«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

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Cuando el turismo cruza el límite y daña lo irremplazable

Jadille Mussa Castellano

Académica Arquitectura del Paisaje, U. Central

Las áreas silvestres protegidas existen en Chile y otros lugares del mundo para resguardar territorios de alto valor ecológico, paisajístico y cultural, su protección responde no solo a su belleza inigualable, sino también a la extrema fragilidad de sus ecosistemas y a la presencia de especies endémicas o en categoría de conservación, cuya alteración pudiera ser irreversible.

Frecuentemente vemos a grupos de visitantes nacionales o extranjeros realizar actividades expresamente prohibidas en zonas protegidas, entre ellas el uso de motos acuáticas, fumar y encender fuego; estas acciones están prohibidas, y no son transgresiones menores, o insignificantes, ya que cada una de ellas puede implicar riesgos graves como es la contaminación de las aguas de ríos prístinos, incendios forestales, perturbación de fauna y degradación de hábitats que podrían tardar décadas en recuperarse, si es que lo logran.

La ausencia de guardaparques o personal de vigilancia permanente no exime a nadie de su responsabilidad, el cuidado de estos espacios es un deber ético y legal que todas las personas deben cumplir. Las normas existen para prevenir daños, no para ser interpretadas según conveniencia. Proteger las áreas silvestres es proteger un patrimonio común, irreemplazable y heredable, el respeto por estos entornos no es opcional, es una obligación mínima frente a la naturaleza y a las generaciones futuras.

Fuente de imagen:

https://www.ciperchile.cl/2025/06/13/salmonera-aquachile-produce-miles-de-toneladas-en-areas-protegidas-sin-permiso-ambiental/