Las personas y la ciudadanía deben estar conscientes de los pasos que se dan, para orientar el desarrollo o para estancarse y retroceder... El próximo plebiscito, es una oportunidad de desarrollo para la ciudadanía y para dignificar al ser humano y transformarlo en soberano.
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CRISTIANISMO Parte III: El Trabajo como actividad humanizadora

Miguel Hinojosa

PhD, docente facultad de educación. Universidad de Concepción.

“Que la estructura económica más racional, si se establece con menosprecio de las exigencias fundamentales de la persona, lleva en sí su ruina” (Emanuel Mounier, Manifiesto al servicio del personalismo.)

Es necesario entonces, que si queremos tratar de estudiar la ciencia económica, la organización de las empresas o el trabajo mismo, tengamos claro como base que las empresas están formadas por personas y que el trabajo está realizado por hombres y mujeres que aportan con creces al bienestar social.

¿Por qué trabaja la persona?. El ser humano desde que nace se enfrenta a la naturaleza que, en principio le ha sido hostil, pero que al mismo tiempo le brinda posibilidades de subsistencia, crecimiento y constante perfeccionamiento en su calidad de ser humano y del ser comunitario.

La relación del ser humano con la naturaleza, es una relación de intercambio que hace posible que el ser persona humanice la naturaleza. Por desgracia, sabemos que en el presente el ser humano ha venido degradando la naturaleza y en su avidez de consumir más, no se ha escatimado acción por depredarla.

También podemos decir que una persona desde su nacimiento, se encuentra sumergido en medio de una naturaleza que le es hostil, como ya lo hemos señalado (terremotos, maremotos,, diluvios, pandemias, sequías etc.) En su desarrollo histórico el ser humano en un camino contradictorio, ha tratado a través de su trabajo  obtener lo mejor de ella.

“El trabajo es el medio que emplea el ser humano para adecuar la naturaleza a sus necesidades, para humanizarla y para ponerla al servicio de la persona”. El trabajo dignifica a la persona y en una concepción de las relaciones del trabajo y la producción, lo que fundamenta la estructura de la empresa, considerada como unidad básica de la producción; la función que dentro de ella ocupan los diversos factores de la producción y de la relación de la empresa con el estado en una visión comunitaria de la economía, es la persona la que juega un rol fundamental más allá del capital que se aporte.

En una visión comunitaria de la economía, en una empresa dirigida por personas, todas tienen por objetivo el bien común, tanto aquellos que trabajan allí como para otros seres humanos que también producen para el bienestar general. Reforcemos la idea: toda empresa tiene como finalidad el bien común de los trabajadores y no su explotación o  la enajenación de su trabajo.

En el contacto que tiene la persona con los demás seres humanos, surgen un sinnúmero de relaciones que son producto de la misma esencia humana y del mundo que lo rodea. El ser humano, como ya hemos señalado, se ha dado en transformar la naturaleza y humanizarla, pero aquel camino está lleno de complicaciones. Para transformar la naturaleza nos vemos obligados a sumar esfuerzos de trabajo, de voluntad transformadora con otras personas o grupos de personas que sentimos  las mismas necesidades.

No es fácil en los tiempos presentes señalar con certeza cuales son aquellas fórmulas que permitan organizar el trabajo y su producción (creación, transformación) respetando la dignidad humana. Sin embargo y a este respecto podríamos señalar dos:

1.- Una forma de organización productiva, es que reconozca efectivamente a la persona y su carácter de gestor de su propio destino. Los trabajadores asumen su responsabilidad en la empresa, y por consiguiente controlan su directorio y sus utilidades; todo esto dentro del marco de la planificación nacional. (Echeverría, Bunster Andrés. Bases para una visión comunitaria de la economía, Pacífico, 1972)

2.- Una fórmula que no niegue al ser humano en su condición de SER; es decir, que si mediante el trabajo la persona debe personalizar la naturaleza, que no sea su propio trabajo la causa de su despersonalización. Aquello sucede cuando nos vemos privados del producto de nuestro trabajo, ya sea enajenado por la acumulación capitalista o de organizaciones de carácter impersonal que nos reduce a ser  meros instrumentos de quienes son dueños del capital.

Las organizaciones, donde el trabajador es actor principal, se caracteriza por valores que nos llevan a comportamientos consistentes: solidaridad, colaboración, responsabilidad transparencia, sinergia, resiliencia para comportarse como empresa de personas, de seres humanos, una empresa de trabajadores autogestionada. Con la formación de los trabajadores del presente, su compromiso y profesionalismo, se debe tener una solución para evitar continuar con la desigualdad que nos aqueja.

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