
EDITORIAL. Una política equivocada y riesgosa
El próximo gobierno de José A. Kast, aún antes de asumir constitucionalmente el cargo, ha tomado decisiones que permiten avizorar cuales serán sus lineamientos en política internacional. El nuevo mandatario, a pesar de haber rehuido sistemáticamente todo pronunciamiento en materias que excedan la contingencia local escudándose en la premisa de que su mandato estará centrado exclusivamente en “la emergencia”, ha ido adoptando determinaciones que demuestran que no ha medido las consecuencias de sus actos.
Sus viajes y visitas a seis países permiten apreciar un nivel de simpatía y afinidad con gobernantes ideológicamente afines, todos de la ultra derecha, abandonando y comprometiendo lo que pudiera definirse como “una política de Estado.
El reciente viaje a los EE.UU. para participar de un almuerzo y reunión en la finca y hotel privados de Donald Trump, debiera alertar sobre sus fines y consecuencias. Los invitados -asistentes, todos, responden al esquema antedicho.
El plan, denominado pomposamente “Escudo de las Américas”, implica el reconocimiento del continente como “esfera hegemónica” del país del Norte y, pese a no tener alcances jurídicos que comprometan a Chile (a Trump, por lo demás le importacn un bledo los tratados) políticamente significa revivir el tristemente célebre Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca. Si México y Brasil no han sido invitados a almorzar, es fácil deducir cuáles son las verdaderas intenciones del anfitrión.
El país espera expectante el comportamiento del nuevo gobernante. La alternativa es clara. O muestra una actitud de sumisión respetuosa pero indigna a los designios de quien ha demostrado constante irrespeto hacia las naciones medianas y pequeñas del mundo, o es capaz de plantear una posición respetuosa pero muy clara que busque interpretar los intereses del campo latinoamericano.
El silencio del nuevo canciller Francisco Pérez Mackenna, es preocupante. Pareciera ser un ente que teme hablar para no ahuyentar a eventuales inversionistas estadounidenses, asumiendo que el fin básico de las relaciones internacionales son los negocios.
La mayoritaria opinión nacional exige que nuestro país mantenga una relación equilibrada tanto con los EE,UU. como con China, evitando comprometerse en un juego de poder que le es ajeno.







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