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Internacional/Política Memoria, Historia y los usos políticos de pasados traumáticos en América Latina

Durante las últimas semanas asistimos en Brasil debates calentados acerca de la naturaleza de la ruptura política y del consiguiente régimen que siguió durante más de veinte años en el país a partir del día 01 de abril de 1964. Los debates de esta naturaleza han sido cada vez más frecuentes e intensos, no sólo en Brasil, sino en gran parte del mundo, donde el uso político de pasados traumáticos, marcados por violencia extrema y violaciones sistemáticas de derechos humanos, abren espacio para que, en un contexto de disputa de memorias acerca de esos pasados, grupos sociales y políticos, con intereses específicos, estimulen una ola negacionista / revisionista que gana fuerza buscando negar, relativizar o revisar determinadas «verdades históricas».

Por ejemplo, la propia existencia del Shoah o la naturaleza dictatorial y el terrorismo de Estado perpetrado por los gobiernos militares latinoamericanos durante la segunda mitad del siglo XX, con el objetivo de establecer una base de apoyo en medio de sus sociedades, bajo las banderas del nacionalismo y del desarrollo económico, a fin de alcanzar determinados fines políticos.

En este sentido, a partir del caso brasileño, el presente artículo pretende contribuir a evidenciar el uso político de esos pasados traumáticos en contexto de disputa intensas de memorias. Así, cabe una breve reflexión sobre aquel que entiendo como el fundamento basal de este debate: la Memoria.

Considerando que Memoria no se reduce al simple acto individual de recordar, sino que se construye a partir de las relaciones sociales, donde se establecen puntos comunes entre las diversas memorias de individuos que componen grupos o segmentos sociales específicos, podemos afirmar que la Memoria se constituye a partir de demandas del presente y perspectivas de futuro, o, en las palabras de Fernando Catroga, “ela é a retenção afectiva e “quente” dos “traços” inscritos na tensão tridimensional do tempo que permanentemente a tece” (CATROGA, 2001, p. 20). Donde, «recordar» o «olvidar son herramientas siempre a disposición en el continuo proceso de construcción de narrativas, especialmente sobre pasados dolorosos aún tan presentes en determinados grupos sociales.

En este sentido, la memoria «hegemónica» sobre pasados traumáticos y aún tensados se construye a partir de la reafirmación y el olvido de puntos específicos de esos pasados, y aún del silenciamiento de memorias de grupos con menor representatividad en el medio social. Sin embargo, este es un escenario de constante disputa y, por ese motivo, sujeto a cambios de acuerdo con las demandas sociales y del contexto político vigente. Especialmente, cuando no hay una política de transición adecuada, que, por iniciativa y con amplio apoyo del Estado, busque construir una memoria oficial a partir de un proceso fundamentado en los preceptos de Verdad, Justicia y Memoria. Siendo Argentina y Chile las dos naciones latinoamericanas que más avanzaron en ese proceso de transición democrática, donde la memoria oficial de los períodos dictatoriales viene consolidándose en los últimos años a partir de iniciativas que buscan la Verdad y la Justicia.

En América Latina, el caso de Brasil es emblemático, pues, poco más de treinta años después del fin de un régimen dictatorial que duró más de dos décadas y que perpetró sistemáticamente el terrorismo de Estado a gran escala en el país. El pueblo brasileño eligió, por la vía democrática, un presidente que, a lo largo de su carrera como parlamentario, siempre manifestó su apoyo a lo que llama «Revolución de 1964» y al régimen que siguió, sin presentar ninguna reserva. Este cambio, después de más de dos décadas de gobiernos progresistas de centroizquierda, se debe, en gran parte, a la ausencia de políticas e iniciativas públicas que tuvieran como objetivo principal la adecuada transición democrática y la construcción de una memoria oficial sobre el período. Lo que hubo fue una transición fundamentada en una «política del olvido» que no lidia con el escombro autoritario lanzado hacia la democracia tras largos años de dictadura en el país.

De ese modo, la memoria «hegemónica» sobre el pasado dictatorial brasileño comienza a ser contestada por otras memorias hasta entonces «sumergidas» o silenciadas. Entre las que destaca la que representa la narrativa de aquellos militares y civiles que se involucraron directamente en el golpe y que actuaron efectivamente durante el régimen militar. Y que, en el contexto político y social actual, pasa a reivindicar una posición de preponderancia frente a aquella que, al final de la dictadura militar brasileña, se consolidó como «hegemónica», o sea, aquella que representa la narrativa de los grupos identificados con los movimientos de la izquierda armada. Es el embate de lo que podemos llamar memoria «sumergida de los vencedores» contra la memoria «hegemónica de los vencidos». Y en esa disputa, la verdad y el sello de la Historia pasan a ser reivindicados por ambos lados.

Sin embargo, la memoria tiene su lugar en el proceso de construcción del conocimiento histórico, el cual no se propone a presentar la verdad sobre hechos y contextos pasados. Pero, a partir de análisis de «vestigios humanos» a lo largo del tiempo (fuentes históricas), fundamentadas en presupuestos metodológicos y científicos, representar esos hechos y contextos a partir de diferentes perspectivas, sin deconstruir el hecho histórico. En ese proceso, la memoria es sólo uno de los muchos «vestigios humanos» sobre los que se inclinan los historiadores en sus análisis.

En este sentido, la sociedad brasileña, actualmente, vive un fenómeno intenso de uso político del pasado, donde esa memoria de los «vencedores» emerge y busca actuar políticamente en medio de la sociedad, a partir de sus demandas actuales relacionadas con cuestiones afines, principalmente, con la seguridad pública, la lucha contra la corrupción y el desarrollo económico. Buscando establecerse hegemónicamente a través de un proceso negacionista/revisionista, fundamentado, esencialmente, en la retórica y en su propia exaltación. Reivindicando para sí la «verdad histórica», en detrimento del propio conocimiento histórico científico. Que sufre constantes ataques visando deslegitimar, no sólo los resultados, sino el propio método científico de la Historia. Cuando esta presenta resultados que se oponen a lo que la memoria de los «vencedores» afirma como verdadero, como cuando, al intentar desconstruir el propio hecho histórico, afianza que «no hubo golpe en 1964», en la ocasión de la deposición del entonces presidente João Goulart, o cuando defiende que el régimen que perduró desde 1964 hasta 1985 «no fue una dictadura militar, sino un régimen democrático de fuerza», en palabras del actual ministro brasileño de Educación, el colombiano Ricardo Vélez Rodríguez.

Por otro lado, la memoria de los «vencidos» presenta una visión romántica de la lucha armada de izquierda durante los años que siguieron al golpe. Y, como “hegemónica”, silencia las memorias de otros grupos que se movilizaron en medio de la sociedad brasileña en la búsqueda por el retorno a las libertades democráticas y la garantía de derechos. Los cuales, incluso sin utilizar el recurso de las armas, también fueron duramente reprimidos por la dictadura militar en la época.

Por último, cabe destacar que la Memoria es elemento fundamental en la búsqueda de la mejor comprensión de aspectos complejos de las relaciones humanas, sobre todo en pasados traumáticos aún tan recientes y tensados en muchas sociedades. Sin embargo, la construcción del conocimiento histórico científico no se hace por la exaltación de ese vestigio humano, sino por el análisis de una diversidad significativa de fuentes que permiten al historiador construir una representación más cercana de un hecho o contexto histórico específicos. En ese sentido, creo que en momentos de disputa de memorias e intenso uso político de pasados tensados, como vivimos, en mayor o menor medida, en muchos países latinoamericanos. La valorización y la legitimación de la práctica historiográfica contribuye sobremanera para avanzar de modo seguro en la dirección de un adecuado proceso de transición democrático y la consiguiente pacificación de esos pasados junto a sus sociedades.

Referência citada

CATROGA, Fernando. Memória, História e Historiografia. Coimbra: Quarteto, 2001.

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6 Comentarios en Internacional/Política Memoria, Historia y los usos políticos de pasados traumáticos en América Latina

  1. Extraordinario su análisis señor Wagner, el tema ahora es dónde encontramos respuestas…
    Es Usted tan guapo como escribe?
    un abrazo señor.

    • Hola, Lucía! ¿Qué tal?
      Muchas gracias por el elogio y cariño.
      Creo que estamos ante tiempos difíciles, donde la ignorancia intentará prevalecer y tendremos que luchar mucho para defender derechos y garantías humanas esenciales.

      Fuerte abrazo 😉

  2. Una clara nota que muestra nuestra tragedia social, política y cultural.
    ¿Cómo nos levantaremos de esto?
    Es urgente encontrar respuestas.

    • Hola, Carlos.

      Gracias por su comentario.
      Yo entiendo que tendremos que luchar mucho para garantir liberdades, derechos e avanzos sociales conquistados en las últimas décadas. Y La Ventana Ciudadana és un espacio para esta lucha, donde las ideas pueden ser puestas sin embargo.

      Abrazo.

  3. Gran artículo hermano Brasileño .
    Cuanta verdad que comenzamos a descubrir y que recorre a gran parte de A.Latina.

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