«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

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ARISTÓTELES

Andrés Cruz Carrasco

Abogado. Doctor en Derecho (Universidad de Salamanca). Magister en Filosofía moral (Universidad de Concepción). Magister en Ciencias Políticas, Seguridad y defensa (ANEPE). Máster en Política Criminal (Universidad de Salamanca).

Biólogo, psicólogo, politólogo y muchas cosas más. Estudió todo lo que estuvo a su alcance y fue más allá de las meras abstracciones para constatar el mundo tal cuál era en su tiempo. Nació el año 384 antes de Cristo en la ciudad de Estagira y es bien poco lo que se sabe de él. Su padre se dice que era un médico llamado Nicómaco y siendo muy joven entró a la Academia de Platón, que fue su maestro. Fue conocido por el nombre de Aristóteles, considerado un extranjero en Atenas. Sobre Platón dirá: “Me gusta Platón pero más aún me gusta la verdad”. Fue preceptor del hijo del rey de Macedonia, Filipo II, llamado Alejandro. De este proceso de enseñanza no queda ningún comentario. A los 50 años, el filósofo retorna a Atenas y crea el “Liceo”, dónde continúa con sus investigaciones en los más diversos campos y ejerce la docencia. Luego de la muerte de Alejandro y por ser considerado un amigo de los macedonios, vuelve a tornarse el extranjero, iniciándose una persecución en su contra por corromper a la juventud, el mismo cargo que se le imputó a Sócrates, pero a los 61 años no estuvo dispuesto a enfrentar un juicio arreglado que seguramente terminaría con una condena a muerte. Huye entonces a Calcis, una isla de Eubea y muere un año después. Este filósofo, a diferencia del idealismo de Platón, se esforzó por construir una perspectiva realista del ser humano y de la sociedad, para no caer en ningún fundamentalismo fanático que se ha comprobado históricamente tienden a ser usados para favorecer a los nacionalismos o etnias de moda en algún lugar, pretendiendo que los miembros de uno u otro grupo, según sea el caso, sean elevados como representativos de los ideales más sublimes, enzarzando personajes tan humanos como cualquier otro, de aptitudes y valores que resultan ser de dudosa verificación empírica.  Para este sabio, la verdad es cuestión de objetivo conocimiento y la moral es un asunto de subjetiva experiencia. Al ser humano lo que le interesa es ser feliz, lo que sólo es posible cuando equilibramos en un justo medio los sentimientos y la razón. Sin abstracciones obtusas que nos hagan creernos superiores por pensar o pertenecer a tal o cuál enjambre de sujetos. Sin someterse al prejuicio de ver al otro que es considerado distinto siempre a un enemigo al que hay que destruir, no obstante que estamos obligados a convivir con él. De este modo, lo que debemos desarrollar son las virtudes, que al ser prácticas deben ser vividas y sólo la experiencia nos irá enseñando a forjar una jerarquía que nos conduzca a ser ciudadanos políticamente útiles para la comunidad y para poder optar siquiera a alcanzar nuestra felicidad.