
Las travesuras de Mister Trump
Los hechos son indiscutibles. En una operación urdida por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), junto con la DEA y el FBI, los EE.UU. atacaron 20 puntos de Venezuela al tiempo que un grupo de comandos procedía a detener al dictador Nicolás Maduro. Se trató de una “operación limpia” en términos de Trump, aunque el New York Times cifró en 42 los muertos, cifra que luego elevó a 80.
Resultado: Maduro fue detenido por las tropas estadounidenses, trasladado a Nueva York y sometido a proceso junto a su mujer Cilia Flores, acusados de delitos de narcotráfico. La próxima audiencia será en el mes de abril.
En Venezuela, el poder ha sido asumido, con la venia de Trump, por la vicepresidenta chavista Deisy Rodríguez quien se habría comprometido a actuar conforme a las órdenes de Trump, aunque más tarde su discurso fue contradictorio. La resistencia popular por la destitución de Maduro ha sido prácticamente nula y, si la hubiera, sería duramente reprimida. “Estamos preparados para un segundo bombardeo”, dijo el mandatario.
Cientos de venezolanos, emigrantes, en Chile y otros países salieron a las calles a celebrar la caída del dictador, hasta que despertaron para comprobar que el régimen totalitario se mantendría igual: DICTADURA SIN MADURO, sostenido por la fuerza con la ayuda estadounidense.
De inmediato, se hicieron patentes los propósitos públicamente declarados de este operativo: el control por parte de los EE.UU. de los yacimientos petrolíferos de Venezuela, estimados en 300.000 millones de barriles. “La infraestructura de la industria está prácticamente destruida y reponerla costará miles de millones de dólares. Le pediremos a tres grandes compañías americanas que asuman esta responsabilidad. Por nuestra parte, nos quedaremos en Venezuela todos los años que sean necesarios”. Por supuesto, las palabras “democracia”, “libertad”, “derechos humanos” no están en el léxico trumpista.
En un primer análisis de los h continente cnechos, nos quedamos con la apropiación del petróleo. Sin embargo, diversos analistas han develado otro propósito. El Secretario de Estado Marco Rubio, cubano- estadounidense tiene en la mira el colapso del régimen comunista de Cuba. Tras 62 años de infructuoso embargo, el control del combustible venezolano, le permitirá cortar la línea de abastecimiento casi gratuito a la isla, haciendo quebrar su economía. Si a ello se suman otras medidas, como la prohibición de remesasque e de exiliados a sus familias, estarían dadas las condiciones para la crisis y / o caída del castrismo. En caso contrario, no se descartaría la acción directa de los EE.UU. en la isla para sacarse una espina que lleva clavada hace tantos años. Más aún: la nula solidaridad de Rusia y China con Maduro y su troupe estaría confirmando la aceptación de la tesis de las “áreas de influencia”, reconaociendo así el dominio del imperio sobre todo el continente americano conforme a la “doctrina Monroe”.
Pero, además, hay otra lectura de los acontecimientos. La crisis interna de los EE.UU. (inflación, desempleo, disminución del nivel de exportaciones por causa de la arbitrariedad de los aranceles ) y la convicción ciudadana de que China, con su política de financiamiento de grandes inversiones en infraestructura tanto en África como en la América Latina estaría ganando terreno político y económico a los EE.UU. está afectando la popularidad de Trump y lo ha llevado a estruendosas derrotas en elecciones locales en diversos estados y últimamente en Nueva York. Analistas norteamericanos sostienen que todas las acciones de fuerza impulsadas por Trump y sus afanes territoriales imperialistas (Canadá Estado 51 de la Unión, compra de Groenlandia a Dinamarca), en buenas cuentas no serían otra cosa que la apuesta del jugador de poker que, habiendo perdido mucho juega al todo o nada. Trump tiene elecciones de medio período en noviembre, el tiempo se le agota y su sueño de un tercer gobierno inconstitucional se le hace inviable.
Chile, hasta ahora, se mantiene alejado de todos estos problemas. Sin embargo, el presidente electo José A. Kast, en una declaración imprudente, señaló que la operación Maduro le parecía una magnífica noticia, sin reparos ni dudas. Mientras tanto, en Francia, Marine Le Pen, líder de la ultraderecha y amiga de Kast, supo plantear más claramente su juicio: “La soberanía es inviolable y sagrada” “Aceptar su violación por cualquier estado, equivaldría a aceptar nuestra propia servidumbre mañana. Un precedente peligroso para el orden internacional”.
Lo claro es que Trump ha violado impunemente los principios más elementales del Derecho Internacional. Y quienes sostienen que esta normativa ha fracasado, olvidan que sus valores constituyen la única arma de defensa de las naciones pequeñas frente a los que pretenden gobernar el mundo mediante la fuerza y la imposición del miedo.







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