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JUSTICIA CLIMÁTICA – BLOCKADIA

Carlos Bonifetti Dietert

Ingeniero C. Mecánico UdeC. Ambientalista.

Las exasperantes explotaciones de carbón, petróleo y gas en el mundo que aumentaban de modo exponencial, sobre todo desde la década de los ’80, están produciendo daños ambientales de gran magnitud e intensidad. El crecimiento de estas actividades -nominadas genéricamente como pertenecientes a una ‘economía extractivista’- ha generado una creciente tendencia mundial por parte de comunidades locales a crear movimientos de defensa ambiental de fuerte oposición a la minería de extracción de esos combustibles fósiles [1].

Los fundamentos de los grupos opositores se relacionan con la defensa de sus territorios, la preservación de sus modos de vida y, también, para disminuir o evitar  la emisión de gases de efecto invernadero que contribuye al ‘calentamiento global’ y, por ende, al ‘cambio climático’ (o  crisis climática).

Se entiende por justicia climática un nuevo movimiento integrado por una amplia variedad de corrientes político-ecológicas y político-económicas para combatir la grave amenaza a la vida en la Tierra que impone el cambio climático. ¿Por qué se habla de justicia?, porque la producción de gases de efecto invernadero y sus consecuencias están muy desbalanceadas y no se reparten de manera equitativa entre los países llamados ricos y los países pobres o del tercer mundo. Esto se viene arrastrando desde hace varias décadas e incluye a varias generaciones a partir de la Revolución Industrial. Las tendencias han crecido a mayor tasa desde la década de los ‘80 del siglo XX.

¿Qué es Blockadia? Blockadia es un concepto incorporado por la periodista ambientalista canadiense Naomi Klein desde su experiencia en las luchas ecologistas [2]. Incluye en el término a aquellas comunidades que luchan contra proyectos extractivos alrededor del mundo y se refiere a cualquier zona de conflicto contra los proyectos extractivos, principalmente de combustibles fósiles. Es una vasta red de campañas opositoras a esas industrias destructoras y contaminantes.

Bajo el paraguas del término Blockadia hay dos características comunes a estas campañas. Por una parte, las acciones van más allá de la protección ambiental, pues ahondan en los aspectos políticos por  la falta de democracia y las relaciones asimétricas de poder en las que el control de los bienes (o recursos) naturales está en manos de élites político-económico-financieras ligadas al capital trasnacional. Por la otra, la gente que protesta en la vanguardia y en las masivas manifestaciones públicas son ciudadanos comunes: estudiantes universitarios, pequeños empresarios y comerciantes, gremios y sindicatos de trabajadores, indígenas, campesinos locales, en fin, personas corrientes que se unen y participan en redes sociales para defenderse de las agresiones y abusos, haciendo campañas de difusión y enseñanza, bloqueando caminos principales y marchando en las ciudades en son de protesta.

El mundo de Blockadia está formado, entonces, por personas de diferentes estratos sociales preocupadas por los daños ambientales en su entorno inmediato. Defienden tenazmente sus territorios y también exponen públicamente el problema universal del cambio climático. Establecen consignas en pancartas y gritos de protesta como las que surgieron hace más de veinte años en Nigeria, en el delta del río Níger: “Dejen el petróleo bajo el suelo  (“Leave the oil in the soil”) y en otros lugares:“Dejen el carbón bajo tierra” (“Leave the coal in the hole”) o “Dejen el gas bajo el pasto” (“Leave the gas under the grass”). La idea básica detrás de los movimientos de Blockadia es dejar los combustibles fósiles bajo la tierra, es decir, dejar de explotarlos. La  idea surgió en 1997, después de décadas de violentos conflictos en el delta del Níger contra la multinacional Shell Oil en los que participaron los pueblos indígenas ogonis e ijaws [3]. También surgió en la Amazonía ecuatoriana tras los desastres generados por la empresa petrolera Texaco, hoy debilitados por el juicio ganado por la compañía petrolera Chevron (protegida por los tratados de libre comercio) durante el Gobierno del ex presidente Rafael Correa [4].

En las reuniones alternativas paralelas a la COP-18 (Kioto 1997), la Red de Observadores del Petróleo (Oilwatch), formada por activistas de varios países del hemisferio sur, propuso “dejar el petróleo bajo tierra” por la relación de esos proyectos extractivos con el cambio climático.Blockadia también incluye a numerosos casos contra el gas y el petróleo obtenidos por el contaminante e ineficiente método de ‘fracturación hidráulica’ (“fracking”) alrededor del mundo [5]. Estos movimientos en particular, destacan en sus protestas lo que se ahorraría el planeta si se dejara el gas metano (o gas natural) bajo tierra.

El movimiento también se instaló en Europa en oposición a explotaciones de carbón lignito a rajo abierto en Alemania (Ende Gelände) y a la exploración de petróleo en las islas Lofoten, en Noruega (2013). En Estados Unidos y Canadá la resistencia contra oleoductos para el transporte del petróleo obtenido por la contaminante explotación a rajo abierto de las ‘arenas bituminosas’ de Dakota y Alberta. En Filipinas, una abuela ecologista y presidenta de la comunitaria Asociación de Ciudadanos Unidos de Lucanin, Gloria Capitan, participó en el ‘Movimiento Bataan Sin Carbón’, de oposición pacífica la expansión de centrales termoeléctricas y al almacenamiento de carbón en una localidad cercana a Manila. Era socia del Movimiento por la Justicia Climática en Filipinas y el 1 de julio de 2016 fue asesinada a balazos frente a sus nietos [6].

En Centroamérica, hubo un exitoso episodio de Blockadia cuando, por primera vez en la historia de Belice, se realizó una consulta popular en 2012 y el 90 % de la población votó contra la exploración y perforación de petróleo en el mar. Esto llevó a la Corte Suprema, en 2013, a declarar nulos y sin efecto todos los contratos anteriores de explotación de petróleo costa afuera ya firmados.

En Bangladesh, hay varios casos de movilización masiva contra los combustibles fósiles. Uno notable es el de las protestas contra el proyecto de minas de carbón a tajo abierto de empresa inglesa Asian Energy, en Phulbari, con más de 50.000 personas movilizadas en las calles el 26 de agosto de 2006. La huelga nacional organizada logró paralizar el país durante cuatro días y finalizó el 31 de agosto, cuando el Gobierno de Bangladesh aceptó firmar un acuerdo que incluía, entre los compromisos, la prohibición de la minería a rajo abierto en el distrito y de las exportaciones de recursos minerales. En la India hay casos similares de defensa contra la explotación de carbón y el despojo de tierras.

Todos los ejemplos de casos de Blockadia se desatan por la oposición a la extracción de combustibles fósiles, pero no siempre se usa el concepto de la justicia climática. En el sur global, las razones son principalmente salvaguardar los territorios y modos de vida. Son ejemplos de glocalidad, un término que señala que las preocupaciones locales -diferentes de las globales- son igualmente importantes para la globalidad del movimiento de justicia climática. Sin embargo, en los últimos años -debido a las crecientes conexiones mundiales entre distintos movimientos y a la ayuda de organizaciones internacionales de justicia ambiental-, la justicia climática está entrando en escena en todo el mundo, como se ha visto en los casos de Bangladesh y Filipinas. Se puede suponer que, con más alianzas, esta relación entre las luchas locales contra la extracción, el transporte y la quema de combustibles fósiles y la justicia climática se hará más fuerte en el futuro. En el norte global, el vínculo entre la oposición a tales proyectos y el cambio climático es mucho más estrecho.

En Chile, los movimientos ambientalistas también lograron impedir grandes proyectos que van en contra de la justicia climática y ambiental, como son los casos de HidroAysén, en Aysén, y  Mina Invierno y Forestal Trillium, en Magallanes.

Cabe destacar, finalmente, que está cobrando cada día mayor relevancia el accionar de la Red Pluri Nacional de Humedales de Chile que agrupa a las organizaciones locales y regionales de defensa de los humedales urbanos y periurbanos. Esta Red combate el otro tipo de extractivismo, cual es el configurado por la extensión inmobiliaria y de infraestructura vial dentro de los humedales que fomenta directamente el avance de la crisis climática [7].

Referencias:

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