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La Amenaza Más Grande

Guilmo Barrio Salazar

Desde Georgia, E.U.A.

Al finalizar su primer año como el mandatario de los EE.UU., Donald John Trump, quien se ha auto proclamado como “un genio muy estable”, se mantiene a horcajadas en el mundo político, como si se tratara de una película de dibujos animados, con una amenaza anaranjada de terribles impulsos.  Con su espasmo en los tweeters vomitándole veneno a sus adversarios, su fomentación imprudente de una división racial, sus mentiras sin final, y sus predilecciones de lanzar pullas provocando vulgaridades en los patios escolares, está alimentando una furia y una resistencia nacional.  Sus actos ya están perdiendo lo que atraía a sus seguidores.  Al extremo que sus ayudantes más cercanos, tal como Michael Wolff, quien ha reportado en su libro “Fuego y Furia”, sus dudas de que con la falta de temperamento o de su capacidad, continúe siendo el presidente de este país.  Extraordinariamente, a pesar de que el mercado de las inversiones se mantenga desde el 2008 en un alto nivel, y que la cesantía laboral se mantenga baja desde el 2009, que los salarios hayan comenzado lentamente a subir desde el 2014, que la inflación se mantenga nivelada desde el 2013, y que los terroristas de ISIS se mantengan fuera, la aprobación de Trump, según así lo demuestran las encuestas públicas, se mantiene como el record más bajo a nivel nacional.  Como prueba de esto, su discurso entregado al país sobre su administración presidencial en el primer año, el día Martes 30 de Enero recién pasado, fué casi completamente boicoteado, y la mayoría de la población apagó su televisión, y solamente alrededor de unos 3 millones de personas en toda la nación lo escucharon.

La inmadurez errática de Trump lo hace un peligro constante.  Al final, sin embargo, es un presidente débil, es más un payaso que un déspota.  La postura populista que mantuvo en su candidatura, la promesa de “desaguar el pantano”, la crítica de las guerras “estúpidas”, la promesa de transformar las leyes “fracasadas” de los tratados de libre comercio, y no permitir que las empresas envíen sus trabajos a países extranjeros, su promesa de revivir los reglamentos bancarios, todo eso ha sido abandonado.  Trump ha delegado la ley de seguridad nacional a sus generales, lo que significa que las guerras iniciadas por George W. Bush y Barack Obama, todavía continúan, con drones y fuerzas de Operaciones Especiales están atacando a más países de lo establecido.  También ha delegado las leyes económicas a los banqueros y a los millonarios, así que las puertas de ese casino financiero otra vez han sido abiertas de par en par.  La nueva ley aceptada por el congreso que le dá mayores incentivos a las corporaciones para que envíen sus trabajos y reporten ganancias en países extranjeros y no paguen sus impuestos en los EE.UU., está provocando una tremenda discordia político-racial en esta nación.

Todavía Donald John Trump no asume la responsabilidad del serio daño que se le ha hecho a este país.  La mayor culpabilidad es radicalmente el reaccionario Partido Republicano que tiene un total control del Congreso y la rama ejecutiva de la Casa Blanca.  Esta rama dirigida por los “adultos” con experiencia, Mitch McConnell y Paul Ryan, estuvo virtualmente unida en sus intentos de cancelar la Ley del Cuidado de la Salud Asequible, creafda durante la administración de Barack Obama, lo que cancelaría a millones de personas de sus seguros de salud, con el propósito de favorecer con el pago de los impuestos de la población rica del país, y disminuir la grotesca ley de los cortes del pago de sus impuestos del sector multi-millonario.  Esos “líderes responsables” intentan ahora lo que ellos llaman una “oportunidad histórica” para “reformar” programas, como por ejemplo cortar los servicios de Ayuda Médica Federal (Medicare), como también la Ayuda Médica Estatal (Medicaid), y los beneficios otorgados por el Departamento del Seguro Social, lo que los trabajadores estadounidenses han estado pagando, junto con sus patrones, durante todos sus años laborales, lo que se han ganado con justa razón por unos 40 años activos.

El asalto de Trump a todas estas cosas respetadas por Obama, es símplemente la continuación de una total obstrucción organizada por McConnell y el congreso republicano contra lo que Obama mantuvo mientas él se encontraba en la Casa Blanca.  La negación calamitosa de la existencia de un cambio climático y los esfuerzos metódicos en la doctrina republicana, no son únicos de Donald John Trump.  Los jefes de su gabinete son controlados por los donantes de grandes capitales económicos y de legisladores republicanos.  Su debilitamiento calculado hacia los consumidores, los trabajadores, el medio ambiente, y la protección de los derechos civiles, como lo propuso mientras estuvo en el gabinete Steve Bannon, quien intentó una destrucción del estado administrativo.  El personal judicial colocado por Trump, a través del cual mantiene las cortes con activístas de ultra derecha, quienes han sido aprobados por las organizaciones extremistas conocidas como la Fundación Hereditaria y la Sociedad Federalista.

Con respecto a las relaciones exteriores, la belicosidad juvenil de Trump, es realmente increíble.  Mudó la embajada estadounidense de Israel a Jerusalem, lo que produjo una conmoción, no sólo nacional, sino que también internacional, porque agregó a la situación inestable en la mayor parte del Medio Oriente.  Pero la bomba más grande la tiró en Afghanistán, porque continuará la guerra en ese país por 18 años, y no hay un final a la vista.  Bajo la administración de Trump, la fuerza militar ha sido enviada a través de fuerzas de Operaciones Especiales a 149 países, pero eso es solamente un pequeño aumento de los 138 países que tuvo Barack Obama en su último año de presidencia.

Los medios de comunicaciones, como si se tratara de un espejo en una casa de diversión, distorcionan esta realidad.  Tanto ellos, como muchos demócratas, están fijos en la intervención rusa durante la elección presidencial en el 2016, y la quimera de tomar un caso legal contra Trump y llegar a enjuiciarlo.  Aunque la intervención rusa no debiera ser ignorada, pero la intimidación más grande contra las elecciones democráticas viene del Partido Republicano, que representa una disminución de la juventud, de los grupos minoritarios, y la clase trabajadora, aún cuando está dominado por las grandes corporaciones que son las que intentan controlar las elecciones de esta nación.

Muchos comentadores liberales urgen que presentemos los abusos de poder de Trump como una lucha central durante el 2018, especialmente en las próximas elecciones de los legisladores del congreso, que se llevarán a cabo en Noviembre de este año en este país.  De hecho, la amenaza es mucho más grande que los multi-millonarios biliosos de la Casa Blanca.  Para volver a revivir una democracia en esta nación, los estadounidenses deben reprender al partido republicano.  El paso vital debe acompañarse al movimiento político que transforme al Partido Demócrata como un vehículo de reforma progresiva, en uno que rompa el consenso sofocante de la élite en una seguridad nacional, en una ley de tratados comerciales, en una austeridad doméstica tanto en lo económico como en lo político.

Enjuiciar a Donald John Trump y quitarlo de la presidencia, solamente nos dejaría con un vacío ultra conservador, como lo es el vice presidente Mike Pence, quien continuará con una falta de reglamentos.  Terminar con la mayoría republicana en el Senado y en la Casa de Representantes nos regresará a la obstrucción y decepción neoliberal.  Los demócratas no pueden tomar la desigualdad corrosiva existente en el país, la clase media declinante, y la epidemia mortal de la desesperación actual, las guerras sin fin, y la política corrupta que tenemos, sin tener una mayoría construída por candidatos con una misión y un mandato de transformación nacional en todo el país.

En este año calamitoso, Trump ha ayudado a que surja la resistencia.  Los movimientos de las grandes Marchas Femeninas a través del país, las Marchas de los Inmigrantes en forma masiva, han movilizado una nueva energía.  La Campaña de la Gente Pobre revivirá una voz con moral en la política.  Los esfuerzos electorales progresistas del grupo llamado Nuestra Revolución, como también el Partido de la Familias Trabajadoras, y muchos otros de este estilo a nivel nacional, están reclutando y apoyando a los reformistas.  Debemos recordar a Martin Luther King, Jr. y su sabiduría, cuando dijo : “La obscuridad no puede sacar su propia obscuridad, solamente la luz puede hacer eso”.  Después de un año de la presidencia de Donald John Trump, ya podemos ver los primeros rayos de luz frente a nosotros, porque la resistencia está presente.

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