«Vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de las ciencias y la tecnología, en la cual prácticamente nadie sabe nada acerca de la ciencia o la tecnología».

Carl Sagan

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BAJO LA NIEVE: POESÍA, ESCALARIDAD, CIENCIA E ILUSIÓN EN JUAN PABLO RIVEROS (Parte I de III)

Mario García Álvarez

En Rauco, Chiloé, agosto de 2026.

Contexto general: (des)conocimiento versus valoración crítica

Pareciera que ya es un rasgo permanente en el ámbito de la literatura chilena la escasa crítica literaria, que contrasta con la variedad, tradición y riqueza de los distintos proyectos literarios objetivados en productos específicos: libros que corren y recorren entre los lectores, generalmente gracias a las gestiones realizada por los mismos autores, o por otros escritores unidos por amistad, o convergencias políticas, de esta manera logran ser medianamente conocidos y valorados. La denominada “crítica profesional”, adolece de una mirada inquisidora que salga de su comodidad centralista y de sus ambientes sociales, ligados generalmente a los circuitos universitarios. El centralismo entonces no es solo un problema que se aloje únicamente en la planificación y en las políticas administrativas y sociales emanadas del Estado, sino que también afecta la difusión, estudio y conocimiento de numerosos y relevantes autores, y los que llegan a destacar, es porque han realizado un trabajo individual dirigido a los medios de comunicación, revistas y redes sociales, lo que llamamos lobby individual e individualista, que cumple además para dar la impresión de amplitud geográfica, pero que no da cuenta de la diversidad expresiva existente en regiones.

La escasa crítica amplia e informada y la escasa difusión, sin duda, son grandes problemas que hacen poco conocidos a autores y obras como Bajo la nieve, la que nos ocupa ahora, y que ha sido recientemente publicada, en septiembre de 2025, por la Editorial de la Universidad de Concepción.

Juan Pablo Riveros es un poeta del sur austral, nacido en Punta Arenas en 1945; residió allí hasta 1962 y, con posterioridad, estudió en la Universidad de Concepción, donde se tituló de Ingeniero Comercial con mención en Economía.

La producción literaria de Juan Pablo Riveros

La obra de J. P. Riveros acumula siete libros: Nimia (1980) es su primer libro publicado.  Consta de 46 poemas en prosa de variada extensión y en el que se enuncia un estilo caracterizado por la brevedad, la condensación expresiva y el protagonismo del paisaje en la expresión poética en la que se imbrica ética y estética, también se anuncia la recurrencia al ir y venir entre lo cotidiano y lo abstracto entre lo nimio o pequeño, y lo trascendental o lo inmenso (o sin medida):

BOSTEZOS

 La pared despintada levanta una gris polvareda en el espejo inmóvil. El viento sopla y la ventana se estremece con el mundo.

    Y yo, inclinado, me digo una palabra agotadora, como un testigo que se hunde con su fusil al hombro en un matorral ignorado. Y me alejo por una chimenea helada. Paso la mano por mi frente y por mis ojos y entonces bostezo largamente de frío.

“Es tarde”, pienso. El viento sopla. De la pared cuelgan los últimos ruidos de una esperanza imperfecta, y una corona de óxido florece en los clavos más lejanos.
    El viento esculpe una monótona estatua en el ventanal helado.
    Y yo bostezo.

(Nimia, poemas en prosa, p. 46)

A la ya aludida brevedad y condensación en sus textos en prosa y verso, que mantiene en su siguiente publicación —De la tierra sin fuegos (1986) –, agrega una visión crítica de la historia al abordar el genocidio y la extinción de los pueblos originarios en Tierra del Fuego, como la de los selknam. A través de una multiplicidad de voces y referencias a documentos históricos –principalmente Gusinde–, nos hace presente el desamparo, el despojo territorial, el abuso y la injusticia en la mudez y soledad del frío austral. El texto no solo es memoria y denuncia: aborda también la espiritualidad de estas culturas, en una manifiesta expresión de admiración y asombro por la comprensión e interpretación del mundo que poseían y por la forma en que explicaban su relación con el medio. Así visto, De la tierra sin fuegos se configura tanto como un canto elegíaco intercultural como funerario.

De la tierra sin fuegos es la obra más difundida y valorada de Riveros y, sin duda, una obra relevante en la poesía chilena. Desde nuestro punto de vista, le otorga el privilegio de ser el primero en ampliar, completar y enriquecer el territorio poético hasta los confines geográficos chileno-sudamericanos, llegando incluso al Beagle, desde la profundidad de la experiencia de un habitante de estas zonas -el mismo Riveros-, que son geográficas, pero también humanas.

PERROS DEL CAMPAMENTO EDÉN

Como los alacalufes ya no cazan,

los perros inseparables trabajadores

en la captura de la nutria-participan

de la miseria general. Policía de aseo

de los excrementos!

         No tardan en morir de inanición.

         Tristísimo, verlos agonizando

         en el barro; pelados, descarnados

         despedazados vivos por sus congéneres

Útiles en la noche, ovíllanse entre sus amos

manteniendo el calor. Toalla, en el día

y, a veces, pañuelo.

Los perros del campamento Edén

participan de la miseria y deterioro

generales.

                   (De la tierra sin fuegos, p. 157)

En su siguiente publicación, Libro del frío (2000), el paisaje asume mayor protagonismo: se apropia del texto, es el texto y sus consecuencias, que se valorizan en lo estético, pero que también constituyen una presencia que habita el paisaje. Este libro -precisa Riveros- no habría sido posible sin la crónica del almirante Richard E. Byrd, Alone, publicada en 1938. Cuyo propósito era completar informes que él no tuvo tiempo de terminar, recurriendo al privilegio de haber sido algo así como un copo de hielo en algún lugar siempre oculto del refugio de Byrd, y con ello dar cuenta de todas las formas que el frío adquiere, donde se amplifica la soledad humana y también se potencia la meditación acerca de los límites de la existencia, frágil, mínima y tal vez innecesaria en la intemperie polar:

NOCHE POLAR II

La noche polar acude

como una marea infinitamente prolongada.

Cada día permanece por más tiempo.

Cada día la playa del día se abrevia,

hasta que un día

reina la Noche con paciencia sin fin.

                                                                    (Libro del frío, p. 88)

INTEMPERIE

¿Y, ahora,

dónde me guarezco

de mí?

                                               (Libro del frío, p. 37)

En Poema del cosmos (2011), Riveros expande el espacio poético enunciado en los textos anteriores. Si bien el cielo, el espacio, el universo o el cosmos estaban como referencias inevitables y telón del paisaje terrestre, isleño, marítimo y frío, ahora ocupan el protagonismo de la expresión poética. Riveros concibe el cosmos como sistema estructurado y armonioso: el cosmos es el orden para los griegos, un concepto más amplio y abarcante que el concepto latino de universo. Es la vista al cielo lo que nos enfrenta a esta concepción; aquí es relevante la experiencia del cielo y si se entiende como espacio-cielo abierto o cerrado, sin que los cielos cerrados, cubiertos u oscurecidos lo sean por la luz de la ciudad, sino por las condiciones climáticas del sur austral. Cuando se “abren” los cielos y están “limpios”, permiten que la palabra asombro desborde su significado. La experiencia de cielo abierto es necesariamente una experiencia de muda admiración, donde las palabras estorban y distraen la visión cognitiva para contemplar el logos que estructura el cosmos. Según los griegos, las matemáticas pueden dar cuenta de esa armonía y belleza; Riveros, por su parte, a través de la palabra poética, busca representar el movimiento y la experiencia de este cielo polar y espacial.

VIAJE I

Cuando todo estuvo dispuesto

partí a una constelación que estaba a unos pocos años-luz.

Créanme,

al llegar estaba totalmente confundido con las eras.

Ignoraba qué época vivía.

Si había avanzado o retrocedido.

Al final

bajé temeroso de la nave.

Y me eché a dormir

en la posada de una estación intermedia.

Alguien dijo que el viaje era largo

pero que, con esos paisajes maravillosos,

bien valía todo el dolor.

Entonces,

sentí pavor de no poder regresar jamás.

                          (Poema del Cosmos, P.98)

Con Picton (Shukaku) (2014), y Aguanieve(2021), Riveros vuelve a la prosa y derechamente a la narración, e incluso a textos dialogados.

Picton (Shukaku) es un título y una coordenada geográfica que abarca más que la isla propiamente tal, porque, en el fondo, es un libro de un viaje múltiple, que imbrica o trenza lo físico, lo geográfico y el viaje de retorno a la memoria, a la búsqueda de respuestas entrelazadas en la toponimia y en el Beagle[1]. Estas respuestas no surgen de preguntas explícitas; más bien son la narrativa interior que se necesita hacer patente en esos lugares que hablan, o se espera que hablen y dialoguen con los restos de memoria que llamamos recuerdos.

Esto me permite recordar, en mi condición de isleño -como el aroma del té o las margaritas de Proust-, la orilla de Caleta Banner. Desde ahí se veían las montañas de Karukinka. A eso de las 11 de la mañana, la marea había llegado a su máxima contracción. Flotaban trocitos de madera, absolutamente limados por las mareas y besados rítmicamente por menudas olas. Residuos, como mensajes crípticos, que la corriente poderosa del Beagle arrojaba en silencio hacia los recovecos de la isla, hacia nuestros propios domicilios interiores.

[Des]pliegues de papel & follaje o la búsqueda absoluta de Mario García [2]

Si bien Picton y Aguanieve son registros de relatos, no son libros individualistas ni se cierran en lo autorreferente. Al fin y al cabo, la memoria se hace con otros; para bien o para mal, somos con otros. Riveros distingue con claridad y explica en Aguanieve: “La vida personal es solo importante para uno. Nadie debería pretender que su historia interesaría a los demás. Porque nuestra vida no es un asunto público. Es algo íntimo y sagrado y así debe permanecer” (Aguanieve, p. 9)


[1] Véase el ensayo de Sergio mansilla, Picton/Shukaku: Viaje a la Isla de la Memoria, en Estudios filológicos, N°60, Valdivia 2017.

[2] Ensayo de Juan Pablo Riveros sobre la obra de Mario García.

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N. del E.

La PARTE II de III será publicada en la edición de LVC del 13.06.2026.

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