
EDITORIAL. El problema comunista.
El Partido Comunista ha adquirido una importancia que supera largamente la realidad que muestran sus cifras electorales. La campaña anticomunista que ha emprendido la totalidad de la prensa conservadora del país, ha servido para acrecentar su imagen y para sembrar el temor en amplios sectores de la ciudadanía.
La sorpresiva y sorprendente victoria de su precandidata en las elecciones primarias de la oposición, dibujó un tablero complicado tanto para sus socios dentro del pacto de la coalición oficialista que ha visto el alejamiento de algunas figuras que se han mostrado renuentes a acompañar a la candidata del sector, como también dentro de la propia colectividad en que ella milita.
El problema surge al constatar que la postulante a la primeraqmagistratura de la nación, debe hacerse cargo de toda una historia, de un pasado que no puede ser ocultado, pero que necesariamente requiere ser superado como conditio sine qua non si se quiere superar los márgenes históricos de apoyo con que cuenta el oficialismo.
En el PC sigue penando su apoyo ciego a la dictadura soviética, y su esfuerzo por justificarla, incluso después que el propio Nikita Jruschov develara y condenara los crímenes y atropellos de lla larga era del estalinismo. Mientras los líderes comunista de la Europa Occidental – en Italia, Francia, España – se hacían cargo de la realidad y evolucionaban hacia nuevas formas democráticas, en Chile, sus partidarios siguieron apegados a un dogmatismo ciego, inaceptable en una sociedad democrática.
El PC chileno enfrenta hoy la imperiosa necesidad de adoptar decisiones fundamentales. Ya no le es posible continuar con su doble estándar de un pie en la calle y un pie en La Moneda. El país necesita definiciones que no pueden ser eludidas. La candidata de los sectores progresistas del país, seguramente pasará a la segunda vuelta en los próximos comicios presidenciales. Ella no es la abanderada de “el partido” sino la cabeza de una amplia coalición de colectividades con un predominio claro de la ideología socialdemócrata, razón por la que le resulta inaceptable estar permanentemente enfrentando el fuego amigo.
En la probable alternativa de que en el balotaje se deba encontrar frente a una postulación de derecha, ambas partes estarán sometidas a la exigencia ciudadana de un claro e incuestionable compromiso con los valores esenciales de una sociedad democrática.







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