
El colapso de Europa. ¿Qué sucede ahora?
| Ya no es una cuestión de «si» ocurrirá, sino de «cuándo». |
| Al leer las noticias que llegan de Europa estos días, es inevitable tener la impresión de que nos encontramos al borde del «Acantilado de Séneca» —una caída abrupta— en lo que respecta a la Unión Europea; una estructura que siempre se asemejó mucho a la Unión Soviética y que ahora podría empezar a seguir un camino similar de desintegración. En la década de 1990, fui testigo directo de las secuelas del colapso de la Unión Soviética, ya que vivía y trabajaba en Rusia. Mi experiencia fue paralela a la de Dmitry Orlov —nacido en Rusia, pero ciudadano estadounidense naturalizado—, quien describió este proceso en su libro “Reinventing Collapse” (2008). Ambos observamos los paralelismos inquietantes entre el sistema soviético y el occidental. Según Orlov, Estados Unidos sería el primero en seguir los pasos de la Unión Soviética hacia el basurero de los antiguos imperios. Sin embargo, ahora me parece más probable que sea Europa la primera en colapsar. |
Un colapso en curso

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Imagen de ChatGPT
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La historia sigue caminos similares en todas partes. Mantener unidos a los imperios resulta costoso, y estos tienden a fragmentarse en componentes más pequeños cuando la economía ya no puede sostener tal gasto. Ocurrió con el Imperio romano, hace mucho tiempo. Ocurrió con la Unión Soviética, hace apenas unas décadas, cuando el Estado se vio incapaz de sufragar los gastos que suponía mantener unida a la Unión.
La Unión Soviética era una estructura burocrática gigantesca, cohesionada por el comunismo y por la creencia de que servía de barrera frente a los codiciosos occidentales. La Unión Europea es, asimismo, una estructura piramidal gobernada por burócratas no elegidos y dominada por políticos corruptos. Carece de un aglutinante ideológico y, hasta la fecha, tampoco tenía como fin proteger a sus ciudadanos de invasores extranjeros. Sin embargo, en la actualidad, Europa parece haber logrado la notable hazaña de convertir a todos sus vecinos en enemigos. Con una población empobrecida, un sistema económico en ruinas, un marcado énfasis en el gasto militar y el coste de la importación de recursos lastrando todos los sectores industriales, Europa está perdiendo sus razones de ser.
Como suele suceder en estas circunstancias, el gobierno europeo se aferra ahora desesperadamente al poder militarizando su economía y transformando su sistema social en un Estado policial. Si la historia nos enseña algo, es que esto no funcionará. Al contrario, acelerará el colapso.
En esta publicación, no entraré en los detalles de las razones del declive de Europa; ya he abordado ese tema en publicaciones anteriores (previous posts). Aquí, me centro en cómo los ciudadanos europeos vivirán el colapso. ¿Qué sucederá si (o, mejor dicho, cuando) la UE se disuelva?
El impacto en los ciudadanos
Estuve en Rusia a menudo durante el periodo posterior al colapso de la Unión Soviética, y puedo decirles cómo fue: terrible. Con el desplome del rublo, los empleados públicos, los pensionados y quienes trabajaban en empresas que quebraron, vieron cómo sus ingresos y ahorros se evaporaban por completo. Los más afortunados seguían recibiendo su salario, pero este solo alcanzaba para cubrir lo más básico: alimentos, calefacción, algo de ropa y el transporte público cotidiano. Si uno necesitaba comprar cualquier otra cosa —especialmente productos importados—, primero debía cambiar sus rublos por dólares. Y, como podrán imaginar, no era un buen negocio.
Muchas personas cayeron en una depresión. Los suicidios aumentaron, la tasa de natalidad se desplomó y la población rusa comenzó a disminuir. Las bandas criminales estaban por todas partes; si, por ejemplo, alguien había heredado un apartamento en una zona exclusiva de Moscú, lo más probable es que recibiera una «amable» invitación a venderlo por una miseria. Si uno se negaba, las consecuencias podían ser muy graves. Pero los peores criminales eran aquellos tiburones extranjeros y oligarcas locales que se dedicaban a saquear los bienes y activos soviéticos.
Aun así, el colapso soviético fue relativamente moderado. Rusia todavía contaba con valiosos recursos minerales que financiaron la reconstrucción. Además, el país era relativamente autosuficiente en cuanto a la producción de alimentos. Si bien se dice que algunas regiones de la Unión Soviética sufrieron hambrunas durante los peores años del colapso, el sistema agrícola soviético siguió produciendo alimentos, y siempre hubo combustible disponible tanto para los vehículos como para la calefacción de los hogares.
Los rusos, descendientes de nómadas de la estepa, son un pueblo fuerte que no se desanima fácilmente. Poco a poco, la economía se recuperó. El rublo recuperó parte de su valor, la policía combatió a las bandas callejeras, el gobierno puso freno a los oligarcas y se restableció el estado de derecho. La producción de bienes se reactivó, y los ingenieros y científicos rusos pudieron retomar sus empleos. Fueron necesarios años de arduo trabajo, pero, una o dos décadas después de la caída de la Unión Soviética, Rusia volvió a ponerse en pie por sus propios medios. Ahora bien, es evidente que la guerra en Ucrania podría acarrear todo tipo de nuevos desastres para Rusia; pero centrémonos en la cuestión de qué podemos aprender de un desastre que ya ha ocurrido.
Tras el colapso de la UE
Si el colapso de Europa sigue las pautas habituales de la historia, la primera víctima será el euro —la moneda europea—, tal como el rublo fue la primera víctima del colapso soviético. El rublo no desapareció, pero perdió la mayor parte de su valor, lo que destruyó los ahorros de la población y redujo sus salarios a cero. El euro, en cambio, podría llegar a desaparecer, al menos en la periferia de Europa, aunque tal vez se mantenga en algunos países del núcleo central.
Muchos europeos creen sinceramente que sus problemas actuales son culpa del euro; han observado que la situación empezó a empeorar tras su introducción y han deducido que existe una correlación. Sin embargo, volver a las antiguas monedas no traerá de vuelta los buenos tiempos de antaño. Pronto descubrirán que esa moneda recuperada, que consideraban una idea tan acertada, carece prácticamente de valor. Aquello que antes podían permitirse —ir a restaurantes, pasar vacaciones en la costa o viajar al extranjero— queda ahora fuera de su alcance.
Pero la situación será aún peor. En Europa, la gente puede comer a diario, calentar sus hogares y llevar una vida normal gracias a que el sistema industrial europeo es capaz de fabricar y exportar bienes al exterior. Dichas exportaciones se intercambian por alimentos y combustible importados. No obstante, el sistema industrial se encuentra hoy en un rápido declive. Se trata de un problema grave al que los rusos no tuvieron que enfrentarse.
Si Europa ya no puede permitirse importar productos básicos, empezará a notar que muchas cosas que daba por sentadas se vuelven imposibles. Por ejemplo, conseguir combustible para su automóvil. Quizás el gobierno racione el combustible o, sencillamente, prohíba el uso de vehículos particulares. Podría evitar esto si tiene un coche eléctrico, pero no está claro que pueda permitirse recargarlo.
La calefacción doméstica se volverá extremadamente costosa, hasta un punto que tal vez no pueda costear. Tendrá que pasar el tiempo en casa envuelto en mantas de lana gruesa. A las personas mayores les resultará difícil sobrevivir a los inviernos, especialmente en el norte de Europa. El problema opuesto —el aire acondicionado— podría agravarse aún más en los países del sur de Europa, afectados por la escasez de energía y las olas de calor. Estas condiciones serán todavía más duras para los ancianos y los enfermos.
Llegará un momento en el que, tal vez, descubra que ni siquiera puede permitirse el bien más básico para la vida: los alimentos. El problema radica en que la agricultura europea es, por su propia estructura, incapaz de alimentar a la población del continente. En mi libro “The End of Population Growth” (“El fin del crecimiento demográfico”), presento datos al respecto que demuestran que Europa es uno de los lugares del mundo con peor autosuficiencia alimentaria.
La imagen que aparece a continuación corresponde a la hambruna neerlandesa de 1944 -1945. Eso forma parte del pasado de Europa. ¿Será acaso su futuro?


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UB
22/10/2026
[*] Fuente: 22.10.2026, desde el substack.com de Ugo Bardi “El efecto Séneca” (“The Seneca Effect”), autorizado por el autor.
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