«Cuántos te han robado la vida sin que tú te percataras de lo que perdías, cuánto se han llevado el dolor inútil, la alegría necia, la codicia ansiosa, la conversación huera, que poco te han dejado de lo tuyo: comprenderás que mueres prematuramente»

Séneca

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Arquitectura para estimular el aprendizaje

Uwe Rohwedder Gremler

Decano de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura de la U. Central

Todo el espacio construido que nos rodea nos afecta y condiciona nuestros sentidos, desde el cómo habitamos hasta como nos encontramos en los espacios públicos en la ciudad.

Con cierta preocupación hemos visto como algunos de nuestros antiguos e históricos liceos han sufrido un deterioro fuerte y han perdido su esencia, su legendaria identidad y finalmente su dignidad, considerando que la educación es un pilar fundamental para la formación de ciudadanos, de seres humanos con empatía y cultura para soñar con esa sociedad más justa y sobre todo que pueda ofrecer oportunidades a todas y todos.

Debemos hacer un gran esfuerzo a nivel político y de gobiernos locales para devolver autonomía y recursos para hacer una reingeniería espacial en nuestros espacios educativos. Los aularios, auditorios, talleres, laboratorios, patios y pasillos deben acoger cada vez más espacios colaborativos visibles y transparentes en que se vea lo que se hace, en que los otros se vayan involucrando con los que están estudiando o experimentando en un laboratorio. Los acondicionamientos físicos y ambientales son ya urgentes desde el diseño, revisando las normativas, ya no es suficiente hablar de ventilación o cantidad de luz.

La vieja forma de aulas, más bien parecidos a recintos hospitalarios o carcelarios en que se encierran los estudiantes deben transformarse en espacios que estimulen el trabajo en equipo y cambien la dinámica de sillas en filas con un profesor dictando una clase. Estamos hablando de cambiar la forma que involucra proporciones, color texturas y lo más importante ojalá siempre con presencia de elementos naturales que nos ayuden a sentir alegría y que el ir a ‘clases’ sea estimulante y no un tedio monótono. Que sea el colegio un lugar al que queramos acudir, no por obligaciones del sistema sino porque es el lugar en que podemos crecer y proyectar mejor nuestro futuro.

Para ello se deben revisar programas de estudios y preguntarse siempre, para mejorar el aprendizaje que espacio necesitamos, respondiendo aquella pregunta podríamos diseñar espacios educativos que por el sólo hecho de recorrerlos o habitarlos ya estamos aprendiendo, es decir, una arquitectura que estimula y fortalece el aprendizaje desde su propia creación espacial y vivencial.