“Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.” Salvador Allende, 11 de septiembre de 1973.

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¿Creemos en la ciencia hecha en Chile?

Sofía Valenzuela Aguila

Doctora en Bio-química. Investigadora Centro de Biotecnología. Universidad de Concepción.

Hace dos décadas, el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad realizó un análisis de sectores específicos de la economía chilena y elaboró una serie de recomendaciones para acelerar su crecimiento, a través del “Estudios de Competitividad en Clusters de la Economía Chilena”, llevado a cabo por el Boston Consulting Group. Lo primero que llamó la atención, fue que esta consultoría fuese encargada a una entidad extranjera, que podría no conocer la realidad nacional. El año 2009, CORFO realizó un llamado a concurso para atraer a Centros de Excelencia (CEI) extranjeros, poniendo a disposición un financiamiento muy superior que cualquier concurso para entidades nacionales. El año pasado, a través de CORFO-SQM, se adjudicó el Instituto de Tecnologías Limpias (ITL) a un consorcio de universidades de Estados Unidos, dejando de lado a universidades y entidades regionales del norte del país con basta experiencia en el área. Si bien, podemos pensar que asociados con entidades internacionales podemos avanzar más rápido y aprender de su experiencia, la realidad dice otra cosa. Hoy vemos que, de los clusters identificados, pocos se han desarrollado; de los 13 centros de excelencia financiados, varios se han retirado del país (incluso antes de lo programado) y de los que quedan, están en busca de financiamiento estatal para sobrevivir, e incluso han anunciado que se irán del país. Del ITL, poco sabemos en qué etapa van. Si bien estos centros han contratado y capacitado a investigadores/as de Chile, ¿por qué no se podría haber dado estos recursos para generar nuevos centros de I+D nacionales? Si CEI se deben retirar del país, ya que no han sido capaces de autofinanciarse, no es acaso una señal que nuestra cultura de I+D+i por parte del Estado, privados y redes colaboración, no es la adecuada? A nivel de financiamiento para iniciativas nacionales como Centros Regionales, Centros Basales o Institutos Milenios, iniciativas a 10 años plazo, con un alto financiamiento, la realidad no es muy distinta. Estas iniciativas son evaluadas por investigadores/as del extranjero, quienes no conocen la realidad de Chile, quizás las capacidades de Santiago, pero claramente no las de regiones. Esto explica que la mayoría de los centros financiados a la fecha sean liderados por universidades en la capital (y por hombres). Nuevamente, vemos que al cumplirse el plazo varios de ellos dejan de existir, perdiéndose las capacidades generadas y dejando a profesionales altamente capacitados en busca de nuevos horizontes. Situación que está ocurriendo actualmente con centros FONDAP, que en reuniones con autoridades no han encontrado respuesta para resolver qué se hará con 10 años de capacidades impulsadas por el Estado. Si a esto sumamos que históricamente no hemos logrado que se revierta la baja inversión en I+D por parte del Estado, a pesar del aumento de investigadores/as jóvenes en el país, estamos en una situación crítica, los escasos recursos quedan a la deriva sin una política clara ni claridad sobre la priorización de áreas estratégicas para el país. ¿Qué hacer? Debemos apostar a que: i) el sector privado invierta en capital de riesgo en I+D nacional; ii) las regiones tengan un rol protagónico en CyT y; iii) los tomadores de decisión apunten a fortalecer las capacidades nacionales. No puedo dejar de mencionar que se generen cuotas para que las investigadoras puedan dirigir estos centros. Hoy tenemos un Ministerio de CTCI, el que debiese tener como misión identificar líneas de desarrollo país en conjunto con los gobiernos regionales e investigadores/as de cada una de las regiones, mirando a las comunidades locales. También, tenemos la oportunidad única de plasmar el rol transversal de la ciencia en los distintos ámbitos de nuestro quehacer nacional en la nueva constitución. Confiemos en nuestras capacidades, construyamos una ciencia nacional que realmente responda a las necesidades y desafíos locales.

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