
EDITORIAL. Hagamos florecer la esperanza.
El cierre de cada año, abre paso a una larga serie de saludos mediante los cuales nos acercamos a nuestros familiares, amigos y colaboradores deseando paz en la noche de Navidad y prosperidad en la nueva etapa que se inicia.
Sin embargo, tras la formalidad de estos mensajes, podemos constatar, aun cuando resulte desagradable decirlo, que no solo estamos viviendo una crisis que se manifiesta en los diversos ámbitos de la vida en común sino que hemos pasado a ser una sociedad amarga, plagada de violencias y frustraciones, de desconfianzas y egoísmos.
Un rápido vistazo a la realidad nacional es suficiente para comprobar que nuestro país experimenta graves carencias en vivienda, educación, salud, pensiones, sin perjuicio de los problemas crecientes en materia de infraestructura, transporte urbano, migraciones y, por supuesto, seguridad y orden público. Si asumimos racionalmente estos hechos, podremos concluir que es virtualmente imposible que en un plazo determinado, por ejemplo el transcurso de una generación, estos desafíos puedan resueltos. El ejemplo más notorio y palpable lo encontramos en materia de vivienda en que, aun cuando el actual gobierno y dos posteriores mandatos sucesivos cumplieran cabalmente sus programas en el rubro, el déficit permanecería tanto por el incremento de la población como por el deterioro del stock de viviendas obsoletas.
El sueño de alcanzar los niveles de vida de naciones desarrolladas, más allá de ser una simple entelequia estadística, está condenado a diluirse en el tiempo y ese antecedente lo tenemos que asumir. Somos un país que debe acostumbrarse a vivir una vida modesta ajustándose a los hechos que siempre son más porfiados que las utopías oníricas.
Lo dicho implica cambiar nuestra actitud personal ante la vida propia y ante la vida en comunidad. Significa entender que no es posible configurar una sociedad mejor si no es en base al sacrificio y el esfuerzo común y al respeto convencido de los derechos fundamentales de los demás.
Desde LA VENTANA CIUDADANA hemos estado haciendo un esfuerzo sostenido para abrir un espacio de diálogo en el cual se expresen diferentes puntos de vista y, así, en un clima de respeto mutuo podamos concordar en caminos que nos ayuden a salir hacia adelante.
Es hora de que erradiquemos nuestras conductas cargadas de odio, de resentimiento y de agresividad y abramos paso a la fraternidad y a la solidaridad.
Una nueva Navidad y un Nuevo Año, debieran ser el momento preciso para que nos replantemos la forma en que hemos estado viviendo, y hagamos un esfuerzo que signifique abrir camino al reflorecer de la esperanza.




![El misterio de la vida [*]](https://laventanaciudadana.cl/wp-content/uploads/2024/10/ugo-150x150.jpg)


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