«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

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NUESTRO FRACASO Y DERROTA

Resulta llamativo que alguien, ya sea candidato o partido, pueda manifestarse contento o satisfecho con los resultados de las elecciones del pasado domingo 23. Si bien el oficialismo recibió un duro golpe político, la derrota y fracaso más grande es principalmente de aquellos que desde distintos espacios, lugares y medios hemos propugnado por la importancia de la política y de considerar el voto como una herramienta fundamental para producir cambios. Por ello, no podemos expresar alegría o satisfacción, cuando un porcentaje importante de nuestros compatriotas (alrededor del 70% y en otros casos el 80%) opto por la abstención. De ahí que este “fenómeno” sea visto y asumido como muestra fehaciente de nuestro propio fracaso y derrota.

Es el fracaso y derrota por la incapacidad que hemos tenido para transmitir un mensaje que logre romper el inmovilismo y apatía de un vasto sector de la población, especialmente de los jóvenes.

Es nuestro fracaso y derrota por no poder enseñar/inculcar a las nuevas generaciones que la movilización social, las marchas, incluso la toma de algunos espacios, no se contradice con ir a sufragar.

Es nuestro fracaso y derrota ya que no hemos tenido la capacidad de superar el conformismo generalizado y la naturalización de lo social que impera en vastos sectores de la ciudadanía.

Es nuestro fracaso y derrota ante el avance de la insignificancia, ante una política liquida que se traduce en la falta de consistencia y coherencia política de algunos de quienes se dicen nuestros representantes.

Es nuestro fracaso y derrota, ya que no hemos podido persuadir a políticos y autoridades sobre la gravedad de la situación que estamos viviendo y a los ciudadanos de que tomen conciencia de la importancia y responsabilidad que significa interpelar a sus autoridades a través del voto.

Es nuestro fracaso y derrota, ya que hemos pensado que la crisis solo se soluciona promulgando leyes y no educando a la población en sus deberes y derechos.

Es nuestro fracaso y derrota al no ejercer un discurso más crítico y potente ante las malas prácticas, el abuso de poder, el desorden y la improvisación de aquellos por quienes en su momento votamos o apoyamos.

Es nuestro fracaso y derrota ante un sector político y social que ha vaciado la política, convirtiéndola en una actividad centrada en imágenes, slogan, entretención y negocios. Lo peor de todo, es que esa (pseudo)política les ha permitido ganar elecciones, convertirse en el partido más votado del país; al punto que, sin pudor alguno, se enorgullecen  de aquello.

Ante este fracaso y derrota (circunstancial) ¿qué nos queda?, parece que conjugar de mejor forma “el pesimismo de la razón y el optimismo de la voluntad”.

 

Danny Gonzalo Monsálvez Araneda. Doctor en Historia.