
EDITORIAL. El INCIERTO FUTURO
Los fenómenos meteorológicos, potenciados por el cambio climático y sus consecuencias: los desastres, nos están señalando que los esfuerzos para sobrellevarlos por parte del Estado y la ciudadanía serán necesariamente cada vez mayores. Unido a ello, los conflictos bélicos originados por las acciones prepotentes y avasalladoras por parte del presidente de los EE. UU. que persiguen apoderarse por la fuerza de las grandes reservas de petróleo que tienen Irán y Venezuela, por mencionar las mayores conocidas, presagian un futuro muy complejo para todo el mundo.
Esto traerá aparejadas otras consecuencias que nos deberían preocupar sobremanera. ¿Cómo vamos a sostener nuestras necesidades alimentarias en un país que sufre un creciente deterioro medioambiental y la destrucción de la naturaleza de la cual dependen todos los seres vivientes de los reinos animal y vegetal?
La humanidad ha sido advertida por estamentos científicos de alto nivel, a comienzo de este año, de la gravedad de la situación ante los riesgos de fallos catastróficos a corto o medio plazo porque la degradación de los ecosistemas puede romper las cadenas de suministro de alimentos, agua y salud pública, y desencadenar inestabilidades globales en cascada.
Estos son los grandes temas que deben ser de preocupación prioritaria del gobierno, en lugar del fomento de emprendimientos e inversiones extranjeras en proyectos mineros y energéticos ambiental y socialmente muy agresivos y de evidentes catastróficos resultados.
Déjanos tu comentario: