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CUENTOS CORTOS: “AVENIDA INGLESA 54”

Series de cuentos cortos, por Yerko Strika.

AVENIDA INGLESA 54.

Afuera caen  hojas que crujen en el cruce de estaciones. Se amontonan bajo la escoba de la mujer que las junta en la calle de piedra, mientras el sol tiñe el río en un festival de colores. Uno con el atardecer, el niño juega en el patio de la casa, fluyendo entre la tierra y agua que amasa  para moldear sus fantasías. Sólo una tenue reja de metal lo separa de los adoquines, cuyos fierros actúan como suave cortina de una inmensa ventana.

A veces pasan transeúntes que le distraen con gestos amables, deteniéndose  para saludarlo y preguntar acera de sus esculturas de barro. Conversan un rato y se van. Son personas jóvenes o viejas, solas o acompañadas, apuradas o pausadas. Las que van de la mano, le llaman particularmente  la atención: se ven felices y sonríen al otro lado de la valla en un andar distinto al de todos los demás.

Cuando hace un rato la luz del día agoniza tras los cerros, suenan llamados desde la casa y se apura en finalizar mil historias que brotan en su mente. Sus manos están sucias de tierra y las lava subido en una caja que calza perfecto con el grifo del agua. Come algo tibio y se dirige al segundo piso por una gran escalera de madera que rechina cómplice de sus pisadas. Ya en su cama, el sueño lo vence profundo en un mundo amplio para descansar.

Cuando despierta, la lluvia golpea su ventana. Como suele ser en esa parte del mundo, entre ríos, bosques, mar y lagunas, el clima condensa humedad de improviso y precipita súbito en medio de la sorpresa general.  Se acerca al cristal y ve como pequeños aluviones,  a escala con su mundo de niño, se llevan la ciudad de barro construida la víspera. Antes de volver a dormir, bajo el farol de la calle,  ve una pareja que se besa entre discretas  gotas que anuncian una pausa del imprevisto. Él,  es tierno con ella y en el abrazo que se dan se adivina cariño profundo. Después de un último beso, se pierden de la mano a la vuelta de la esquina y  retorna a la cama, cuando un nubarrón termina por devolver a la tierra todo lo construido en una tarde de sol.

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