
Calentamiento global: el colapso de la ciencia [*]
| Predije el desplome de la ciencia climática en 2012. ¡Está sucediendo! |
| En 2012, observé una clara similitud entre el descrédito que sufrió el estudio “Los límites del crecimiento” de 1972 y las tendencias actuales de demonización de la ciencia del clima. Expuse mis impresiones al respecto en mi antiguo blog, Cassandra’s Legacy. Lamento tener que decir que tenía razón. Nos enfrentamos a una situación inesperada: cuanto más evidente se hace el desastre del calentamiento global, más se rechaza, se demoniza y se ignora la idea. |
Hasta ahora, solíamos creer que, en algún momento, el calentamiento global se volvería tan evidente que resultaría imposible ignorarlo. Algún gran acontecimiento, algún desastre colosal o algún impacto masivo habría unido a la gente para tomar medidas serias y frenarlo. Sin embargo, está ocurriendo todo lo contrario.
El desastre más reciente fue la enorme inundación del Tíbet. Aunque las causas son complejas, es imposible negar su relación con el calentamiento global. No obstante, más allá de los diversos intentos por restar importancia al suceso atribuyéndolo a factores ajenos a las temperaturas, es probable que pronto caiga en el olvido. La idea de que el calentamiento global es real y peligroso simplemente no parece calar en la conciencia colectiva mundial, independientemente de los acontecimientos catastróficos que presenciemos.
El clima apenas se menciona en los medios de comunicación tradicionales. En las redes sociales, en cambio, parece aumentar el ruido generado por posturas negacionistas agresivas. Ciertos argumentos —como el meme de que «el CO2 es alimento para las plantas» y que, por tanto, un aumento de este gas es algo positivo— se han difundido con tanto éxito que ya se aceptan como verdades evidentes.
La situación es aún peor: la ciencia climática está siendo rechazada y demonizada activamente. El gobierno de Estados Unidos está retirando la financiación a la investigación climática, despidiendo a científicos del sector y censurando informes sobre escenarios climáticos; además, el presidente ha declarado que el cambio climático es un engaño. Por si interesa saber qué ocurre en otros países, basta mencionar que el presidente del Senado italiano declaró recientemente que el clima de Italia pronto sería tan agradable como el de las islas del Caribe y que todos deberíamos alegrarnos por ello.
En una publicación de 2012 (véase más abajo), utilicé una analogía: comparé la trayectoria de la ciencia climática moderna con la de un campo científico anterior, el de la «modelización mundial». Se trata de una disciplina que irrumpió con fuerza tras la publicación de la primera edición de *Los límites del crecimiento* en 1972.
Como todos sabemos hoy, los resultados del modelo utilizado en el estudio “Los límites del crecimiento” fueron fundamentalmente correctos en sus aspectos esenciales. Sin embargo, tras su presentación, el estudio atravesó un proceso caracterizado por una aceptación inicial, seguida de un intenso debate y, finalmente, por el rechazo y la demonización. Parece tratarse de una ley general en el ámbito científico. Las nuevas ideas generan una fuerte reacción adversa, especialmente si sus consecuencias pueden perjudicar las ganancias de algunas personas.
En 2012, creí ver el inicio de una tendencia similar en la ciencia del clima. Ahora, casi 15 años después, mi impresión se confirma. La ciencia del clima parece estar atravesando el mismo proceso de rechazo y demonización que caracterizó a los modelos mundiales en las décadas de 1970 y 1980.
Pero ¿es cierto o se trata solo de una impresión? Cada uno de nosotros tiene un punto de vista diferente y vive en una «burbuja» de Internet distinta, donde los poderes establecidos nos alimentan con noticias y conocimientos seleccionados. Entonces, ¿cómo podemos evaluar las tendencias de esa enorme entidad llamada «memesfera» en cuanto a las creencias sobre la ciencia del clima?
Lamentablemente, los medios de comunicación —tanto los tradicionales como las redes sociales— están gestionados por empresas privadas para las cuales los datos constituyen un activo financiero. Tienen poco interés y ninguna obligación legal de divulgar sus registros. Tampoco están obligados a facilitar el análisis de sus datos a los investigadores. El resultado es que la literatura científica en este ámbito es escasa y está dispersa, especialmente en lo que respecta a la ciencia del clima.
No obstante, existen algunos estudios. Storani y otros autores publicaron (published by Storani et al) recientemente un trabajo sobre cómo se difunde la información (y la desinformación) climática en la Web. Es una cuestión compleja, pero su intento de distinguir entre información climática «fiable» y «no fiable» parece haber tenido éxito.
Utilizaron un parámetro denominado «índice de interacción» (“engagement ratio”). Lo definen como la relación de interacción que genera una publicación determinada hacia sitios «no fiables» (posiciones contrarias al consenso) o «fiables» (de carácter científico). Este enfoque reveló una tendencia general al alza de la postura escéptica en diversas plataformas. Se trata de una medición indirecta, pero confirma la impresión cualitativa: el punto de vista «escéptico» está ganando terreno en las redes sociales.
Esta tabla fue preparada por Claude a partir de los datos del estudio de Storani.

En el gráfico, FB, IG, YT y TW representan a Facebook, Instagram, YouTube y Twitter. Estos datos deben tomarse con cierta cautela, pero la tendencia es clara y los resultados son estadísticamente sólidos.
Observemos que, en Facebook, la proporción es superior a 2. Esto significa que el nivel de interacción (“engagement”) con sitios de postura contraria es más del doble que con los sitios de carácter científico. Al parecer, los usuarios de Facebook muestran mucho más interés por contenidos que pretenden refutar la ciencia climática que por aquellos que la respaldan. En Twitter (X), en cambio, la proporción se invierte, aunque tiende a igualarse.
La difusión de la postura contraria ha aumentado cerca de un 20 % en Facebook y más de un 30 % en YouTube. Está claro que la ciencia climática goza de cada vez menos popularidad. No deberíamos intentar extrapolar estos datos al futuro, pero el concepto fundamental queda confirmado: la ciencia climática podría estar atravesando el mismo proceso que, hace décadas, condenó al informe “Los límites del crecimiento” al olvido y al ridículo.
Se trata de un fallo sistémico del elemento mismo que nos define: nuestra mente. Sin embargo, nadie afirmó jamás que los seres humanos actuáramos de forma racional, por más que nos enorgullezca pensar que así lo hacemos.
¿Existe alguna manera de revertir esta tendencia? En principio, no es imposible. “Los límites del crecimiento” está despertando un interés renovado que erosiona lentamente la percepción, aún generalizada, de que sus conclusiones eran erróneas. Pero ¿podremos lograr que la ciencia climática recupere su estatus como campo de estudio serio y válido? A largo plazo, sí. No obstante, es probable que sea demasiado tarde para evitar que todos suframos el impacto de toda la fuerza del calentamiento global.
UB
07/09/2026
[*] Fuente: 07.09.2026, desde el substack.com de Ugo Bardi “El efecto Séneca” (“The Seneca Effect”), autorizado por el autor.
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