«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

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Riesgos socio naturales en un país de desarrollo medio

Rafael Galdames Fuentes

Sociólogo CEUR- Universidad del Bío-Bío

Hace un año me trasladé de la ciudad de Concepción Chile a Chillán, ambas con una historia común de terremotos, en el caso de Concepción/Talcahuano/Tome (Dichato) cercana a la costa y con experiencias de tsunami. Chillán, en cambio, en la proximidad volcánica.

En la materia, la institucionalidad país como la conciencia comunitaria denota prevención y saber popular frente a las amenazas descritas. De hecho, en la historia del siglo XX y XXI, el impacto de desastres en muerte ha disminuido notablemente junto a construcciones técnicamente más potente o antisísmicas.

La institucionalidad nacional destaca en todo esto, en particular, en materia de reconstrucción de mediano y largo plazo, como el caso de la construcción de palafitos fortalecidos en las caletas costeras de estos territorios post terremoto y tsunami del 2010, considerando la relación vivencial de hogar y trabajo propias de la pesca artesanal y su vida comunitaria ligada al mar.

Para el caso del área volcánica es frecuente el monitoreo por organismos especializados del Estado, las alarmas preventivas y cierres de perímetros frentes a la posibilidad de una erupción. Por cierto, al respecto, nada está definido dado el carácter irruptivo de la naturaleza y la complejidad de la vida moderna y el crecimiento poblacional, que conlleva a sectores de la población con menores recursos a zonas de mayor riesgo, por el carácter de la amenaza y su mayor grado de vulnerabilidad físico social y psicológico.

En este marco, un desafío país es mejorar la redistribución del ingreso, que permita a los más desventajado mejorar sus condiciones de vida y grado de vulnerabilidad asociada.

Lo anterior como visión retrospectiva, hoy en Chillán, ciudad ubicada en el centro de nuestro largo país y a cien kilómetros de la costa y otros tantos, pero menos, de la cordillera y su majestuosidad invernal, mi mirada se centra en acontecimientos socio naturales de reciente data que se hacen frecuente y frente a los cuales la prevención, así como la experiencia institucional y técnica está más desmarcada, a pesar de la existencia de recursos materiales y humanos potenciales.

Se trata de un número cada vez más mayor de trombas marinas y su llegada a través de vientos laterales al valle o los valles de los territorios antes dichos.

Las voladuras de techos y rupturas de vidrios como de materiales livianos de las construcciones habitacionales, comerciales y de servicios de las ciudades de Talcahuano, Concepción, Los Angeles (cercana Chillán y en situación geográfica semejante a esta última) representan un cúmulo de riesgos específicos, que dado su carácter focalizado y de impacto proporcionalmente menor no constituyen un riesgo asimilado en comparación al indicado en el párrafo antecedente. Sin embargo, de riesgo gravitante en sectores sociales de menores recursos o de recursos medios y en general en la población de las ciudades en las horas de vida laboral.

Aquí hay un déficit de respuesta de los distintos actores sociales e institucionales.

En Chile, una cuestión preocupante es la falta de vida comunitaria hoy centrada en la vida individual, lo que evita una consciencia comunitaria en la materia y genera una desidia institucional. Es fundamental, frente al riesgo de los desastres socio naturales la generación de un espíritu de cuerpo social. En ello la comunidad barrial y local es clave.