
EDITORIAL. Rol de la prensa en una sociedad solidaria
La libertad de prensa constituye uno de los pilares fundamentales de las democracias liberales. Su papel es clave para permitir que las diversas opiniones se expresen y expongan ante los ciudadanos los diversos puntos de vista ideológicos que compiten por ganar su confianza.
En el país, en general, esta libertad se ha desarrollado adecuadamente, salvo, por supuesto, en el largo interregno de la dictadura, período en el cual los grandes medios, escritos y televisivos, mantuvieron una conducta servil bastante vergonzosa.
En el Chile de hoy, la situación es bastante más complejas. Por un lado, se ha buscado confundir la libertad de prensa con la libertad de empresa, en tanto que por otra parte, se ha buscado la configuración de grandes conglomerados comunicacionales que reúnen en una sola mano prensa escrita, canales de televisión, radioemisoras e incluso incursiones en el enorme mundo de las redes sociales. Se trata, en estos casos, de un proceso de control de la opinión pública, mediante autorreferencias que llevan a pensar que “todo el mundo” piensa de determinada manera.
En los hechos, tales conglomerados cumplen, aunque exageradamente, su rol de de la “cuestionar al poder” cuando quienes lo ejercen se sitúan en posiciones políticas contrarias a la ideología de los medios adscritos a esos grupos, pero devienen a un servilismo ramplón y acrítico al enfrentarse a gobernantes proclives a sus convicciones y a la defensa de los intereses que representan.
La sociedad tiene el deber de rebelarse frente a esta realidad, cuestionando una manipulación mediática que trina siendo dañina e inaceptable.
Cuando el periodismo de masas oculta ciertos aspectos de la vida en sociedad, está cometiendo, sin duda, un fraude comunicacional. Tal es el caso de la información relativa a las enormes y escandalosas desigualdades sociales que se esconden bajo la falacia de que los pobres son pobres porque no trabajan lo suficiente. También llama la atención su actitud constante de desprestigio de la educación pública, silenciando el hecho evidente de que los colegios exitosos privados, todos del barrio alto de la capital, tienen colegiaturas mensuales cercanas a los $700.000 en tanto que el Estado debe solventar la mantención de miles de establecimientos, situados en su mayoría en áreas rurales o sectores urbanos de entornos más vulnerables.
En fin, hay muchos otros aspectos de la vida en común que expresan nítidamente las enormes inequidades que persisten en la sociedad en que vivimos y que la gran prensa oculta o justifica pero que, sin duda, constituyen “un escándalo que clama al cielo”.
Tomar debida conciencia de esta realidad, es la condición necesaria para construir una sociedad solidaria. Si lográramos aprender que las injusticias destruyen las relaciones sociales y, en consecuencia, se alimenta un clima de creciente animadversión, aprenderíamos que no podemos realizarnos sin los demás, lo que implica exigencias de respeto mutuo, de formas de vida sencilla, de amistad cívica y de comprensión de quienes son distintos.


![¿Se acabó? ¿Podemos realmente tener paz en Palestina? [*]](https://laventanaciudadana.cl/wp-content/uploads/2025/10/ugo1-1-150x150.jpg)




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