Imperativo ético: la ciudadanía y los demócratas consecuentes, deben impedir la presencia de fuerzas Neo Fascistas en Chile.
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Editorial: Más y más y más de lo mismo.

Los partidos,  y  las coaliciones que pretenden agruparlos, son como esos muñecos porfiados conque juegan los niños en plazas y bazares de Chile.

No hace mucho tiempo que concluyó el engorroso proceso legislativo destinado a limpiar y a sanear la actividad política y, sin embargo, sus dirigentes emplean todos sus esfuerzos para buscar artimañas y triquiñuelas destinadas a preservar sus parcelas partidarias y personales de poder, a espaldas de la voluntad ciudadana. Para decirlo en pocas palabras, pareciera que a las burocracias que manejan las colectividades solo les interesara mostrar la apariencia de que realmente quieren saber  lo que piensa la comunidad pero sin que ello vaya a afectar las redes que con tanto esfuerzo han construido.

La ley consagró el sistema de primarias para que, en el marco de las lógicas alianzas políticas, los ciudadanos tuvieran poder de decisión sobre la nominación de los candidatos. Además, dispuso financiamiento público para esta actividad. Los partidos, mostrando su absoluta incapacidad para lograr acuerdos, las sustituyeron en numerosos casos por encuestas de cuestionable legitimidad y que, por su naturaleza misma, no  están destinadas a estos fines.

Si se analiza el proceso previo a las próximas elecciones municipales, resulta sorprendente la cantidad de maniobras destinadas a ignorar el querer de la comunidad. Candidaturas seudo independientes destinadas a correr por fuera de la actividad política regular, criterios tan escandalosamente anticiudadanos como el de “quien tiene, mantiene”, constituyen reflejos de este menosprecio.

A pocas horas del cierre del plazo para inscribir las postulaciones, Ñuñoa, Santiago, Talcahuano,  son muestras palpables de esta actitud. Un alcalde cuestionado por sus vínculos inmobiliarios, renuncia a su cargo “por razones de salud”, para, ahora, mejorarse sorpresivamente y postularse contra el titular de la alcaldía de su misma coalición. Un candidato-no candidato que maniobra para imponer un aliado de su confianza y que, tras la derrota de éste en las encuestas, declara  que no tiene nada que ver. Un alcalde que decide no postular a su reelección pues aspira a ser parlamentario o intendente, deja en herencia su cargo a su hijo como si la alcaldía fuese parte de su patrimonio personal. Una vez derrotado éste en las encuestas por el desafiante, el ex alcalde estudia repostularse a última hora acogiéndose al mentado derecho de que “el que tiene, mantiene”.

Y los ciudadanos ¿Qué?

Existe un alto riesgo relativo a una bajísima participación electoral en los comicios venideros. Las  dirigencias de siempre procurarán entregar toda clase de alambicadas explicaciones al respecto. Por supuesto, nadie asumirá responsabilidad alguna. Lo único claro, es que el ciudadano real ha quedado botado en el camino.

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