«Vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de las ciencias y la tecnología, en la cual prácticamente nadie sabe nada acerca de la ciencia o la tecnología».

Carl Sagan

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Más allá de la era del crecimiento [*]

Ugo Bardi

Desde Florencia, Italia
Una entrevista con Ugo Bardi

Transcripción de una entrevista realizada por Neda Lukic para la revista COR, el 3 de julio de 2026 (COR Magazine, 3 July 26), sobre mi nuevo libro «El fin del crecimiento demográfico» (“The End of Population Growth”).

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Profesor Ugo Bardi, científico, autor y miembro del Club de Roma

Julio 3, 2026

A medida que disminuye la fecundidad y se intensifican las limitaciones de recursos, la humanidad se enfrenta a una transición histórica que desafía muchas de las premisas sobre las que se han construido las economías y sociedades modernas.

El profesor Ugo Bardi, científico, autor y miembro del Club de Roma, visitó Belgrado a principios de junio para presentar su último libro, *The End of Population Growth: Reaching Humankind’s Planetary Limits* (El fin del crecimiento demográfico: alcanzar los límites planetarios de la humanidad). Publicado como informe para el Club de Roma, el libro retoma una de las cuestiones centrales planteadas por el histórico informe de 1972 “Los límites del crecimiento”: ¿puede el crecimiento económico y demográfico continuar indefinidamente en un planeta finito?

Basándose en décadas de investigación sobre sistemas complejos, tendencias demográficas y limitaciones medioambientales, Bardi sostiene que la humanidad está entrando en una nueva fase definida no por la expansión, sino por la adaptación a las realidades ecológicas.

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NL: Profesor Bardi, su nuevo libro, “The End of Population Growth”, sugiere que la humanidad podría estar entrando en una era fundamentalmente distinta. ¿Es el fin del crecimiento demográfico principalmente un fenómeno demográfico o un síntoma de límites económicos, ecológicos y civilizatorios más profundos?

UB: El libro examina la situación actual considerando a la humanidad como un sistema complejo que reacciona ante una perturbación causada por haber alcanzado nuestros límites físicos en la Tierra. El calentamiento global, el agotamiento de los recursos, la contaminación y otros factores están en la raíz de esta tendencia.

Los desafíos a los que nos enfrentamos están profundamente interconectados y no pueden resolverse abordando problemas individuales de forma aislada.

Por otro lado, a nivel individual, la percepción de hacinamiento y la pérdida de perspectivas de futuro llevan a las personas a decidir que no quieren tener hijos o que desean familias pequeñas. Pero ese no es el único factor, y tal vez ni siquiera el más importante. La contaminación química también está afectando al sistema reproductor humano, provocando un descenso medible de la fecundidad. Otros factores empujan en la misma dirección: el estrés, el deterioro de la calidad de la dieta, el consumo generalizado de drogas, entre otros. También se ha demostrado que el calentamiento tiene un efecto negativo en la fecundidad. No existe una causa única para esta inversión histórica de las tendencias de crecimiento pasadas.

NL: Durante más de dos siglos, las sociedades modernas se han construido sobre la premisa de un crecimiento continuo. ¿Cuáles serían las consecuencias probables si tanto el crecimiento demográfico como el económico comenzaran a desacelerarse simultáneamente?

La escuela clásica de economía, surgida hace unos dos siglos, no se centraba en el crecimiento, sino que concebía la economía como un sistema que tiende a la estabilidad. Fue solo en tiempos relativamente recientes, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el «crecimiento» se convirtió en el tótem universalmente venerado por los economistas. Y es comprensible, ya que la gran expansión económica que vivió Occidente después de la guerra pareció, durante un tiempo, el estado natural de las cosas.

Pero existe una ley fundamental de la naturaleza: aquello que no puede durar para siempre, tarde o temprano debe detenerse. Y eso es lo que está ocurriendo. No es muy distinto de lo que sucede al escalar una montaña. Un viejo Koan zen nos invita a seguir subiendo, pero en el mundo real eso resulta complicado; por tanto, hay que emprender el descenso.

Las consecuencias dependen únicamente de la inclinación del camino: si no es demasiado pronunciada, el paseo resulta agradable; si es excesiva, se produce una caída y alguien puede resultar herido. Este es el argumento principal de mi libro.

NL: A lo largo de su obra, usted vincula el descenso de la natalidad, la contaminación, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático. ¿Deben considerarse desafíos independientes o distintas manifestaciones de una misma crisis sistémica?

UB: Como mencioné al responder a la primera pregunta, este es el eje central de un análisis basado en cincuenta años de trabajo del Club de Roma. En un sistema complejo no existen causas y efectos aislados; solo hay factores de forzamiento y mecanismos de retroalimentación.

Para ilustrarlo, pensemos en un sistema complejo típico: un gato. Su comportamiento es más o menos predecible, y sabemos qué ocurre al agitar la cajita golosinas para gatitos. Sin embargo, si acariciamos a un gato desconocido, no podemos prever si ronroneará de placer o si se dará la vuelta y nos morderá. Esa es la esencia de la ciencia de los sistemas complejos.

Los problemas que tenemos ante nosotros están interconectados y no pueden resolverse actuando sobre cada uno de ellos por separado.

En su obra, el colapso a menudo no se presenta como el fallo de un sistema, sino como una consecuencia natural de las tensiones acumuladas y de las leyes de la termodinámica. Si la contaminación ambiental también afecta a la salud humana, a la fertilidad y al rendimiento cognitivo, ¿podría estar debilitando la capacidad de la sociedad para reconocer y gestionar los mismos riesgos que amenazan su estabilidad a largo plazo?

El universo no cambia siguiendo líneas suaves, sino a través de ciclos de crecimiento y declive. Si somos capaces de reconocer a qué nos enfrentamos y gestionarlo bien, el declive podría ser incluso lento y relativamente llevadero. Si no lo hacemos, la experiencia no será nada agradable. Pero el resultado final no varía sustancialmente.

El descenso demográfico está profundamente arraigado en la estructura de las sociedades modernas, y resulta extremadamente difícil revertir una tendencia a la baja de la fertilidad que lleva décadas produciéndose en casi todas partes.

Atravesaremos un periodo de retroceso y luego nos recuperaremos. Quizás exista un futuro estable tras este ciclo, pero nada dura para siempre.

NL: Si tuviera que asesorar a los líderes políticos y empresariales de hoy, ¿cuál es la premisa sobre el futuro que deberían abandonar y cuál es el principio que deberían adoptar para construir sociedades más resilientes?

UB: Se dice que Tolstoi afirmó que «un rey es esclavo de la historia». Esto significa que los líderes no poseen mucho más poder de decisión que nosotros, los humildes ciudadanos de a pie. Por tanto, asesorar a los líderes resulta tan eficaz como intentar detener un tsunami con una cucharita de café.

El cambio no se produce porque los líderes lo deseen. Por lo general, ellos conciben su labor de manera diametralmente opuesta: frenar el cambio tanto como les sea posible. Las revoluciones surgen cuando alguien considera que ha llegado el momento de poner en práctica una buena idea. No siempre funciona, pero probar nuevas ideas es la forma en que avanzamos hacia el futuro. Y debemos avanzar en esa dirección, nos guste o no.


UB

17/08/2026

[*] Fuente: 17.08.2026, desde el substack.com de Ugo Bardi “El efecto Séneca” (“The Seneca Effect”), autorizado por el autor.

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