
Carta abierta a Su Majestad la Reina Letizia
Desde Murcia, España.
Majestad, ayer en Asturias su hija pidió un futuro
Buenos días, Majestad
Ayer 23 de octubre, durante la entrega de los Premios Princesa de Asturias, su hija la Princesa Leonor puso voz al desencanto de una juventud que reclama un futuro.
Pero ¿qué futuro puede ofrecerle una civilización que está destruyendo las condiciones que hacen posible su propia supervivencia?Ayer se premiaron logros extraordinarios. Sin embargo, ¿alguien propuso abandonar ordenadamente el modelo que nos ha traído a una crisis ecológica y social?
Todos, incluidos quienes ocupaban el Teatro Campoamor, participamos de la misma contradicción: consumimos combustibles fósiles, electricidad, alimentos industriales y materiales extraídos del planeta.
«No necesitamos más tecnología para aprender a sobrevivir en un planeta destruido. Necesitamos dejar de destruir el planeta que nos permite vivir».
Majestad, Messi sabe de fútbol; un astronauta, de conquistar el espacio; un premio Nobel, de su especialidad. Admiramos sus talentos individuales, pero ¿dónde estaba la inteligencia colectiva capaz de responder a la preocupación de su hija por el futuro?
Aquella noche celebramos lo que nuestra civilización sabe hacer, mientras ignorábamos lo que todavía no ha aprendido: vivir sin destruir las condiciones que hacen posible nuestra existencia. Y esa era, precisamente, la inteligencia que su hija necesitaba encontrar entre los presentes. Podemos ser ciudadanos ejemplares y contribuir cada día al fracaso colectivo de nuestra civilización.
Majestad, cuando yo tenía seis años, en 1957, el almirante estadounidense Hyman Rickover advirtió que nuestra civilización, construida sobre el consumo acelerado de recursos fósiles, podría durar apenas un parpadeo. Después llegaron Los límites del crecimiento (1972), el Informe Stern (2006), la valoración económica de los ecosistemas (2007) y la contabilidad del coste real de los alimentos.
69 AÑOS DE ADVERTENCIAS IGNORADAS
Pero hay una cifra especialmente estremecedora y destructiva. La Fundación Rockefeller, la FAO y diversas investigaciones científicas han revelado los gigantescos costes sanitarios, ambientales y sociales ocultos en nuestra alimentación. El coste real de la cesta de la compra supera tres veces el ticket.
Incorporando también los costes domésticos posteriores a la compra, nuestra estimación ampliada alcanza hasta cinco veces su importe. Una bomba en la línea de flotación de modernidad. Una catástrofe.
Una familia que destina el 16 % de sus ingresos a comprar alimentos estaría generando, un coste social equivalente al 80 % de sus ingresos, 16 % × 5 = 80 %. Imagine una familia de tres personas cuya alimentación genera un coste real de 3.000 euros mensuales. Su único consuelo es actuar y votar contra el sistema. No paga directamente esa cantidad, pero los daños no desaparecen: se manifiestan en enfermedades, deterioro ambiental, pérdidas económicas y costes colectivos. Esa cifra es decenas de veces superior a los recursos necesarios para resolver el coste de la vivienda.
Y AHORA VIENE LO MÁS GRAVE. ENTRE 2026 Y 2028 EXISTE EL RIESGO DE UNA CRISIS SOCIAL CATASTRÓFICA si el precio real de la comida coincide con nuevas perturbaciones energéticas, deterioro climático y debilitamiento de los mecanismos de protección social. Es un escenario que exige prevención inmediata.
La creciente polarización, el auge de los extremismos y los estallidos de violencia social están detrás de estos gigantescos costes ocultos.
Majestad, cuando un avión en tierra está en peligro, el comandante no ofrece gin-tonics a los pasajeros. ACTIVA LAS RAMPAS DE EVACUACIÓN. En 1957 yo vivía en un pequeño pueblo, muy alejado de muchas dependencias de la modernidad. He conocido ambos mundos y llevo años trabajando para recuperar las capacidades comunitarias que necesitamos.
La propuesta se llama COMIDA PÚBLICA Y GRATUITA. Sus instrumentos son: células comunitarias para unas 120 personas, diseñadas para reducir radicalmente los costes económicos, energéticos y ambientales de nuestra alimentación. La solución existe y hemos realizado experiencias reales de funcionamiento. No es nostalgia del pasado. Es una propuesta concreta para recuperar biocapacidad y construir un futuro.
Majestad, le ruego que contribuya a una evaluación pública urgente del coste real de nuestra alimentación y de las alternativas disponibles. Después de 69 años de advertencias, y ante los riesgos de 2026–2028, ya no basta con hablar del futuro. HAY QUE ABRIR LAS RAMPAS DE EVACUACIÓN.
Su hija Leonor reclamó un futuro. En el mismo escenario se aplaudía al sistema que lo está destruyendo. Todos los ahí premiados viven con un estatus de alto consumo fósil. Qué extraordinaria contradicción. Quizá lo que verdaderamente le habría emocionado hubiera sido escuchar a uno de los galardonados romper el protocolo y gritar: «¡Basta ya! ¡Dejen de destruir la naturaleza que necesitan nuestros hijos para vivir!».
Y que aquel grito hubiera provocado algo más que aplausos: lágrimas, conciencia y una voluntad colectiva de cambiar. Porque nuestros hijos no nos preguntarán qué sabíamos, sino por qué, sabiéndolo, permanecimos sentados y aplaudiendo.
Jesús Pagán
Fundador de Foodtopía [1]
Proyecto Termopolios — Comida pública y gratuita
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J. P.
26.10.2026
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N. del E.
Fuente de imagen: Captura de pantalla del vídeo de la ceremonia de premiación:
https://www.youtube.com/watch?v=aocJcbFWM1c
Referencias:
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