«Las democracias modernas mueren principalmente a causa de lideres electos que erosionan las normas democráticas desde adentro, no por golpes de Estado. La polarización extrema, el rechazo a las reglas del juego y la deslegitimación del adversario político, son alertas claves de una tendencia autoritaria».

Steven Lepitskig

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La patria de los patriotas [*]

«Patria» es un concepto que parece tener esa sacralidad intocable de la maternidad, tal vez por una cosa de machismo, se optó por la figura del «pater», en lugar de la «mater», pero así es la cosa y no voy a ahondar en ello. Lo que sí me interesa abordar es el casi olvidado manoseo que hoy reaparece en palabras de la ministra a cargo de hablar por el gobierno, y que lo hace para esgrimir una feble defensa de su jefe, ante los dichos de otro que bien baila, que aspira a reemplazar a ese, y hace declaraciones para la galería fasciopopulachera internacional, reunida por estos días en la «Madre Patria».

El rubio patriota republicano, ejemplo del más típico fenotipo criollo, declaró por allá que -según él- nuestro presidente practica desembozadamente el travestismo político, lo que generó diversas reacciones, algunas de las cuales parecieran relacionarse con la revelación de algún secreto de Estado, a lo Assange. Uno de los problemas no menores para hacerse los ofendidos, radica en que el propio acusado de dar volteretas que -con gran arte- le permiten iniciarlas con una vestimenta y terminarlas con otra, ha usado las mismas imputaciones, aunque para la ministra ambos usos -vaya uno a saber por qué- son absolutamente incomparables.

Otro problema no menor, es que eso de acusar al prójimo de antipatriota era pan de todos los días durante la dictadura: los comunistas eran antipatriotas, los sindicalistas eran antipatriotas, los curas eran antipatriotas y un largo etcétera era antipatriota ¿Por qué? Porque el presidente o dictador y su gobierno eran la patria misma, de modo que cualquier crítica u oposición entrañaban no un reproche a la conducta o manejo de funciones, si no un directo ataque a «la patria». Así es que nuestra ministra comunista (el adjetivo es un hecho, no un reproche), se compró el argumento completito, y ahora, su jefe es la patria. Genial para el cargo.

Tampoco la falacia ad hominem es un gran mérito, aunque la masa pisa el palito y se sale del punto en debate: ¿Que don JAK sea o no patriota, altera en algo los atributos de don Gabriel? Porque ese el punto; la descalificación o no que implique eso del travestismo político, es un asunto que no depende de cómo sea el argumentista, si no, como sean los hechos que pueden afirmar o refutar sus dichos. Para el caso, decir que el viajero hablador es feo o tiene mal aliento, tiene el mismo valor argumental: cero.

Para ir cerrando, me permitiré poner un par de citas que me hacen mucho sentido, y que sostienen mi rechazo a esa cosa de la patria y patrioterismo, no por culpa de la patria en sí, si no por el manoseo grosero y no pocas veces realizado con manos ensangrentadas:

«El nacionalismo es nuestra forma de incesto, es nuestra idolatría, es nuestra locura. El patriotismo es su culto» [Erich Fromm]

«El patriotismo es el último refugio de un canalla» [Samuel Johnson]

«El patriotismo es la menos perspicaz de las pasiones» [J. L. Borges]

«Si alguien invoca el patriotismo, los demás a tocar madera -generalmente de ataúd» [José Batlló]

Y para que no se gasten argumentando, partamos porque soy tonto y feo.

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ACC
20/05/2024

[*] Esta columna fue publicada en El Magallanes (Punta Arenas) el 21.05.2024

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