
DECRECIMIENTO EN LA UNIÓN EUROPEA
| La Unión Europea (UE) enfrenta un estancamiento estructural y un declive relativo desde 2008, con una productividad estancada, envejecimiento poblacional y pérdida de peso en el PIB mundial (del 31% en 2004 al 17% en 2024). La economía en la UE apenas creció un 0,2% durante el segundo trimestre de 2025, con riesgo de recesión en Alemania y Francia debido a la crisis energética, alta deuda y falta de innovación tecnológica. Son síntomas de agotamiento del modelo económico de crecimiento permanente que está llegando a sus límites, ya vislumbrados en el Informe al Club de Roma publicado en 1972 y ampliamente comentados en otros artículos de este semanario.[1] |
Este declive económico ha sido causado por varios factores como pérdida de competitividad, y crisis demográfica, energética y geopolítica. Se observa una pérdida de competitividad frente a Estados Unidos y China, con un crecimiento del PIB per cápita casi nulo desde la crisis de 2008.
En cuanto a demografía, Europa es el continente más envejecido, con una tasa de natalidad de 1,5 hijos por mujer, lo que presiona los sistemas de pensiones y reduce la fuerza laboral.
La crisis energética y geopolítica azuzada por la dependencia de importaciones de combustibles y los conflictos internacionales como la guerra en Ucrania y la guerra entre Israel y Palestina, han incrementado costos y afectado la producción industrial, particularmente en Alemania, tocando también a Inglaterra y Francia.
Situación de la UE en el período 2025 – 2027 y las previsiones apuntan a un crecimiento moderado de un 1,3% en 2025 y 1,2% en 2026 en la zona euro, con riesgos derivados de la inflación, déficits públicos y tensiones comerciales crecientes. El peso de la UE en el PIB global ha caído del 20% en el año 2000 a solo el 14% recientemente.
La imposición de aranceles y las políticas proteccionistas globales –como las de la administración Trump en EE.UU.— están generando incertidumbre en las exportaciones europeas.
Se ha instalado desde 2023 un debate entre el Crecimiento tradicional promovido por el neoliberalismo y un nuevo planteamiento económico Decrecimiento / Post-crecimiento que ha generado ya quince congresos ‘Más Allá del Crecimiento’ (“Beyond Growth”) en diversas ciudades europeas como Bruselas, Copenhague, Madrid, Pontevedra y otras. Se ha instalado un debate sobre el «decrecimiento» como necesidad para cumplir metas ambientales, proponiendo una reducción del consumo de energía y bienes naturales comunes para un reparto más equitativo, según expertos. En resumen, la UE vive un declive económico y demográfico estructural, obligando a replantear su modelo de crecimiento y sostenibilidad.
Fuera de las cifras negativas, existe un fuerte movimiento político y académico en Europa que aboga por el decrecimiento planificado (“Degrowth”). Este enfoque sugiere reducir deliberadamente la producción y el consumo para enfrentar debidamente el cambio climático, priorizando el bienestar social sobre el crecimiento del PIB y la disminución de la brecha de desigualdades entre ricos y pobres mediante el cambio desde la competencia hacia esquemas de colaboración, ideas que ganan tracción en foros como el Parlamento Europeo [2] pero que chocan con las políticas actuales de competitividad.
“La Conferencia Más Allá del Crecimiento 2025, celebrada en España en el Congreso de los Diputados, ha sido un espacio de deliberación democrática por un nuevo modelo económico que tenga como base el cuidado de las personas y el planeta. Un primer paso para un nuevo pacto social que nos ayude a superar la dependencia que tiene nuestra economía del crecimiento económico y de relaciones globales desiguales y así atender la crisis ecosocial actual en sus diversas dimensiones para hacer posible una vida digna dentro de los límites planetarios”. [3]
Lo que está sucediendo en la Comunidad Europea repercutirá fuertemente en países de Centro y Sud América por la arremetida matonesca que está recibiendo dada la política expansionista de EE. UU. hacia su ‘patio trasero’, y sobre todo en Chile que había depositado grandes y exultantes esperanzas, mucho más allá de lo dicta la prudencia, en la producción del vector energético hidrógeno verde y en su derivado, el amoniaco verde.
El baldazo de agua fría recibido durante la última semana por la renuncia de inversionistas foráneos a continuar desarrollando sus proyectos, tanto en Magallanes (la estatal francesa EDF canceló su proyecto de H2V Energía Verde Austral-Eva y se retira definitivamente) como en Antofagasta (AES Andes cancela el proyecto INNA), ambas por falta de mercado comprador e incertidumbres varias. “No hay quien compre hidrógeno verde: sólo el 13% de los proyectos tiene contrato de venta” [4].
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FUENTE DE IMAGEN:
REFERENCIAS:
[1] https://laventanaciudadana.cl/el-decrecimiento-en-el-mundo-actual/







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