La soberanía radica en la Ciudadanía y debe expresarse con deberes y derechos, con disciplina y responsabilidad. Sin embargo, también debemos tener una gran cuota de valentía y fortaleza, para defenderla de aquellos que desean apropiarse de ella!

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LA HORA DE FUEGO

Gladys Semillán Villanueva

Embajadora por la Paz de las Naciones Unidas por la Letras UNILETRAS. Ave viajera de Semillas para la Juventud

Desde Castelar, Argentina

Si, allí detrás de las palmeras el sol había encendido su máximo color…era rojo.
Todo lucía ese reflejo hasta mis manos apoyadas en un pequeño puente de madera, viejo, impreciso, atravesando un leve curso de agua de poca importancia pero que daba al lugar su toque de misterio.

Siguiendo un sendero de tierra levemente húmeda la vista del Paraná, allá a lo lejos.
Canturreo de aves acomodando sus nidos pues ya se iba anunciando el final del día.

Que lujo de colores, de impresiones, a medida que bajaba el sol las palmeras se recortaban negras, imponentes, dueñas y señoras de paisaje y sabedoras que habíamos llegado solo para verlas para admirar sus siluetas para adentrarnos en su historia de tiempo y crecimiento.

Era la hora del fuego, ese instante rojo, pleno, deslumbrante que nos transfería emoción y misterio.
Me detuve, escuchando, viendo, palpitando la humedad del río que no muy lejano hacía llegar el rumor de su batido pequeño de olas peregrinas, deambuladoras de orillas arcillosas, de playas solitarias solo concurridas por el bicherío propio de esa increíble y enigmática agua.

También el rojo se reflejaba sobre la superficie acuosa y la visión despertaba fabulosas ideas de aventuras o nos hacía pensar en ese Nilo en momentos de un faraón que no dejaba salir de Egipto a los judíos, cubriendo de sangre la superficie.

Se fue escondiendo el sol y el color se desvanecía sin apremio,
un aroma fuerte de vegetación durmiente me sobresaltó y termine de subir un suave terraplén.
Desde la altura de la ruta divisé una farola que viajaba en una canoa y detrás como acompañando unos camalotales.

De aquel costado mientras el sol ya se retiraba la luna comenzaba a abrirse paso,
acomodaba su sonrisa, alisaba su traje que en esa fracción de segundo el sol al besarla
le había desaliñado.

Se miraba en las aguas, iluminaba de plata todo lo que a su paso encontraba.
Me dio de pleno en la cara, me quede quieta, dejé que me besara, abracé su rayo, la ropa pareció más blanca.
El éxtasis de esa experiencia en mis células viajaba.
Era parte de ese tiempo…de ese momento de vida en que el sol y la luna transcurrían su aventura repetida por siglos y seguirían amándose, esperándose, cada día, con fidelidad, sin importar la brevedad de la caricia.

Confieso que sentí envidia…ese amor sin tiempo ni medida.
Se fue alejando, la esperaban más adelante, debía iluminar a unos pescadores.
y cómo el padre río su destino era transitar.
Regresé al coche, me esperaban por suerte fui comprendida en mi silencio y permanencia pues quien estaba a mi lado era un loco por la fotografía.
Tenía la piel húmeda, sentía un poco de frío pero no me importó…era tanto lo que había vivido.

¿Volver?

Sí…y pedirle a las palmeras que me cuenten sus secretos a orillas de este PADRE DE RÍOS, EL PARANA…ENTRE RIOS…COLÓN…ARGENTINA.

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