
El inefable “compañero Carmona”
El Presidente del Partido Comunista de Chile, Lautaro Carmona, junto al miembro de la Comisión Política de la colectividad Juan Andrés Lagos, concluyeron una breve gira de cinco días a Cuba. Se entendía que el objetivo del viaje era el de conocer de primera fuente, de ver con sus propios ojos, la realidad política y social de la isla que ha estado bajo el gobierno de un partido hermano, por un tiempo no despreciable: sesenta años.
La situación económica actual de Cuba, es crítica. La pobreza generalizada se palpa en todas partes. Millares de niños juegan a la pelota en las calles, muchos hombres venden escuálidos poemas de su autoría en los asientos maltrechos de las resecas plazas públicas como una forma disimulada de pedir limosna, en tanto que grupos de niñas poco más que adolescentes ofrecen “sus servicios” a los turistas. En los vetustos y descascarados palacetes derruidos y que fueron transformados en “viviendas colectivas”, se puede observar a hombres y mujeres ancianos sentados en pequeñas bancas o sillas mirando el lento desplazamiento de transeúntes como una forma de matar el tiempo inmersos en una vida que parece no tener metas ni sentido. Salvo algunos piquetes de “pioneros”, escolares uniformados, nada ahora muestra que estamos en el corazón de una Revolución.
Es cierto que el bloqueo estadounidense ha sido la principal causa de las condiciones paupérrimas de subsistencia de la población cubana, pero también es verdad que muchas naciones (entre ellos Chile) rompieron parcialmente el cerco y, también, que el régimen comunista cubano ha logrado subsistir a pesar de todo a los embates “del imperialismo” demostrando que su agresión económica ha sido claramente un fracaso total.
Por otra parte, los sucesivos gobiernos cubanos no han sido capaces o no han querido, adoptar medidas que integraran al país al bloque de naciones occidentales. Era más fácil (aunque menos digno) subsistir con los subsidios caritativos de dictaduras tales como la Unión Soviética o Venezuela. El tema concreto es que en medio de todas las vicisitudes, Cuba siempre constituyó una anquilosada dictadura permanente.
Para los parámetros de las democracias liberales, resultan incomprensibles las palabras del anacrónico líder del PC chileno cuando con todo desparpajo afirma “Se decide de un plumazo si (Cuba) es una democracia o no”. Por supuesto, no se trata de un plumazo o de una afirmación infundada. Para proseguir el análisis, se hace imprescindible ante todo definir los términos de la discusión. ¿Cuáles son los elementos que caracterizan una democracia liberal conforme a criterios técnicos, no políticos? Elección periódica de autoridades en votación libre, secreta e informada, respeto irrestricto a los derechos humanos, gobierno de mayorías con respeto a los derechos de la minoría posibilitando la alternativa en el ejercicio del poder, separación y autonomía de los tres poderes del Estado, todo ello con secuelas lógicas tales como libertad de expresión, libertad de reunión y asociación, libertad de culto, pluralidad de partidos, etc. ¿Se puede entonces probar que el régimen cubano puede soportar “la prueba de la blancura”?.
Ni la Cuba de Castro, familia y herederos, ni las dictaduras de Pinochet o Franco, ni la República Bolivariana de Chaves y Maduro, ni los regímenes de la fenecida Unión Soviética, ni la República Popular China, pueden cumplir satisfactoriamente con los requisitos ya expuestos. Podrán taparse la cara bajo cualquier eslogan (democracia popular, democracia protegida, democracia social…) pero no podrán cambiar la realidad.
El Pe Ce está viviendo una crisis existencial. Por una parte aparece Carmona y sus boys (Jadue, Lagos) y la vieja guardia, que no terminan de convencerse de que los tiempos han cambiado y que las periódicas peregrinaciones a Moscú en busca de ideas e instrucciones fueron una quimera que ya se esfumó, y, por tanto, siguen pegados al sueño dogmático del marxismo – leninismo, ilusión. que ya no fue. Frente a ellos, una generación de reemplazo (Vallejo, Jara, Cariola ) que se abre paso y que, con plena conciencia, construyen un Partido abierto a actuar mancomunadamente con otras colectividades progresistas en procura de una sociedad más justa para todos.
En breve tiempo, podremos ver resultados que definirán si triunfa el dogmatismo cerrado o la esperanza sembrada por mentes más abiertas y menos sumisas.







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