
¿POR QUÉ SE QUEMA CHILE?
Chile vive una nueva tragedia. Centenares de incendios forestales reducen a cenizas miles de hectáreas de bosques, monte bajo, sembrados, llegando incluso a afectar las ciudades. Hay más de una veintena de muertos, cerca del millar de heridos, hay gente desaparecida y miles de damnificados. En su gran mayoría, se trata de gente pobre, campesinos que viven al día, pobladores sin seguros, sin recursos.
Estamos viviendo en el extremo sur de América un drama inédito, con unas temperaturas muy superiores y con bastante sequedad ambiental. Y como también se registran vientos fuertes, la conjunción devastadora que provoca el cambio climático, está completa.
Los incendios se producen cuando surge una chispa de alguna máquina o de un vehículo, un rayo, o un cigarrillo encendido. Responsabilidad humana, sin duda. Como cuando un campesino realiza roces a fuego para eliminar la maleza, sin tomar las medidas elementales de prevención. Hay mucho descuido cuando se realizan paseos al campo, cuando uno se va de picnic y se dejan mal apagadas las fogatas. O se lanzan botellas al campo, sin pensar que con ese vidrio y el sol embravecido, se produce el llamado “efecto lupa”, que también es origen del fuego.
Pero, además de los desprevenidos, de los descuidados, hay quienes provocan incendios para conseguir algún beneficio. Son delincuentes, que cobran por ejecutar tales fechorías, que alguien corrupto les manda a hacerlo. A estos hay que aplicarles todo el rigor de la Ley. A los que lo provocan y a los sinvergüenzas que les pagan por hacerlo.
También hay responsabilidad en aquellos que se dedican al negocio de la madera y sus derivados. Porque hay muchos que realizan enormes plantaciones de especies exóticas para la zona geográfica, como el eucaliptus y el pino radiata, que tienen una rápido crecimiento. Son especies que consumen muchísima agua, afectando a los suelos que impiden el crecimiento de otras especies y una enorme sequedad ambiental. Estas plantaciones abarcan extensas zonas, rodean casas campesinas, galpones, e incluso, poblados y ciudades. Sus gestores o propietarios no adoptan medidas de prevención, como hacer los suficientes corta fuegos, para evitar el paso de las llamas de un bosque a otro. Son especies altamente inflamables.
Estos empresarios madereros reciben ayudas oficiales desmesuradas desde la época de la dictadura. Por ejemplo, el Decreto Ley 701, les otorgaba un subsidio creado “para fomentar la industria del sector” y que no contemplaba la gestión del suelo y del recurso hídrico. Según un reportaje publicado en el 2017 por CIPER, las forestales, entre 1974 y 2013, recibieron bonos por unos 875 millones de dólares. El 70% de esta cantidad ha sido entregado a las medianas y grandes empresas. Y sólo DOS grupos (Matte y Angelini) habrían recibido unos 600 millones de dólares, sólo por concepto de plantación y gastos administrativos asociados.
El Decreto Ley 701 debía caducar en 1997, pero en tal fecha el Congreso y los gobiernos correspondientes, decidieron extender el plazo por veinte años más, mediante el mecanismo legal de que el Ejecutivo presenta un proyecto y el legislativo lo aprueba. La última prórroga fue presentada en el 2015 para el período 2016-2018, pero se paralizó.
Hay responsabilidad en los madereros que, además de no construir los suficientes cortafuegos, hicieron sus plantaciones rodeando poblados y ciudades, y encerrando prácticamente viviendas de los campesinos. Igualmente, no se “limpia” el campo, ni se realizan constantes podas que eliminen las ramas secas, ni se quita la maleza. Tampoco se elimina la vegetación junto a los tendidos eléctricos.
En fin, todos tenemos responsabilidad en esta situación que nos agobia. En diferentes grados, obviamente. Por lo tanto, debemos adoptar decisiones muy serias para evitar –o, por lo menos, minimizar- los incendios forestales. Las autoridades deben fiscalizar que se respeten las leyes y ordenanzas, controlar el manejo del suelo y la potencialidad hídrica del país, revisar el otorgamiento de recursos del Estado al gran empresariado. Pero, además, dotar de mayor y más moderno equipamiento a las Brigadas Forestales de CONAF, a los Cuerpos de Bomberos del país, y a los municipios. Adquirir una potente flota aérea especializada en este tipo de incendios. Y las policías, deben estar siempre dispuestas a detener y castigar a los delincuentes que provocan estos fuegos.
Por supuesto que los ciudadanos comunes y corrientes también tenemos tareas que realizar, como por ejemplo, desarrollar iniciativas de prevención y estar preparados para movilizarnos en torno a acciones solidarias. Entre todos debemos y podemos ayudarnos, protegernos y estimularnos, para que nos levantemos, superemos el dolor y sigamos avanzando hacia el progreso.







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