«No se puede gobernar a base de impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes. No se pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio y a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir, en la honrada medianía que proporciona la retribución que la ley les señala.»

Benito Juárez

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Reconocimiento y gratitud

Hugo Covarrubias Valenzuela

Académico Trabajo Social, U.Central

En Chile se acaba de promulgar la Ley Integral de las Personas Mayores y de Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable (21.822) pero, aunque una normativa no cambia de inmediato la realidad, sí nos obliga como sociedad a mirar con mayor detención esta etapa del desarrollo humano. Para muchas personas el envejecer genera incertidumbre, exclusión, edadismo, soledad y en ocasiones, vulneraciones de derechos de las personas mayores.

Para enfrentar esta problemática debemos cambiar significativamente las diversas miradas que tenemos de esta etapa de vida. El filósofo Byung-Chul Han, nos plantea que estamos viviendo en una sociedad del cansancio, valorando la hiper productividad y la auto explotación, lo que hace que cada cual sea medido por sus niveles de productividad. Es aquí donde comienza la primera exclusión para las personas mayores al no participar en el mercado laboral.

Esta ley trata de cambiar esta forma de mirar a las personas mayores y comienza por reconocer derechos fundamentales: la autonomía, la participación, la salud, la justicia, la inclusión digital y por, sobre todo, la dignidad. El Estado y toda la sociedad deben garantizar que se cumplan estos principios.

En los últimos años ha habido avances como la incorporación del término abandono social, que no solo se refiere al abandono familiar, sino a un aislamiento como lo es, por ejemplo, esperar por mucho tiempo para una atención en salud lo que genera una desesperanza aprendida.

A la vez, con el uso y avance de las tecnologías muchos adultos mayores se van quedando sin redes de apoyo y sin la posibilidad de acceder a los beneficios sociales vía internet, lo que se transforma en barreras digitales. Es aquí donde debemos pensar en políticas públicas conectadas con el territorio.

Por último, el cuidado no puede seguir viéndose desde una esfera individual o familiar, debemos transitar a cuidados colectivos de corresponsabilidad, en el cual las familias, las redes de apoyo, el Estado, y la sociedad civil entre otros actores, estemos presentes, protegiendo y promoviendo los derechos de este grupo.

En síntesis, Chile comenzó un proceso acelerado de envejecimiento, seremos en las próximas décadas una de las poblaciones más envejecidas en América Latina, por lo tanto, el llamado es a enfrentar esta realidad desde las capacidades y las potencialidades que tienen las personas mayores para seguir aportando a la sociedad como parte integral de ella.

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