
La distopia como clave de lectura socio política
Distopia, como concepto, resulta quizá la mejor llave para abrir la puerta a la comprensión de lo que estamos viviendo como humanidad, pues es de aquellos conceptos capaz de retratar de manera descarnada una situación política en donde la figura del poder tiene en sus manos el orden social y, también, aunque nos resulte paradójico, también el desorden en cuanto gestionado para un propósito de control posterior. De hecho, la obra distópica como texto de crítica (Nosotros, 1984, El Mundo Feliz entre otros textos literarios), retrata descriptivamente una realidad social en donde la norma que refiere al respeto del derecho, vale decir, al pacto social, es quebrada por alguien de manera consciente a fin de satisfacer su modo de entender la realidad como lugar de experimentación para la instalación de un modelo de orden social con características dictatoriales. El asunto que este orden es una propuesta de régimen político en donde, por ejemplo, los derechos humanos resultan ser eventualmente un incordio que impide el desarrollo de una forma de régimen que vendría a superar –supuestamente– los males del mundo. Siendo esa perspectiva bastante mesiánica, la narración distópica como ejercicio de crítica política se encarga de desnudarla en su fondo y su forma.
En síntesis: la narrativa distópica se propone mostrar descarnadamente un retrato de aquello que no se desea aceptar por ser un ataque a la dignidad, pero que puede terminar por imponerse usando tanto de la complicidad de quien no desea saber los efectos de una política que atosiga los espacios públicos primero, y luego los espacios privados, como de quienes, sabiendo, actúan a favor por interés puesto en su deseo de mayor control para mantener o recuperar influencia. Lo cierto que viene bien saber que la narrativa distópica es sobre una realidad ni deseable ni aceptable, pero que se acaba por aceptar como una realidad normalizada. Si sucede tal como está ocurriendo en este tiempo (Genocidio en Gaza, persecución al inmigrante en USA, etc., regímenes quebrados pero que se mantienen a pesar de generar conflictos mayores como el exilio de millones de sus habitantes, etc.), significa entonces que el poder supero sus propios límites de ejercicio y, por tanto, persona o población que actúa a contracorriente del poder ejercido sufre el efecto del atropello y, en ello, la negación fáctica de derechos fundamentales primero y, luego, una construcción e imposición de unas normas de derechos institucionalizadas. Ocurrido lo último, el camino de retorno es durísimo, puesto que las barreras ya serán jurídicas y, aquel Estado que así se comporta, tiene todas las herramientas para su permanencia en el tiempo., incluso el reconocimiento de otros Estados más allá de estar en las antípodas ideológicas, lo cual se justifica por razones fácticas como es el comercio. Pero… ¿a costa de qué y quiénes?
¿Cómo se puede llegar a vivir el quiebre de la convivencia para concluir en la sumatoria de sueños deshechos por imposición de fuerza? Una respuesta es por la publicidad que amaña datos y con ello lograr cambiar la percepción de realidad histórica. Así, lo que probadamente era evidente por lo nítido se torna oscuro por control de los medios, como por acciones directas amplificadas por medios afines y no afines. Al respecto, no es malo sincerar que la fuerza narrativa tiene por propósito lograr el control de medios para favorecer un discurso y a sujetos que se sienten dueños del escenario. Para esto se ponen en juego variables de uso diario, por ejemplo, redes sociales, que contaminan la realidad socio-cultural con falsedades conscientes y, también, por errores producto de la liquidad presente. Esto último, a veces, se toma como excusa para no cuestionar la realidad, una que se impone a fuerza de hechos que ensucian las relaciones de solidaridad. Y con ello, puede suceder lo peor para la mayoría: terminar por aceptar lo que no se desea: el reino del más fuerte como modelo legítimo del ejercicio del poder.
FUENTE DE IMAGEN: https://definicion.de/distopia/


![La ventana de Overton y la crisis climática [*]](https://laventanaciudadana.cl/wp-content/uploads/2025/07/baque-150x150.jpg)




Así es, coincido con lo comentado por Pedro Orellana. Es lamentable lo que estamos viviendo (y sufriendo), el poder de las mala prensa tergiversadora y deformadora de hechos noticiosos en aras de llevar aguas a los molinos de los dueños de Chile y del poder hegemónico mundial. Poco o nada ayudan los ministerios e instituciones del Estado a cambiar las cosas dejando hacer sumando a ello el abandono en que está de la educación.
Muy interesante reflexión sobre lo que nos puede suceder, o esta pasando. Tal vez lo que siempre hemos vivido, solo que hoy tenemos acceso al suceso en el instante mismo de la acción. Y por lo tanto sumergidos en una realidad que nos cuestiona la existencia con mas fuerza que nunca.
Es una gran oportunidad de vivir lo que cuando jóvenes solo lo podíamos leer en las novelas de anticipación. Y hoy , somos parte de esa narración , actores de una gran novela , y podemos elegir con más datos QUE AN TES donde queremos participar.
Gracias Rodrigo por abrir esta puerta.