
Editorial. Un problema súper complejo.
La Convención Constituyente ha dado por concluido el primer tiempo del partido. El juego ha sido reiteradamente criticado por una parte importante de los espectadores que han visto impávidos como numerosos jugadores “no han estado a la altura” (Atria dixit) de un encuentro tan decisivo y, si bien han puesto pasión en el juego, han cometido importantes errores y torpezas que han contribuido a desprestigiar el proceso.
La pelota se encuentra en estos momentos en las manos de tres comisiones especiales (Preámbulo, Armonización y Normas Transitorias) las que deberán afinar el trabajo anterior y entregar el documento que será sometido el próximo 4 de septiembre al juicio de la ciudadanía.
Es más que probable que el texto sea aprobado pero sería extremadamente preocupante que el 20% del rechazo logrado en la consulta inicial se elevara por sobre el 45%. El país se encontraría entonces con la expresión de un fuerte sentido de insatisfacción que de seguro comprometería los trancos del futuro.
Una simple lectura del pre – texto dado a conocer no sirve para lograr una comprensión adecuada del mismo. Sus 499 artículos expresados en nada menos que 164 páginas no son de fácil acceso para el ciudadano común no especializado y resultan agotadores en sus expresiones de carácter insistentemente reiterativo.
Al entrar a la referida etapa final, todo hacía presagiar que la Comisión de Preámbulo tendría el trabajo más fácil ya que una vez consensuados los conceptos fundamentales era previsible lograr una redacción adecuada que satisficiera a una mayoría categórica de los convencionales y, para más adelante, constituyera una convocatoria amplia a los sufragantes del plebiscito de salida. Sin embargo, las cosas no se dieron de esa forma. Doce propuestas de Preámbulo fueron presentadas por sus patrocinadores y, por minoría de votos, siete de ellas fueron eliminadas. Las restantes cinco iniciativas recibirán indicaciones y serán analizadas en detalle. Cabe precisar que la Constitución vigente (llámese de Pinochet o de Lagos) no tiene preámbulo.
La labor de la Comisión de Armonización será ardua. Aparte de la necesaria corrección de innumerables errores ortográficos, de puntuación y de redacción, este grupo de trabajo deberá subsanar las eventuales contradicciones conceptuales que se detecten y, en determinados casos, elegir una opción sustantiva desechando la otra, con el consiguiente reclamo de los constituyentes que se estimen afectados.
Sin embargo, a todas luces la tarea más compleja recaerá sobre los hombros de la Comisión de Normas Transitorias, pues ésta deberá acoplar la normativa vigente con la propuesta en la nueva Constitución. A modo de ejemplo, definir la duración y conclusión de los mandatos legítimamente obtenidos a través de comicios impecablemente democráticos y no cuestionados, del propio Presidente de la República, de los actuales parlamentarios tanto “senadoras y senadores como diputadas y diputados, de autoridades regionales y locales, plantea una cuestión mayor difícilmente aceptable por la ciudadanía. Asimismo, temas tan amplios como medio ambiente, salud, educación, previsión, entre otros, no pueden ser impuestos ni sujetos a plazos acotados a los gobernantes actuales asumiendo de hecho, los actuales convencionales, decisiones programáticas específicas que no les corresponden ya que sobradamente exceden el mandato que recibieron.
Si el texto sometido a la consideración ciudadana es aprobado, serán esenciales sus disposiciones relativas a la reforma constitucional de la nueva Constitución que está viendo la luz. Pretender que lo escrito por los 154 convencionales de la fama está escrito en piedra y sería inmodificable, resulta insostenible jurídica y políticamente.
Estando sobre la hora del partido, todo esto amerita una reflexión necesaria y profunda.





Déjanos tu comentario: