
¿Natural significa seguro? Los riesgos detrás de sustancias como la Ibogaína.
| La sustancia ha despertado interés por su posible uso en el tratamiento de adicciones, pero su consumo también puede provocar efectos psicoactivos y alteraciones cardíacas potencialmente graves. El debate, que volvió a abrirse luego del fallecimiento hijo de la modelo Cindy Crawford, Presley Gerber, se extiende a otras sustancias de origen vegetal como el peyote y la ayahuasca. |
La reciente atención en torno a la Ibogaína, una sustancia de origen vegetal que ha sido estudiada por su posible utilidad en el tratamiento de las adicciones, volvió a poner en el debate los efectos y riesgos asociados al consumo de sustancias psicoactivas naturales. La sustancia volvió a la conversación pública luego de que se conociera que Presley Gerber, hijo de la modelo Cindy Crawford, había recurrido a ella meses antes de su fallecimiento, ocurrido a los 27 años. Aunque algunas de ellas son utilizadas con fines tradicionales o han despertado interés por sus potenciales propiedades terapéuticas, su origen vegetal no significa que sean necesariamente seguras.
La Ibogaína es un alcaloide presente principalmente en la corteza y raíz de Tabernanthe iboga, un arbusto originario de África que ha sido utilizado tradicionalmente en ceremonias y rituales de algunas regiones del continente. De acuerdo con Arnoldo Miranda, jefe de Carrera de Química y Farmacia de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), su potencial en el ámbito de las adicciones ha sido objeto de investigación, particularmente en personas con trastornos por consumo de opioides.
“Se ha estudiado su potencial efecto beneficioso en el tratamiento de los trastornos por consumo de sustancias, particularmente de opioides, en donde en algunos estudios se ha observado que podría disminuir los síntomas de abstinencia y reducir la necesidad de consumo de opioides”, explica el especialista.
Sin embargo, el académico advierte que estos antecedentes no significan que la Ibogaína constituya un tratamiento aprobado. “La evidencia científica disponible a la fecha no permite establecer que su utilización sea segura y efectiva”, señala.
Además de sus efectos psicoactivos, el consumo de Ibogaína puede provocar alucinaciones, alteraciones en la percepción del entorno, náuseas y vómitos. Uno de los principales motivos de preocupación está relacionado con sus efectos sobre el sistema cardiovascular, ya que puede generar alteraciones del ritmo cardíaco que, en algunos casos, pueden ser potencialmente mortales.
El caso de la Ibogaína también permite abrir una discusión más amplia sobre otras sustancias psicoactivas de origen vegetal, como el peyote y la ayahuasca. La idea de que una sustancia es menos riesgosa simplemente por provenir de una planta, explica el académico, puede llevar a minimizar sus posibles efectos adversos.
“Las sustancias, pese a tener un origen natural, en este caso vegetal, no deben ser entendidas como seguras”, enfatiza. Una misma planta puede contener distintos compuestos, algunos con efectos beneficiosos y otros perjudiciales. Además, las consecuencias de su consumo pueden variar dependiendo de factores como la dosis, la vía de administración y las características particulares de cada persona.
En el caso del peyote, su principal compuesto psicoactivo es la mescalina, mientras que la ayahuasca contiene DMT y otros alcaloides responsables de sus efectos sobre el sistema nervioso. Ambas pueden provocar alteraciones en la percepción, incluyendo cambios en la percepción de colores, sonidos y sensaciones, además de posibles efectos sobre la presión arterial y el funcionamiento cardíaco.
Por ello, el especialista llama a diferenciar entre una sustancia que se encuentra bajo investigación científica y aquella cuyo uso terapéutico ha sido demostrado y autorizado por las autoridades correspondientes.
“Que una sustancia se encuentre bajo investigación no implica que tenga un uso aprobado”, recalca. En este sentido, señala que antes de considerar el consumo de este tipo de productos es necesario contar con evidencia suficiente que respalde tanto su eficacia como su seguridad.
Otro aspecto relevante son las posibles interacciones con medicamentos. El consumo de sustancias que no cuentan con un uso aprobado puede interferir con otros tratamientos farmacológicos que esté siguiendo una persona y generar riesgos para su salud. Asimismo, su utilización podría agravar condiciones de salud preexistentes.
Más allá de la Ibogaína, el mensaje apunta a una precaución fundamental frente a cualquier sustancia psicoactiva: el origen natural no es sinónimo de inocuidad. La dosis, los componentes presentes, las características de cada persona, las posibles interacciones y la evidencia científica disponible son factores que deben considerarse antes de atribuir propiedades terapéuticas a una sustancia.
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