
EDITORIAL. “LOS DESASTRES NO SON NATURALES”
Los terremotos, las lluvias intensas o los huracanes son fenómenos naturales, pero que se convierten en desastres únicamente cuando impactan a comunidades vulnerables, mal preparadas o asentadas en zonas de riesgo. El desastre es, en realidad, una construcción social relacionada con el comportamiento ciudadano y político.
Según ha informado la Oficina de la ONU para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNDRR), llamar a un desastre «natural» elimina la responsabilidad humana. Una lluvia intensa que azota un área deshabitada no es un desastre; solo lo es cuando destruye ciudades y asentamientos humanos que carecen de infraestructura adecuada o que fueron construidos sin planificación territorial.
En Chile, por ejemplo, los sismos se generan por procesos geológicos permanentes, pero la diferencia entre un evento menor (temblor) y uno mayor de carácter desastroso (terremoto), depende directamente de las normas de construcción antisísmica, de planes reguladores que tomen en cuenta la naturaleza y de la gestión del riesgo local. Para entender a fondo la diferencia entre un fenómeno natural y la construcción social de un desastre: los desastres son siempre el resultado de las acciones y las decisiones humanas.
En síntesis, un desastre es la incidencia de fenómenos naturales riesgosos en lugares con condiciones de vulnerabilidad tanto física como socioeconómica como, por ejemplo, situaciones de pobreza, viviendas precarias, mal diseñadas o mal ubicadas, suelos inadecuados, construir edificaciones sobre rellenos de humedales, urbanizaciones mal proyectadas, cercanía de viviendas y poblados a plantaciones forestales o vice versa, crecimiento de las ciudades sin planificación ni armonía, etc. Así, podemos afirmar que enfrentaremos un alto riesgo de desastre si uno o varios fenómenos naturales ocurren en situaciones de vulnerabilidad.







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