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REGRESAR A LA NUEVA NORMALIDAD

Se ha vuelto casi un lugar común eso de que “el lenguaje construye realidades”, lo que no suele decirse, es que es mucho más eficaz destruyéndolas, y al parecer nuestro gobierno se va superando constantemente en ese arte.

Partamos por el surrealista título de esta columna. Por más que trato de encontrarle el sentido, sólo le encuentro algo parecido a ello, cuando recurro a mis enmohecidas dotes poéticas, porque según entiendo, el verbo regresar implica volver a algo en que ya se ha estado, y nuevo, significa algo que antes no existía. Entonces ¿cómo se puede regresar a algo nuevo? Supongo que se requiere ser ministro o presidente para manejar con propiedad esos asuntos metafísicos.

Menos metafísico, aunque igualmente enrevesado, resulta el asunto del regreso a las aulas, de los escolares. Entre el ministro de salud y el de educación se han encargado de aclararnos que nada estaba claro: el primero dice que él nunca estuvo de acuerdo con suspender las clases presenciales, y el segundo, bueno, eso ya es más difícil de detallar…

El ministro de educación, es abogado, profesión en que el adecuado y preciso uso del lenguaje es un requisito, por lo que resulta inaceptable que diga que “los niños no son un factor de riesgo”. Es decir, no sabe qué significa riesgo ni qué significa factor.  Riesgo se define como “Posibilidad de que se produzca un contratiempo o una desgracia, de que alguien o algo sufra perjuicio o daño”. Y factor como “Elemento, circunstancia, influencia, que contribuye a producir un resultado”.

Los niños y adolescentes en sí mismos no están en riesgo, o este es muy menor, por el Covid-19, por lo tanto, no se les considera grupo de riesgo. Sin embargo, son un factor de riesgo para los demás, toda vez que, por poder portar el virus en forma asintomática, lo pueden propagar en todas sus áreas de contacto, es decir, familiares, amigos, compañeros de trayecto y en general, todos aquellos con quienes interactúen, entre quienes puede haber personas que sí pertenecen a grupos de riesgo, como personas mayores, con salud debilitada, u otros factores.

Que un ministro, en plena pandemia, no maneje bien los conceptos, y se limite a pensar sólo en los efectos que eventualmente podría tener esta sobre los educandos, sin considerar ninguna de las otras variables o “factores” que inciden en la decisión que impulsa, para no hablar de que no sabemos si cada colegio va a tener las dos o tres mascarillas de recambio, y demás elementos necesarios por jornada, ni mencionar si van a detectar a los asintomáticos para mandarlos de vuelta a la antigua normalidad del encierro forzado, o cómo se va a descontrolar la interacción de los no detectados, en las manillas del metro y la micro, en fin, todo lo que implica millares de estudiantes moviéndose por un entorno potencialmente infectado o infeccioso.

Lo gravemente sospechoso de esto, lo que me genera desconfianza, es que uno tiende a pensar que personas que llegan a ministros saben lo que hacen y lo que dicen, y entonces al tratar de entender lo que dicen, uno debería preguntarse cuál es su verdadera motivación, porque un mínimo de cordura indica que no están diciendo ni pensando cosas muy sensatas.

Si a eso le agregamos que sólo un rato antes de escribir esto, el presidente insiste en conferencia de prensa, con que van emitir una credencial para recuperados, en contradicción con todos los foros científicos, y la propia Organización Mundial de la Salud, que señalan que la presencia de anticuerpos no garantiza nada, la cosa se pone -para mí al menos- bastante oscura.

Es cierto, todos queremos salir de la situación presente, ojalá lo antes y lo mejor posible, pero el voluntarismo a ultranza, el desprecio por la evidencia científica, la contradicción diaria de los actores oficiales, que lleva a recordar al futbolista que decía que no tenía por qué estar de acuerdo con lo que él mismo pensaba, no hace otra cosa que generarme desconfianza por esa pulsión por echar a andar la máquina, sin importar si están todos los pernos apretados y las piezas debidamente lubricadas.

Cuando dicen lo que dicen, y disponen lo que disponen ¿están realmente pensando en nuestro bienestar como personas, o simplemente como engranajes de la máquina que necesitan hacer funcionar, por sus -tal vez- legítimos y verdaderos intereses?

Lo dicho: el lenguaje construye y destruye realidades.

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2 Comentarios en REGRESAR A LA NUEVA NORMALIDAD

  1. Cree usted, sinceramente Arturo que hoy en día , realmente le hacemos honor y consecuencia con el lenguaje, como para ponerla en ese sitial?
    Espero su amable respuesta

  2. Gracias por su fino y acucioso análisis Arturo, muy buen artículo.
    Sólo agregar que el Gobierno ha intentado «crear realidades» con el lenguaje, sin embargo con sus contradicciones usuales, es como cabalgar en dos caballos a la vez , de modo permanente terminan con el «traste en el suelo»»Nueva Normalidad», «Regreso seguro» y otras tantas,. han intentado «manejar» a la ciudadanía y a la opinión pública a través de los medios, pero la realidad lo convierte en un imposible.

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