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LA ANCHURA DE UN SUEÑO

Gladys Semillán Villanueva

Embajadora por la Paz de las Naciones Unidas por la Letras UNILETRAS. Ave viajera de Semillas para la Juventud

Desde Castelar, Argentina

Estoy en la cama, tiesa, mirando a la nada, los ojos levemente entornados.
El sueño me rechaza, desea evadirse me deja exhausta.
De pronto mi cuerpo se elonga, despacio, las piernas se estiran con gracia,
los pies se han unido en las puntas casi como si bailaran.
Los brazos se levantan y las manos se juntan, buscando las yemas,
final de las palmas.

Silencio, negrura, solo un atisbo de la luz de luna entrando por un escondrijo
desde mi ventana.
Ya no me poseo, se vuela mi alma, siento que me elevo y giro en danza.
Casi soy un disco que suave se desplaza buscando altura.
Al pasar encuentro dos nubes muy finas, muy blancas.
Mucho me sorprendo pues otras no se hallan en ese firmamento 
que atraviesa el alma.

Me aventuro y viajo tan ilusionada que no me asusta el mar y las pétreas montañas.
El océano calla el clamor del agua, se amansa a mi paso, el viento acompaña.
Y llego a la orilla.

Entonces con mucho cuidado
estiro los brazos despliego mis alas.
Me visto de luna, me cubro de gasas,
suelto el cabello, lo adorno de escamas
que yacen dormidas en la playa mansa.

Elijo el paisaje.
En el horizonte se estremece el alba, las formas recobran sus nombres, “montañas”.
Un color difuso adorna mi cara, de suaves arreboles en esa mañana.
Los ojos inquietos buscan una plaza, unas piedras grises y una escalinata.

Se eleva mi sueño, se eleva mi alma
igual que una pluma de vaivén alada
sin perturbar la brisa que encantada pasa
reverente quedo en la PUERTA SANTA.

No hay revoloteo, la mañana avanza, el sol atraviesa la vieja muralla, recién entonces de sus nidos salen las aves canoras a ensayar tonadas.
Primeros gorjeos, primeras campanas, primeros ensueños miman mi llegada.
Mi forma se anida, se abraza, se enlaza,  las alas primorosas se envuelven en gasas.

Y flota mi esencia buscando la calma
 aparecen prontas esas nubes blancas
me arrebujo y me quedo pues ellas amparan.

Salgo del letargo, del hechizo largo, recobro la estampa de frágil anduriña que la
Catedral en su vuelo alcanza.
Con los dedos tibios acaricio las piedras, los mármoles,  la gris argamasa,
las pequeñas hiedras que en ellas se encarnan.

Descubro los musgos, el tiempo que pasa, borrando colores que la humedad arrasa.
La ciudad despierta, el rumor avanza, los pasos ligeros, las voces, las gaitas que afinan sonido para la xuntanza.
Es día de fiesta.

Llegue justo esa mañana de sol
de alegría, de preparativos regios
que estallan gloriosos este veinticinco,
se verán pasar orantes peregrinos,      
con rostros cansados, ojos encendidos.
La luz del Apóstol guió su camino.

Me confundo en ese gentío que en tan poco rato invadió el recinto.
Busco un lugar dónde reclinar mi espíritu y encuentro un poquito de espacio
entre las flores del altar bruñido.
El incienso anuncia que volará el fumeiro, encenderá la música los corazones serios, ya nada es igual, se empieza de nuevo.                             

Siento que las alas reclaman regreso
el sueño perdido se prendió en el ceño,
las manos imploran el pronto sosiego,
toda mi estructura de placer elevo.
Parto raudamente al primer momento
en que no podía conciliar el sueño.

Apoyo la cabeza en los almohadones, busco la postura suave del ensueño.
Descansa el cuerpo pero dos lágrimas caen sobre el lecho.

.          

VUELO A COMPOSTELA
GALICIA

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