
EDITORIAL. ¿HACIA DÓNDE VA CHILE?
Por lo que apreciamos en el día a día del acontecer político, nadie sabe realmente hacia dónde va el país en su navegación sin rumbo claro en un mar de innumerables confusiones.
Una gran mayoría ciudadana sigue sin comprender qué pretende el gobierno del presidente José Antonio Kast con su iniciativa legal, curiosamente llamada “Plan de Reconstrucción Nacional”, para una reactivación de la alicaída economía chilena basándose en la idea fuerza en reducir los impuestos a los grandes grupos empresariales del país.
Mientras tanto, para agravar aún más las cosas, el Comité de ministros está siguiendo aguas a la costumbre heredada del gobierno anterior de aprobar cuanto proyecto hay en desarrollo, sin tomar en cuenta ni la opinión ciudadana ni el enorme daño ambiental y social que provocan en todo el territorio, como si fueran pocos los desastres acumulados durante las recientes décadas ocasionados por las urbanizaciones sobre humedales urbanos, los deficientes y desactualizados planes reguladores, el discutible plan de transición energética y muchas iniciativas adversas más.
Si sumamos a lo dicho la incomprensión absoluta de la Bioeconomía de Nicholas Georgescu-Roegen, que la humanidad ha alcanzado con precisión matemática, “los límites del crecimiento” –de acuerdo con las conclusiones del famoso informe de 1972 del mismo nombre y sus posteriores actualizaciones que las han confirmado–, elaborado para el Club de Roma por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts y que, por lo tanto, ya no es posible seguir insistiendo con el crecimiento de la economía, el panorama futuro para Chile se presenta desolador.







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