«Cuando los dirigentes hablan de paz, el pueblo sabe que se avecina la guerra»

Bertold Brecht

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EDITORIAL. SOL DE SEPTIEMBRE

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

El mes de septiembre ha sido históricamente un período de festejos, especialmente por la conmemoración del establecimiento de la Primera Junta Nacional de Gobierno.

Sin embargo, la tradicional celebración de Fiestas Patrias que engalanaba las casas y lugares de trabajo desde hace muchos años, se encuentra mancillada por el recuerdo imborrable de una de las tragedias más grandes de la vida republicana de nuestro país. No se trata solo solo de evocar la dureza del golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional vigente hasta 1973, sino de las secuelas que la acción conjunta de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, generaron de forma indeleble marcando la convivencia dentro de la comunidad nacional.

El 11 de septiembre no constituye solo un hito que puede ser despachado en dos o tres páginas de los libros de Ciencias Sociales, sino una huella que probablemente permanecerá grabada por décadas, de generación en generación.

El balance numérico es impresionante y no puede soslayarse con palabras de buena crianza, o apelando al inesperado consejo que nos invita a no remover los hechos del pasado y a mirar con esperanza el futuro. Tras cada ejecutado político, tras cada persona torturada, tras la incesante búsqueda de los restos humanos de los detenidos desaparecidos, hay familias, cónyuges, padres, madres, hijos, nietos, que reclaman con justo derecho el acceso a una información que es para todos ellos algo vital e irrenunciable.

La cobardía moral de quienes conocen lo que pasó y que tratan de ocultar antecedentes esenciales amparándose en su conciencia en una mal entendida lealtad de compañeros de armas, no es algo que se pueda sostener en el tiempo. Peor aún, es la complicidad pasiva del alto número de personeros civiles que cohonestaron las acciones represivas y que hoy se pasean impávidos por las calles de nuestras ciudades con la secreta esperanza de que el paso del tiempo conduzca al olvido.

En verdad, resulta sorprendente que hoy, cuando nos aproximamos a una nueva renovación de nuestras autoridades, los tres aspirantes de derecha pretendan justificar todo lo sucedido como la conclusión lógica de una serie de hechos inevitables en tanto que dos de ellos manifiestan estar disponibles para un nuevo golpe si ello fuera necesario, demostrando así palmariamente que su compromiso con el sistema democrático es meramente formal y no sustantivo.

La dictadura de 17 años, rayó indudablemente nuestras vidas personales. Si quisiéramos hacer un inventario grueso de las consecuencias podríamos concluir afirmando que hoy somos un pueblo más amargo, más encerrado en sí mismo, más individualista, más egoísta, más alejado de un espíritu social y comunitario, imbuido de una cultura que implica que no somos guardianes ni custodios de los demás.

Quebrantar esa realidad es difícil pero bien vale la pena consagrarse a la lucha por erradicar la violencia que, en todas sus formas y aspectos, es la expresión de lo que no queremos ni debemos ser como nación.

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