillo, unir regiones para llegar a unas cuatro o cinco y luego inventar una federación de regiones que tendría, todavía, más habitantes que la capital (aún estamos a tiempo de que Santiago sobrepase el 50% de los habitantes del país). Siendo mayoría pasaríamos a tener la posesion de la batuta. Utopía, porque la élite político-empresarial que maneja la economía de todas las regiones vive en Santiago.

  2. Coincido absolutamente con lo aquí expresado, muy claro. Nadie debería celebrar esta tontería de la región de Ñuble, y las celebraciones demuestran los cortos alcances de las proyecciones de quienes lo han hecho. Reflexion?? simplemente parece no existir, o no se usa para nada

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