«Aquellos o aquellas que creen que la política se desarrolla través del espectáculo o del escándalo o que la ven como una empresa familiar hereditaria, están traicionando a la ciudadanía que espera de sus líderes capacidad y generosidad para dar solución efectiva sus problemas.»

Actualmente nos leen en: Francia, Italia, España, Canadá, E.E.U.U., Argentina, Brasil, Colombia, Perú, México, Ecuador, Uruguay, Bolivia y Chile.

Chile with embedded flag on planet surface during sunrise. 3D illustration with highly detailed realistic planet surface and visible city lights. 3D model of planet created and rendered in Cheetah3D software, 9 Mar 2017. Some layers of planet surface use textures furnished by NASA, Blue Marble collection: http://visibleearth.nasa.gov/view_cat.php?categoryID=1484

Un país en serio.

Durante muchos años, las naciones europeas que habían alcanzado los mayores y mejores niveles de desarrollo político, fijaban su mirada en la América Latina y sin titubear apuntaban a tres países – Uruguay, Costa Rica y Chile – como democracias ejemplares en un subcontinente caracterizado por dictaduras, personalismos populistas e incapacidad de hacer un abordaje racional de sus problemas económicos y sociales.

Por supuesto, las dictaduras sufridas por Chile y Uruguay dejaron heridas abiertas cuya latencia está presente hasta hoy particularmente en nuestro país. Es difícil comprender que tras largas décadas siga ocultándose la verdad acerca de los “presuntos” detenidos – desaparecidos y que una elite pertinaz reniegue de hechos que son evidentes como si con ello pudieran aliviar siquiera en parte los reproches de su conciencia de “cómplices pasivos”.

Cuando nos acercamos al cincuentenario del golpe de estado, sería bueno y sano para el país que nos hiciéramos cargo de ese lastre que nos sigue penando y que se traduce en sufrimientos inimaginables para millares de familias chilenas que a estas alturas del tiempo solo quieren saber cuál fue el destino final de padres, hijos, hermanos. Tapar la verdad es simplemente cobardía y exigir una mal entendida lealtad de las tropas hacia sus jefes y oficiales implica obligarlas a transformarse en cómplices y encubridores de conductas deleznables.

Es claro que la llamada “clase política” no ha estado a la altura de las circunstancias. En todo este lapso, salvo las soluciones valiosas pero parciales de los informes Rettig y Valech, no ha habido un esfuerzo a fondo para encarar estos delitos ni por parte de los grupos cercanos a las víctimas ni, menos aún, de los sectores que tradicionalmente se han sentido cercanos a los victimarios. Pareciera que unos y otros desearan que el mero transcurso del tiempo sirviera para cicatrizar estas llagas vergonzosas.

Bien miradas las cosas, cabe aseverar, a partir de la situación antes descrita, que   nuestra clase política ha demostrado – y sigue demostrando – hasta la saciedad que carece de seriedad y de responsabilidad en el cumplimiento de sus funciones. Salvo una docena de casos excepcionales, entre senadores y diputados, que han demostrado con hechos que han actuado permanentemente con madurez y consecuencia, la imagen pública del Congreso Nacional es negativa. A diario vemos como honorables parlamentarios y parlamentarias viven desempeñando un “juego de roles”, preocupados de entregar “cuñas televisivas” para el bronce, disfrazándose con los más grotescos vestuarios, agrediéndose mutuamente y malutiizando a “su equipo”, generosamente financiado con recursos públicos, para montar un show que al día siguiente será olvidado. El patético espectáculo de las tres diputadas “progresistas” que se arrancaron de la sala para abstenerse de votar el proyecto de reforma tributaria constituye el supremo ejemplo de la liviandad.

Otro caso que no puede silenciarse es el del expresidente Piñera. La Fundación Futuro (creada y financiada por el mismo, y dirigida por su hermana Magdalena) realizó un panel sobre los problemas de la educación en Chile, invitando a intervenir a tres ex ministros del área y al propio dueño de casa cuya experticia en la materia, como quedó demostrado en su gobierno, es casi nula. Todo parece indicar que él personalmente fue quien alineó a los diputados de derecha para que en bloque, sin deserciones, rechazaran discutir el nuevo régimen impositivo. Fue el propio senador RN Manuel José Ossandon quien destapó las cartas: “Piñera quiere volver por tercera vez a La Moneda. Me parece una locura absoluta”. El ex mandatario, que en pleno mandato marcaba un 9% de aprobación y un 84 % de desaprobación en las encuestas, no se resigna al papel de actor de tercer nivel en la política chilena.

Hemos planteado estos casos simplemente porque constituyen el reflejo de la crisis moral que estamos viviendo como país. Es cierto que cada ciudadano es el primer responsable de lo que sucede porque con nuestro voto entregamos parte importante del poder a estos actores pero ello no nos excusa sino que, por el contrario, nos obliga a tomar debida conciencia acerca de las consecuencias casi irreparables que sufrimos.

¿Podremos volver a ser un país serio?      

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1 Comentario en Un país en serio.

  1. Creo que será muy difícil volver a ser país serio. Los políticos-politiqueros se hunden cada día más en el fango de la impudicia. Como bien dijo Manuel Castells en el CEP, “en todo el mundo nadie los quiere, están aislados, solo conversan entre ellos, y tratan de vendernos promesas cada 4 años”. Tampoco nos queda mucho tiempo para tratar de serlo.

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