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DE LOCURAS Y CORDURAS

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC. Ambientalista.

Decir la verdad luminosa

en esta época de tinieblas sociopolíticas

es el deber de toda conciencia digna.

Y ese deber no se discute ni se delega: ¡se cumple!

Julio Herrera

Por ahí -me han contado- andan diciendo que me volví loco; tal vez esa aseveración sea verdadera porque he adquirido con los años la sana costumbre de nadar contra la corriente de ‘los cuerdos’. He descubierto así que las neuronas me funcionan mejor y eso me permite aprender más y tratar de entender por qué hay tanta gente que transcurre y deambula por la vida con la brújula desimantada, y he llegado a la conclusión que es porque carecen de curiosidad y de sentido de observación.

Cierta vez le preguntaron a Buda, que era lo que le sorprendía más de la humanidad. Su respuesta fue: “Los hombres…., que pierden la salud para juntar dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud y, que por pensar ansiosamente en el futuro, olvidan el presente de tal forma que acaban por no vivir ni el presente ni el futuro. Viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubiesen vivido.”

Los que tuvimos el privilegio de educarnos en la época de aquellos liceos gloriosos y los buenos maestros que nos enseñaron a hablar, a escribir y a pensar, debemos estar agradecidos. Así, premunidos de herramientas básicas, sin internet, fotocopiadoras, ni calculadoras, teníamos que hacer nuestras tareas y trabajos escribiendo con lápiz o lapicera, primero ‘de palo’ con pluma intercambiable [1] y luego con la moderna lapicera-fuente (los bolígrafos recién aparecían); también con tiza, en el negro pizarrón.

Ese sencillo artilugio nos permitió un aprendizaje continuo y eficiente, pues el ritmo lento de la escritura estilográfica -a mano- al transcribir textos desde libros y enciclopedias, nos ayudaba a retener mejor en la memoria las notas manuscritas (en vez de escribirlas como se hace hoy, en el ordenador), a manejar bien la ortografía y a aprender a redactar. También esa práctica nos permitía procesar los pensamientos, reflexionar y hacer introspección. Es por eso que sabemos distinguir en nuestras lecturas entre lo que es malo y lo que es bueno y así podemos aplicar en nuestras vidas las cosas buenas que hemos aprendido.

Y esas herramientas elementales de nuestros tiempos estudiantiles nos permiten, ahora ya mayores (o grandes, como dicen los argentinos), sacar mejor provecho de la gran biblioteca virtual que nos proporciona Internet. Esto de rememorar épocas pretéritas acarrea un tropel de bellos recuerdos. ¡Cuántas cosas interesantes aprendimos leyendo El Tesoro de la Juventud, el Peneca, el Billiken -magnífica revista infantil argentina- el Simbad, y tantas otras!

En fin, volviendo a lo expuesto al comienzo, creo que debemos hacer eco de la reflexión de Buda y pensar con locura para lograr un desarrollo cuerdo y sustentable, con más espíritu y menos materia. Discúlpenme la majadería. Tenemos una gran tarea por delante: regenerar los bosques nativos perdidos o dañados, acrecentar los relictos de flora nativa que aún tenemos y recuperar los paños de plantaciones de especies foráneas perdidas con los incendios forestales con programas privado-públicos.

Aprendamos de lo sufrido y no sigamos cometiendo los mismos errores. El bosque es vida, las plantaciones son muerte. [2] [3]

[1] https://plumas.club/mejores-estilograficas-escribir/

[2] https://elpais.com/elpais/2017/10/24/fotorrelato/1508839281_733914.htm

[3] http://federico-soria.blogspot.com/

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