«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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EDITORIAL. El populismo al acecho

Equipo laventanaciudadana.cl

Periodismo ciudadano.

En la  sociedad política chilena existe un consenso casi generalizado en cuanto a que estamos viviendo una situación de crisis que abarca casi todos los aspectos de la vida política. Este hecho, que en toda la comunidad genera una sensación amarga de frustración, ya que se aprecia la incapacidad del sistema político y de los actores sociales de dar respuestas adecuadas a los diversos problemas que complican la vida en común, se transforma en un  factor negativo muy difícil de revertir.

Para salir adelante se requieren liderazgos personales o grupales muy sólidos que motiven a la comunidad y permitan generar una movilización activa en procura de determinados objetivos. En ausencia de tales liderazgos, el espacio vacante tiende a ser ocupado por personajes carismáticos que, con buen discurso, ofrecen soluciones fáciles para problemas complejos.

En la historia latinoamericana, pueden registrarse innumerables casos de líderes populistas de izquierda que, en su incapacidad e incompetencia para cumplir los propósitos demagógicamente planteados, terminan por pavimentar el camino de acceso al poder a grupos de extrema derecha que se distinguen por ofrecer un enfoque populista claramente autoritario.

Chile, hoy por hoy, se encuentra en esa encrucijada. La muy débil gestión gubernativa del actual gobierno, plagada de errores trascendentes e intrascendentes, y de una crónica debilidad para sancionar los abusos cometidos por sus propios partidarios, nos enfrentan a la opción posible y probable de una sucesión de signo contrario.

El amplio abanico de nombres que estarán presentes en la papeleta de noviembre, se caracteriza por una desconcertante y contradictoria propuesta, que solo busca aumentar su caudal de votos con ofertones para la galería que, a un elector que se define por la racionalidad y no por las impresiones y los sentimientos,  resultan difíciles de digerir.

Hasta ahora, nada de lo planteado tiene seriedad. Matthei, la postulante de la derecha  histórica, promete crear un millón de puestos de trabajo, cifra ampulosa que se cubre con un disfraz técnico, al distribuirla región por región hasta cuadrar el número para efectos publicitarios. Parissi, con una trayectoria empresarial, personal y política muy cuestionable, enfoca su discurso en atacar a las elites políticas del país (de las que él forma parte),  despacha en una frase cada problema, sin explicar cómo lo hará y   cómo lo financiará. Kast denuncia a la derecha cobarde que  acordó la reforma previsional con el gobierno como una forma de mejorar las pensiones y ofrece los mismos beneficios pero con financiamiento del Estado a la vez que promete una rebaja de impuestos. Jara, po su lado, ofrece un salario vital de $750.000, cifra inviable en el corto plazo y que conlleva secuelas importantes para la economía en general.

En ese escenario, se hace difícil discernir y solo queda la esperanza de confiar en sus eventuales equipos técnicos.

Un examen más exhaustivo de los programas presentados, resulta indispensable, para lo cual se requiere la acción de medios de comunicación críticos que lleven el debate a discutir materias de fondo, dejando de lado los ataques personales inconducentes y poco fructíferos.

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