«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

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MANIFIESTO HUMANISTA

Andrés Cruz Carrasco

Abogado. Doctor en Derecho (Universidad de Salamanca). Magister en Filosofía moral (Universidad de Concepción). Magister en Ciencias Políticas, Seguridad y defensa (ANEPE). Máster en Política Criminal (Universidad de Salamanca).

Cuídate de los que se arrastran para ascender, porque suelen ser los que muerden más fuerte y son los más letales. Del que vive para postrarse ante los poderosos para recibir un par de monedas o ser designado en el cargo tan codiciado. Del que gatea y sólo lesiona a los indefensos, para ser tenido como el subordinado favorito del jefe. Del que delega todo para no hacerse responsable de nada, exhibiendo como suyos los éxitos ajenos y haciendo de otros los fracasos que le corresponde asumir.

Cuídate de los hipócritas y mentirosos, pero en especial del que aparece cuando te miras en un espejo. Se puede ser caradura y desvergonzado no sólo con los otros, sino que también con uno mismo. Cuídate del fanatismo y la obcecación, pero no confundas la tolerancia con la pusilanimidad, la cobardía y la pereza o el miedo al conflicto, aceptando como validables todas la ideologías extremistas, aunque apelen a destruir todo en lo que crees o a exterminar a otros sólo por pensar distinto. La templanza y la prudencia no pueden conducirnos a ser estúpidos, indolentes o apáticos, de modo de aceptar que todos se desenvuelvan sin freno alguno, dejándonos caer en un abismo de autodestrucción por guardar silencio y limitarnos a ser meros espectadores de la demolición del pasado y el presente por el advenimiento futuro de un supuesto mundo mejor.

Esmérate en dar todas aquellas batallas que sean necesarias por tus convicciones, aunque se tenga que perder una y otra vez. Estas luchas valen la pena. Sin embargo, cuídate de elegirlas bien, para no verte arrastrado por un torbellino de dolor y sangre, transformándote en verdugo, cuando actúas queriendo ser un santo o un héroe.

Cuídate de apasionamientos brutales que te hacen un peligroso instrumento, muy útil para algunos, que sólo te tenderán una mano cuando algún provecho puedan sacar de ti y luego te dejarán caer, por la causa, en el abismo de los gloriosos inútiles. Cuídate de la arrogancia y la vanidad, que nos hacen olvidar nuestra naturaleza humana, y nos convencen de poseer un carácter divino, haciéndonos ciegos frente a nuestros defectos e impidiendo que reconozcamos la virtud en otros. Cuídate de los efectos del abatimiento, y asume los errores como experiencias. El que afirma no haberse equivocado jamás es simplemente un gran embustero o no ha vivido nada.

Vela por reaccionar ante las injusticias, pero sin hacer escarnio del que tiene algo que decir y sin tener como víctimas al primero que asegure poseer un mejor derecho, puede tratarse de un espejismo o manipulación, pudiendo hacernos devenir en criminales por nuestra fogosa fe en un delirio político o religioso.

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