«Cada vez que oigo un discurso político o leo los de nuestros dirigentes, me horrorizo de no haber oído durante años nada que sea humano. Son siempre las mismas palabras diciendo las mismas mentiras. El hecho de que los hombres acepten, de que la cólera del pueblo no haya destruido a estos payasos huecos, me parece la prueba de que los hombres no atribuyen ninguna importancia a la forma en que son gobernados, de que se juega – sí, se juega – toda una parte de su vida y de sus llamados intereses vitales»

Albert Camus

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15 días Cruciales

JAK, el presidente electo, se ha impuesto un plazo bastante breve para dar a conocer al país su gabinete ministerial, el cual en teoría debería acompañarlo durante los cuatro años de su mandato. La fecha fijada es el 15 de enero.

La selección, como de costumbre, es algo complicada. En general, el primer elemento definitorio al respecto es el de la confianza personal, total y absoluta en cada uno de los dieciocho nombres, lo que implica un alto nivel de coincidencia valórica y programática. Un segundo elemento, bastante más complejo, es el relativo a una adecuada distribución entre las diversas colectividades de gobierno. Otro punto de vista a tener en cuenta, último, pero no menos importante, dice relación con las capacidades técnicas de los nominados y con sus eventuales conflictos de interés.

¿Qué tenemos hasta ahora? Una realidad evidente: La notoria presión de la gran prensa y de los poderes fácticos que ella representa, en el cumplimiento de esta tarea.

Desde el día siguiente a la elección, los “expertos” (para utilizar el lenguaje mercurial) han ido dando a conocer sus preferencias y entre los preferidos se han destacado Jorge Quiroz para el Ministerio de Hacienda, José Luis Daza para Economía y Francisco Pérez Mackenna para Relaciones Exteriores. Daza, asesor del libertario Javier Milei, presidente de Argentina, al parecer ha sido descartado precisamente por esa razón, ya que en él se aplica el viejo adagio de que “no se puede servir lealmente a dos señores”. En el caso, diversas actividades, especialmente mineras, corresponden a proyectos binacionales y el conflicto de interés es evidente.

El caso de Quiroz también es preocupante: Su pasado lo condena. Si bien es cierto que él no ha sido actor en los graves problemas de colusión de las cadenas de farmacias y de los productores de pollos, sus “informes técnicos” justificando el actuar de los coludidos, será una mácula que lo perseguirá para siempre, causando un daño innegable a la imagen de J.A. Kast.

Mayor reflexión presidencial implica la nominación del eventual nuevo Canciller. Pérez Mackenna es el gerente general de Quiñenco, matriz del grupo Luksic, familia con la mayor fortuna del país y con ramificaciones de inversión en una media docena de naciones extranjeras. Para El Mercurio y La Tercera que, simultáneamente han dedicado páginas enteras a la promoción de este nombre, este origen empresarial no constituiría mayor problema si se piensa proyectar esta cartera precisamente en el campo económico, pero, además de lo impropio de descartar “la política por los negocios”, la fuente de conflictos es obvia ya que no siempre los intereses de los grupos económicos privados coinciden con los del Estado chileno.

En medio de todo esto, llama la atención la casi nula preocupación que se vislumbra por el desarrollo y fortalecimiento de las pequeñas y medianas empresas, entidades que alcanzan varios centenares de miles de unidades y que son, sin duda, la mayor fuente de empleo de la economía nacional. Después de los discursos de campaña, los hechos son contradictorios: a la publicitada visita del nuevo mandatario a Buenos Aires, acompañado de personeros de las grandes empresas y grupos económicos, pudo constatarse con sorpresa que ni un solo representante de las organizaciones que agrupan a las ‘pymes’, tuvo cabida en el avión.

Finalmente cabe destacar que dos importantes partidos  políticos – el PDG  de Franco Parisi y el Partido Nacional Libertario de Johannes Kayser –, han hecho presente las diferencias con el presidente electo, el primero señalando claramente los puntos programáticos que consideran importantes para el país y anunciando su total negativa a todo intento de gobernar por decreto desconociendo el rol del Congreso Nacional; los segundos, insinuando su rechazo  a incorporarse al futuro gabinete en términos que groseramente fijan condiciones y líneas rojas que complicarán al Ejecutivo entrante en su  acción. La actitud de unos y otros muestra que la gran mayoría de JAK se está diluyendo y que será la derecha histórica más los republicanos, quienes deberán sustentar el proceso de cambio con todas las dificultades para el manejo futuro que ello conlleva.

Los once días que restan hasta el 15 de enero, obligarán a Kast y su círculo de hierro, a ser extremadamente cuidadosos en el juego de las cartas. Un mal manejo inicial puede generar frustraciones y desencantos en el electorado amplio pero heterogéneo que se ilusionó con promesas bastante demagógicas e inviables.        

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