La opinión pública tiene el deber y el derecho a oponerse a la impunidad, debe movilizarse y denunciarla !!!
Actualmente nos leen en: Alemania, Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Gramsci, Museos y Fortunas

Equipo La Ventana ciudadana

Periodismo ciudadano.

Es frecuente encontrar en la prensa escrita tradicional del país llamativas alertas acerca del peligro constante que se avizora en cuanto a que sectores políticos “de izquierda” procuren implantar  una agenda  que busca erradicar la escala de valores que hasta ahora se consideraban naturales y propios de una sociedad como la chilena.

Su equipo muy bien organizado de columnistas, en su gran mayoría procedentes de los tres planteles de educación superior más conservadores, en su vehemente afán de preservar un cuadro de intereses ideológicos, políticos y económicos,  no dudan en denunciar en forma constante que existe una campaña destinada a sustituir los basamentos de la “civilización cristiano-occidental”. Así, si se pasa revista a la historia contemporánea,  diversas reformas sociales que con enormes dificultades han logrado establecerse mediante nuevas normas legislativas, son miradas como pasos en tal sentido.

En el siglo XIX, la institucionalización del matrimonio civil fue cuestionada y condenada por la Iglesia Católica. En 1910, el obispo de Iquique condenaba el establecimiento de la instrucción primaria obligatoria ya que subvertía el orden natural de las cosas. La separación de la Iglesia  y el Estado  fue posible en 1925, solamente gracias al concordato directo celebrado entre el Gobierno chileno y el Vaticano.  Estos mismos sectores condenaron la reforma al Código Civil que  suprimió la vergonzosa categorización de los hijos entre “legítimos” y “naturales” y les reconoció la igualdad de derechos. También, por supuesto, han manifestado su rechazo al Acuerdo de Unión Civil, al establecimiento del matrimonio igualitario y a todo cuanto tenga que ver con políticas de género.

Nos referimos a los puntos anteriores pues ellos constituyen  expresiones  de la visión  de las elites dominantes que se niegan siquiera a discutir la posibilidad de trabajar en la construcción de una sociedad establecida sobre parámetros diferentes, más equitativos, más inclusivos. Su actitud es la de quienes quieren hacer creer que la realidad que defienden es la normal, la racional, la única legítima, y que, por lo tanto, todo cuestionamiento que de ella se haga constituye un atentado a la civilización.

En los textos de los columnistas antes aludidos, es frecuente encontrar alusiones o referencias al ensayista y político italiano del siglo pasado Antonio Gramsci. Su juicio  está basado en una crítica dura a este autor neomarxista en cuanto éste sostiene que la sociedad capitalista está armada y se ha desarrollado en torno a una hegemonía cultural que ha buscado identificar sus principios propios como los principios naturales del desarrollo humano, concibiendo  el egoísmo y la ambición descontrolada de riqueza como una virtud,  tanto como otrora fue defendida  la esclavitud como  una necesidad inescapable del progreso económico. Obviamente,  si se parte  desde esa convicción,  la pretensión de  Gramsci de trabajar por  una nueva sociedad imponiendo  una hegemonía cultural fundada en un cuadro de valores diversos a los vigentes,  es denunciada como un peligro amenazante. En buenas cuentas, no se trata de discutir cuáles son esos nuevos valores o cuáles son los métodos prácticos (políticos e ideológicos) que podrían utilizarse  para imponerlos, cuestión absolutamente lícita  por lo demás, sino de cerrarse a que se ponga en tabla la legitimidad de la actual hegemonía cultural prevaleciente.

Las reflexiones precedentes han surgido a raíz  de una información obtenida de la prensa internacional y que ha sido silenciada y ocultada, como ya es habitual,  por nuestros diarios que hacen gárgaras con la libertad de expresión y con el derecho de los ciudadanos a ser informados.

Como es sabido, el presidente Trump durante su campaña electoral rechazó todas las políticas tendientes a abordar el grave problema del cambio climático denunciando que el tema no era sino un invento “de los chinos” para perjudicar a los Estados Unidos. Ya en el poder, abandonó el “acuerdo de París” que avanzaba en compromisos de gran parte de los países del mundo para abordar esta amenaza.

El diario “El País” de España, en su edición del 30 de enero de 2018,  ha dado a conocer que 22 conservadores de los principales museos del país del Norte más casi 300 científicos del más alto nivel, están exigiendo la dimisión de Rebekah Mercier, una de las consejeras del Museo Americano de Historia Natural de Nueva York. Esta entidad, considerada como la mayor del mundo en su tipo, alberga unos 30 millones de piezas en sus colecciones.

Pues bien, la Fundación Mercier, creada por el multimillonario Robert Mercier, uno de los principales financistas de la campaña de Trump, financia generosamente a diversas Organizaciones No Gubernamentales ( ONGs),  todas las cuales, curiosamente, cuestionan el tema del “cambio climático”. Como aportante al Museo señalado,  la Fundación ha instalado a Rebekah, la hija del magnate, en su consejo de administración, generando una contradicción insalvable entre los intereses y compromisos políticos de la familia y la misión educativa propia de este gran Museo.  Los opositores han señalado en su manifiesto que “el activo más importante para cualquiera institución de este tipo es la credibilidad”, y que, por consiguiente, resulta inaceptable integrar a ellos a los grupos negacionistas del cambio climático que van en contra de toda evidencia científica.

La Fundación Mercier financia, entre otras entidades, al Heartland Institute, al Oregon Institute of Science, a la Heritage Foundation, al Cato Institute, todas ellas defensoras acérrimas del neoliberalismo económico. Asimismo, apoya económicamente  a diversos activistas ultraconservadores como Steve Bannon (colaborador directo de Trump) y al portal Breibart News. El diario madrileño, además, ha dado a conocer que la poderosa compañía petrolera Exxon Mobil y el magnate David Koch, se han ido incorporando como generosos aportantes a museos y organizaciones culturales.

De la forma señalada, los grandes grupos económico-financieros han ido concretando su estrategia tendiente a influir y dominar organizaciones del mundo de la ciencia y la cultura para privarlas de su libertad de investigación y de difusión e irlas comprometiendo paulatinamente en la defensa de sus intereses y de su ideología.

Así, lo que se denuncia escandalosamente como pretensión de dominar el mundo de la cultura por parte de sectores de izquierda, es considerado muy legítimo si  lo hacen quienes forman parte de los actuales grupos dominantes.

Recuerda que puedes seguirnos en facebook:

Déjanos tu comentario:

Su dirección de correo electrónico no será publicado.

*

Sé el primero en comentar

sertikex-servicios-informáticos www.serviciosinformaticos.cl