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NO, SEÑOR PRESIDENTE

Maroto

Desde Canadá.

“Si le pido la renuncia, significa que lo estoy declarando culpable”, señaló el presidente Piñera, en una entrevista en Canal 13 el martes recién pasado, al referirse a la situación del subsecretario de Redes Asistenciales, Luis Castillo.

No, señor presidente.

Claramente, usted no ha querido aún entender lo que está en juego en este tema. La solicitud de renuncia al subsecretario Castillo es un imperativo ético y moral, más que un requerimiento legal.

La relación entre moral, ética y justicia, si bien a simple vista parece obvia, no lo es.

Como ya lo hemos señalado en artículos anteriores, la ética, se enfoca en el estudio de los actos que los seres humanos realizan voluntariamente y con libertad absoluta; la ética, delibera acerca de por qué ciertas conductas deben ser consideradas buenas o malas, correctas o incorrectas. La ética debiera guiar nuestros actos, para que estos nos hagan más felices y virtuosos.

La moral, constituye un conjunto de principios y valores que establecen el orden de lo correcto en la conducta del ser humano; desde este punto de vista, la moral, al establecer las normas que en un contexto histórico especifico una comunidad considera como modelos de un comportamiento virtuoso, debiera guiar todas las conductas humanas sin importar su finalidad.

La justicia, tiene por objeto velar por el cumplimiento de las leyes; que a su vez pueden ser entendidas como un conjunto de reglas creadas por una autoridad propiamente investida y competente, con el objetivo de regular las acciones de los miembros de una sociedad, de acuerdo con lo que se ha establecido, en un momento determinado, como aceptable para la convivencia social.

Si bien lo justo de acuerdo con la justicia y lo bueno de acuerdo con la moral y la ética, tienden a ser vistos como sinónimos, no necesariamente lo son.

La justicia vela para que, en nuestro actuar, hagamos lo que tenemos que hacer de acuerdo con las normas que nuestra comunidad se ha dado. La moral en cambio nos ofrece una guía, un ideal, acerca de lo que es considerado un buen actuar, y es libertad de cada individuo asumirlo o no. Si bien, la expectativa es que estos conceptos vayan de la mano, las complejidades que la realidad nos ofrece hacen que no necesariamente sea así.

Hay delitos que por ley prescriben; lo anterior, no libera a quienes los cometieron, de su responsabilidad ética y moral.

Hay abusos y oportunismos en materia económica y financiera, que se escudan para su ocurrencia en vacíos legales; estos resquicios, no liberan a quienes los aprovecharon, de su responsabilidad ética y moral.

Hay situaciones de acoso y violencia sexual, que por las complejas circunstancias en los que ocurrieron, son fáciles de encubrir y resultan difíciles, sino imposibles de probar; Estas dificultades, y la falta de prueba, no liberan a quienes incurrieron en ellos, de su responsabilidad ética y moral.

Hay delitos de lesa humanidad, cuya condena es unánime y sin embargo están amparados por leyes de amnistía; la existencia de estas leyes, no libera a quienes los perpetraron, de su responsabilidad ética y moral.

Por ello es que vuelvo a decirle: No señor presidente. Al requerirle la renuncia al subsecretario Castillo, por sus cuestionables y poco claras actuaciones relacionadas con el asesinato del presidente Frei Montalva, usted no estaría declarándolo culpable; usted, como la más alta autoridad de la nación, estaría reconociendo la importancia de conducir nuestro actuar de acuerdo con los cánones no escritos que nos exigen la moral y la ética, y no solamente de acuerdo con la legalidad vigente.

La ley, y por ende la justicia, nos indican lo que tenemos que hacer, de acuerdo con normas legales socialmente aceptadas. La moral, nos enseña lo que debiéramos hacer, de acuerdo con códigos éticos acerca de lo bueno y lo malo.

El juicio y sanción por acciones en contra de la ley le corresponde a la justicia; la reflexión y reprobación por acciones en contra de la ética y la moral le corresponde a la comunidad. Eludir este deber es una irresponsabilidad.

Su obstinación en este tema, señor presidente, nos lleva nuevamente a preguntarnos, acerca del real compromiso que usted y su gobierno tienen con la ética y la moral, más allá de la observancia de lo meramente legal.

En su actuar respecto de este caso, y en las exigencias que usted impone a quienes son autoridades de su gobierno, encontramos la verdadera respuesta a esta interrogante.

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