«El dinero es la peor moneda que jamás se haya creado entre la humanidad. Saquea ciudades, expulsa a las familias de sus hogares, enseña a corromper las mentes más dignas para convertirlas en viles actores».

Sofocles

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Una semana de terror.

Donald Trump ha definido su gobierno como un actor decidido en la lucha contra el terrorismo. Sus secuaces lo han aplaudido y han mostrado su solidaridad adhiriendo al “Escudo para las Américas”. Al mismo tiempo, Trump ha iniciado una nueva guerra en Irán, asesinando, “por error” a 175 escolares, en un bombardeo. Ninguno de sus seguidores ni en Chile ni en Argentina, ha tenido el coraje de alzar su voz por lo menos para requerir esfuerzos de paz.

El bombardeo de Irán quiso mostrar al mundo (y a China) que el poder del imperio no tenía límites y que podía aplastar en una semana a cualquiera nación. Pero, como siempre, la realidad es más fuerte que el humo de la demagogia y nos lleva a predecir que, tal como ha sucedido con el genocidio del pueblo palestino, el conflicto amenaza con proseguir indefinidamente.

Lo que el genio de Trump no previó, es que sus acciones desatarían una crisis del petróleo cuyas secuelas y esquirlas afectarían directamente al capitalismo global y generarían un clima inmanejable de inseguridad e incertidumbre. La economía interna de los EE. UU. muestra hoy un declinar inesperado, la impopularidad de su gobierno llega al 60% y todos los países de su “esfera de influencia” sufren consecuencias inesperadas.

El caso de Chile, país con un modelo de economía abierta, es paradigmático. El alza del precio de los combustibles alcanza rangos nunca vistos arrastrando tras de sí los precios de productos y servicios vitales para la subsistencia de la población. La popularidad del nuevo gobierno encabezado por José A. Kast se desploma cayendo en 7 días casi 20 puntos y las respuestas oficiales son erráticas e inconsistentes. La ministra vocera oficial se muestra débil y dubitativa, exhibe su carencia absoluta de manejo político en tanto que el ministro de Hacienda procura superar la crisis anunciando múltiples bonos sectoriales que, de hecho, implican dejar sin ayuda a más del 50% de los ciudadanos.

Por su lado, el cerebro de los asesores de Kast. Cristián Valenzuela, transformado ahora en “parásito del Estado”, idea el eslogan de que “el Estado de Chile está en quiebra”, en tanto que la ministra vocera Mara Sedini lo replica rápidamente en circular enviada a todas las carteras ya que daña irreparablemente la imagen externa del país y afecta el acceso a financiamiento internacional. Si JAK tiene conciencia de como esto afecta al “gobierno de emergencia” debería remover de sus funciones a ambos, Valenzuela y Sedini. Sus desatinos han generado incomodidad en el seno del oficialismo y voces provenientes principalmente desde Renovación Nacional (Schalper, Becker, Núñez) no han silenciado sus críticas disidentes.

En Seguridad, la ministra Trinidad Steinert se ha comprado gratuitamente un conflicto al requerir el llamado a retiro de la prefecta Constanza Peña, por razones personales derivadas de desencuentros de la época en que era Fiscal. Simultáneamente se ha conocido el hecho de que la economía de un 3% en todos los ministerios dispuesta por Hacienda, afectará en 75.000 millones a esta cartera, con misión relevante en la consideración de la ciudadanía.

Así, Seguridad, Economía y Migración, puntos esenciales del programa de Kast, no parecen mostrar un mínimo de resultados concretos inmediatos.

Después de más de 90 días desde la elección, numerosos cargos a nivel sectorial y regional, continúan acéfalos y han ido siendo copados, lentamente, con los candidatos a alcaldías y parlamento derrotados en elecciones precedentes.

Los errores bajo el mandato de Boric fueron tildados en su época como propios de estudiantes en práctica. Bajo este gobierno, son propios de aprendices.

JAK no se muestra a la cabeza de la conducción. Su gira a La Araucanía, con visitas protocolares de 15 minutos a una comisaría y una escuela, sólo trajo frustración para los agricultores de la región que esperaban ansiosos anuncios trascendentes para la Seguridad y Desarrollo de la zona.

En síntesis, no hay avances efectivos en ninguna área, salvo en cuanto a los 17 kilómetros de zanja fronteriza que realiza el Cuerpo Militar del Trabajo. Muy poco para un presidente electo que dispuso de tres meses para formar sus equipos.   

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