«El Crecimiento, no es la solución a los problemas de la humanidad, la solución es propender a la redistribución de las riquezas. El egoísmo ancestral de los poderosos, aumenta las desigualdades… el individualismo, genera mas perversidad en los individuos y atenta contra los valores y la ética.»

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Cuando el clima cambia a la política

Manuel Baquedano M.

Presidente del Instituto de Ecología Política

Desde el blog de Manuel Baquedano:

dzamorano

08/02/2020

¿El futuro será verde o de color pardo? Parece ser que la actual élite económica y política que gobierna el mundo ya no es capaz de enfrentar exitosamente los problemas más acuciantes de nuestra civilización industrial. No ha sabido resolver la pobreza y el hambre, la desigualdad social extrema, el cambio climático, el agotamiento de las energías fósiles, la pérdida de la biodiversidad… Todos problemas que pueden terminar ya en este siglo, no con el planeta que tiene una enorme capacidad de recuperación, sino con la existencia de la propia especie humana.

Los científicos que representan a 195 países y que están agrupados en el IPCC, un organismo intergubernamental de la ONU, emitieron en octubre de 2020 un lapidario -aunque para nosotros, muy conservador- informe científico. Tanto es así que la legendaria ex primera ministra noruega Gro Harlem Brundtland -madre del concepto de desarrollo sustentable-, en vez de calificarlo como un “llamado de alerta” dijo que se trataba de una verdadera “bomba de relojería” que nos advertía que estamos muy próximos a la detonación. En pocas palabras, lo que ha dicho el IPCC luego de cotejar más de 6 mil investigaciones de todo el planeta es que sólo tenemos tiempo hasta 2030 es decir doce años más (diez años más, desde 2022 [*]), para controlar el aumento de la temperatura en 1,5 grados C sobre lo normal. Después de atravesar ese límite se producirá un punto de no retorno donde la humanidad perderá el timón de navegación y quedará a la deriva y para siempre en medio de una borrascosa tormenta climática.

En simultáneo, la política mundial parece vivir un verdadero tsunami. Los partidos tradicionales se ven desplazados y parecen resurgir por un lado Los Verdes y por el otro, los autoritarismos de nuevo tipo. Como ejemplo podemos señalar lo ocurrido este último mes en las elecciones de Baviera, en Alemania, donde Los Verdes hicieron una gran elección inmediatamente después de una dramática temporada de olas de calor. Como contrapartida, tenemos al sur, a América Latina, donde un líder de ultraderecha como Jair Bolsonaro conseguirá un triunfo arrollador en Brasil. Siguiendo a Donald Trump, Bolsonaro ya ha anunciado que una vez que sea presidente retirará a Brasil del Acuerdo de París al mismo tiempo que terminará con las “trabas” ambientales que protegen al Amazonas, el principal pulmón verde del planeta.

En este contexto, se vislumbra que un nuevo eje político podría estar naciendo. Por una parte, uno formado por el conjunto de las fuerzas autoritarias que buscan eliminar todo tipo de trabas políticas, sociales y ambientales que obstaculizan el crecimiento destructivo de la sociedad y que podríamos agrupar en torno al color pardo y por el otro, un nuevo espectro de fuerzas que podemos agrupar dentro del color verde. Estas últimas, si bien aún están muy difusas, han surgido de experiencias e iniciativas ciudadanas -económicas y políticas de todo tipo- y buscan oponerse a esta fase destructiva del crecimiento a partir de la construcción de una nueva civilización.

A medida que avancen las consecuencias del cambio climático, llegue a su fin el petróleo, se expanda la crisis económica, se agudice la pobreza y la desigualdad, se pierda la biodiversidad y nos vayamos encontrando en la Era de la Escasez; este nuevo eje político emergente irá creciendo hasta sustituir al eje político tradicional que predominó en el siglo pasado y que estuvo conformado por las fuerzas del liberalismo -del desarrollo del mercado a ultranza- y por las fuerzas anticapitalistas, partidarias de una intervención predominante del Estado en todas las áreas de la actividad humana. A los primeros podríamos agruparlos en torno al color azul y a los segundos, en el rojo.

Este cambio de eje de la política no es nuevo, ya había sido anunciado en la década del ‘80 del siglo pasado por el notable y conocido académico, fundador del Instituto de Investigación sobre la Paz en Noruega, Johan Galtung, en su famoso artículo “Los azules y los rojos, los verdes y los pardos: Una evaluación de los movimientos alternativos”; pero en aquel entonces no le prestamos la suficiente atención como a muchos otros que nos advirtieron sobre la desastrosa situación que se avecinaba.

Los hechos que están teniendo lugar han tomado una velocidad tal que, con toda responsabilidad, podemos afirmar que la humanidad ha perdido la oportunidad que tuvo en estos últimos treinta años para realizar las reformas necesarias que permitieran evitar su colapso como sociedad organizada. Los científicos nos han dicho que en estos doce años que nos quedan debemos hacer “cambios sin precedentes” pero la élite dominante no ha reaccionado ante la gravedad de la situación y dudamos mucho de que estos cambios se puedan efectivamente realizar.

Ante esta inercia de las fuerzas tradicionales, los ciudadanos comienzan a elegir a sectores ajenos al eje clásico del siglo XX de color azul o rojo que con su pasividad tradicional no alcanzan a comprender (o tal vez no quieran hacerlo) que un nuevo paradigma de desarrollo está emergiendo producto de estar viviendo por sobre los limites biofísicos del planeta. Para los azules (liberales), los verdes son rojos (comunistas) y para los rojos (comunistas o socialistas) los pardos son fascistas; es decir, siguen mirando la realidad del siglo XXI con los ojos del siglo XX.

Me encuentro entre los que piensan que, como ecologistas, si bien nos dimos cuenta a tiempo de la gravedad de la situación, fracasamos históricamente a la hora de impulsar una transición ordenada hacia un nuevo orden que estuviera caracterizado por la construcción de una sociedad sustentable a nivel planetario. Como humanidad, desaprovechamos esa oportunidad y ahora nos enfrentamos a la posibilidad cierta de que el cambio climático transforme completamente la evolución de la sociedad humana.

La lucha en el nuevo eje de la política antes de que los Estados pierdan el control de los acontecimientos y se lo traspasen al clima, será muy intensa y agresiva y preservar la democracia será vital para asegurar un mínimo de convivencia entre ambas posiciones. ¿De dónde saldrán los verdes y los pardos? De la descomposición de las fuerzas azules y rojas que inevitablemente se verán obligadas, frente a los hechos, a tomar partido por una de las dos nuevas tendencias. El futuro del planeta y la humanidad será verde o pardo. No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que otro mundo es posible, pero a condición de actuar ahora pues el tiempo de espera e indecisión se nos terminó.

dzamorano

08/02/2020

[*] Nota del editor

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